Tremé se ha ganado un lugar en la memoria gustativa de Bogotá. Su cocina cajún y creole no solo seduce por la intensidad de sus sabores, sino porque carga con la historia de un barrio de Nueva Orleans donde las primeras comunidades afroamericanas libres dejaron huella y donde el jazz, todavía joven, aprendió a respirar. Vea también: Un recorrido por la Ruta de la música en Estados Unidos. De Chicago a Nueva Orleans Ese sentido de pertenencia se nota desde que se cruza la puerta. Bajo el sello del Mile High Group, de David Simpson y Felipe Giraldo, el lugar ofrece una experiencia hilada con cuidado. Se trata de un servicio con hospitalidad genuina, donde cada plato llega con mucho amor a la mesa del comensal, al que lo hacen sentir como un viejo conocido de la casa. Y es que los números hablan solos.

Entre 4.500 y 5.500 personas al mes se sientan a sus mesas , una cifra que en el panorama actual es sinónimo de constancia y de un vínculo bien construido con el cliente. La presencia digital es igual de fuerte y convierte al restaurante en un objetivo para visitantes de la ciudad y para quienes, desde otros países, ya planean incluirlo en su itinerario. Tremé, una cocina de sabores consolidados Felipe Giraldo ha empujado la carta hacia nuevos territorios sin abandonar la raíz. Conserva la cadencia de Luisiana y la mezcla con la riqueza de la despensa colombiana. El resultado son combinaciones que amplían el mapa del gusto sin perder la esencia. Ahí están las costillas de res braseadas al estilo de Luisiana, diez horas de cocción lenta en vino tinto y holy trinity, sobre polenta cremosa con grana padano y tomates ahumados.

O el risotto de calabaza asada en mantequilla de ajo, coronado con camarones ahumados encostrados en cajún y crumble de tocino. Platos generosos que elevan cualquier cena a la categoría de lujo. En grupo, la experiencia se multiplica. Un pulpo grillado con portobellos, papas criollas y salsa de pimientos ahumados abre el camino. El atún fresco encostrado con miel de cajún, sésamo y salsa de aguacate al olivo pone el contrapunto. Y los brócolis fritos con salsa creole y queso pecorino rompen cualquier prejuicio contra los vegetales. Y es que esta cocina ya prepara maletas, pero no para mudarse, sino para replicar el modelo en Estados Unidos. Falta decidir si será Miami, Austin, Nueva York o Denver, pero todo indica que Tremé jugará pronto en las grandes ligas gastronómicas del país del que toma su inspiración. Las bebidas de Tremé La coctelería responde a un concepto narrativo. Se inspira en Nueva Orleans del siglo XIX. Encuentre cocteles frescos y luminosos, además de mezclas densas y complejas, como las calles en plena fiesta.

Es el lugar para un Boulevardier o un Negroni bien armado, o para la sobriedad elegante de un Old Fashioned. Entre las creaciones propias destaca el Hibiscus Sour con licor de lychees, ginebra y flor de hibiscus. También el French Quarter, un digestivo de whisky Glenlivet, destilado de pera, crema de cacao y chocolate blanco. Un lugar para pasarla bien En Tremé la comida funciona como punto de encuentro. Aquí convergen cocina, arte, música y comunidad. La nueva carta refuerza esa identidad con un enfoque contemporáneo que no teme experimentar. La inspiración Creole, con su cruce de influencias, se expresa en sabores profundos, ingredientes responsables y técnicas actuales. Cada visita se vuelve una celebración. El grupo ha entendido la hospitalidad como un vehículo de creación y vínculo real .



