Revista Diners
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Samuel Bernal arrancó en febrero pasado su primer semestre de ingeniería de sistemas en la Universidad de Cundinamarca. A sus dieciocho años, no ha ido a una sola fiesta de quince años y ni siquiera tuvo prom en el colegio. En el ambiente universitario, a Samuel tampoco le interesa mucho la rumba. Mónica, su mamá, confiesa que se siente un poco culpable por la renuencia de su hijo a socializar, pues piensa que los cuatro años que estuvo en un colegio virtual influyeron de manera radical en su personalidad.
Cuando llegó la pandemia, la familia de Samuel entró en una crisis económica. Fue así como Mónica empezó a mirar opciones más asequibles para su presupuesto. “En ese momento, estábamos endeudados y pagábamos un colegio bilingüe que nos exigía un enorme esfuerzo económico. Una tarde hablé con un amigo que vivía en España y me dio excelentes referencias de una plataforma en Inglaterra. Ellos viajaban mucho y la educación virtual se había convertido en una buena opción”, cuenta ella.
Sin pensarlo mucho, se comunicaron con los representantes de la plataforma inglesa, quienes respondieron que sí tenían cupo. Además, le dijeron que el costo por mes era de cien euros, que no cobraban matrícula, que a partir del tercer año académico el modelo de aprendizaje era semiautónomo y que no tenían profesores, sino tutores. Este detalle pasó casi inadvertido, pues vieron como una gran oportunidad la promesa de educación internacional, el bajo costo y el estudio desde casa.
Mónica, su esposo y Samuel iniciaron un viaje de educación 100 % virtual que duraría cuatro años y terminaría de manera inesperada cuando los responsables de la misma plataforma le comunicaron que no era viable para su hijo continuar sus estudios.
“Desde el principio, Samuel tuvo dificultades para cumplir con los objetivos y los cronogramas de las asignaturas. Siempre le dieron la oportunidad de recuperar, pero terminando décimo nos dijeron que no podía continuar con ese modelo educativo”, cuenta Mónica.
Entonces comenzó un verdadero calvario, ya que si bien en la plataforma le habían asegurado que tenían convenios con colegios de la capital del país para convalidar los cursos que ofrecían, a la hora del té no concretaron su promesa y Mónica se vio a gatas para conseguirle cupo a su hijo.
“Fue un caos total. Di muchas vueltas buscando la certificación, fui a varios colegios pero no me aceptaban los documentos que enviaban desde Inglaterra, hasta que un día vi que acababan de inaugurar un colegio cristiano al frente de mi casa; entonces pasé a preguntar y aceptaron recibir a Samuel para el grado once. Allí se graduó de bachiller, presentó sus pruebas Saber y ahora está empezando su carrera”.

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Lo bueno, lo malo y lo feo
La pandemia también fue el detonante que llevó a Martha Carrillo a buscar una opción virtual para sus dos hijos. “Los niños estaban en un colegio bilingüe, y cuando nos encerraron por el covid-19 quedó en evidencia que no estaban preparados para brindar educación virtual”, manifiesta Carrillo.
Ella se topó con una plataforma de aprendizaje y se sorprendió de lo bien estructurado que estaba el pénsum. Sin evaluar en profundidad las consecuencias de su decisión, retiró a los niños del colegio y los inscribió en la plataforma.
Su hija Cristina estaba en tercero de primaria en ese momento y su hijo Juan Andrés acababa de iniciar séptimo. Durante un año completo, Carrillo vio de primera mano los grandes avances que hicieron en geografía, historia, matemáticas y lenguas. “Los profesores que tenían eran buenísimos, gente de los mejores colegios de Bogotá era la encargada de dictar los cursos”, señala.
Cuando los colegios tradicionales regresaron a la normalidad, Carrillo volvió a buscar cupo en el colegio de siempre. “La verdad es que el homeschooling exige mucho sacrificio por parte de los papás, porque hay que estar pendiente de que estudien lo que está programado y hagan los trabajos. Además, me dio miedo de que se perdieran la oportunidad de socializar en esas edades tan complejas”, explica.
Sin embargo, Martha se llevó una desagradable sorpresa cuando se reunió con la encargada de admisiones en el colegio. “Me dijeron que tenía que buscar una certificación en el Ministerio de Educación que acreditara ese año de educación virtual. Estuve semanas llamando al ministerio y haciendo vueltas para conseguir la certificación, pero todo fue en vano. El lío estaba en que el colegio nunca había retirado a los niños de sus bases de datos de la Secretaría de Educación de Bogotá y, por lo tanto, la plataforma no podía acreditar su proceso académico”, explica.
Curiosamente, la encargada de admisiones del colegio bilingüe también matriculó a su hija en una plataforma mexicana durante el año de la pandemia. Ese punto facilitó que el colegio le diera la opción de que sus dos hijos presentaran exámenes de validación, los cuales aprobaron, por lo que finalmente los promovieron a los respectivos cursos.
No es lo mismo ni es igual
Mateo González tiene 35 años y, como la mayoría de los millennials, estudió en un colegio tradicional, a pesar de que su papá fue pionero de la educación virtual en el país al fundar el Colegio Virtual Siglo XXI.
“Sí, suena curioso que yo hubiera ido a un colegio presencial. Pero la que insistió fue mi mamá, porque no veía que mi proyecto de vida requiriera condiciones especiales de estudio”, explica quien hoy es el director ejecutivo del plantel. González hace referencia a los chicos que tienen habilidades particulares para los deportes, el arte o la música, y requieren horarios flexibles para cumplir con esas expectativas.
Entre las figuras reconocidas que han pasado por su plataforma académica virtual e híbrida figuran Juanse Laverde, cantante colombiano ganador de La Voz Kids en 2018. También estuvo matriculada la cantante Greeicy Rendón, junto con deportistas, en disciplinas como el patinaje, la equitación y el fútbol.
No obstante, González advierte que muchas familias se equivocan cuando buscan una opción de educación virtual para sus hijos. “Para empezar, es importante aclarar que un colegio virtual es diferente de una plataforma educativa. El colegio virtual es una institución legalmente constituida ante una Cámara de Comercio del país, cumple con los requisitos del Decreto 1075 del 2015, y cuenta con la debida aprobación de la Secretaría de Educación municipal o departamental”, explica el directivo.
Adicionalmente, este tipo de planteles deben acreditar que cuentan con el sistema de gestión de seguridad y salud en el trabajo, entre otros requisitos, para poder operar. “No solo eso, sino que como colegio aprobado tengo que garantizar que mi personal está compuesto por profesionales en educación, es decir, licenciados en cada una de las asignaturas reglamentarias”, señala.
De acuerdo con el directivo, una plataforma online puede contar con recursos pedagógicos que incluyen las asignaturas exigidas por el Ministerio de Educación Nacional (MEN), pero no tiene la facultad para certificar legalmente la aprobación de un curso por parte de un alumno. “Lo que hacen es expedir un certificado de horas de participación, pero ese certificado no es válido ante una institución educativa porque no tiene la aprobación del ministerio ni de la Secretaría de Educación respectiva”, aclara González.
Esta fue la razón primordial por la que tanto Mónica como Martha enfrentaron dificultades para que les certificaran las competencias académicas de sus hijos, puesto que las plataformas utilizadas en el proceso pedagógico no tenían el aval de las autoridades locales o nacionales.
Según el directivo, el modelo de homeschooling está regulado en otros países, pero en Colombia no se han definido normas claras al respecto. “A nosotros nos han llegado alumnos con certificados no válidos, por lo que tenemos que hacerles pruebas de conocimientos para validar que cumplen con los requisitos mínimos para pasar a un curso determinado”, manifiesta.
Si bien la educación virtual en el país no está prohibida, tampoco está reglamentada, lo cual genera un enorme vacío regulatorio que les ha abierto las puertas a cientos de opciones internacionales de educación virtual para los grados de primaria y secundaria.
Mateo González también reconoce que sí existen necesidades especiales por la falta de socialización en el modelo 100 % virtual, y por eso tienen la opción de semipresencialidad en la sede física del colegio en Bogotá. “Allí hacemos encuentros periódicos con los chicos que están en el modelo virtual y con los muchachos que están en el semipresencial”, explica.

Todo por su pasión
María del Pilar Ordóñez es la fan número uno de su hija Sara, una equitadora de dieciocho años que practica salto ecuestre a un nivel competitivo y se perfila como una estrella en este deporte. En esa medida, la ejecutiva no dudó un segundo en buscar la opción de educación virtual para darle a su hija la flexibilidad que necesita.
“Ella es una working student, pues participa en torneos y entrena todos los días. Sara estuvo en un colegio presencial hasta octavo, pero no fue posible acomodar los horarios para que pudiera practicar su deporte, así que buscamos un colegio virtual en Estados Unidos. Ella necesita un modelo de educación que no sea presencial ni grupal”, asegura Ordóñez.
La plataforma, que se llama International Schooling, tiene presencia en más de quince países en cinco continentes. Su fuerte está en brindar formación académica flexible a deportistas, artistas y, en particular, a equitadores de Latinoamérica.
Generalmente, Sara sale a entrenar todos los días a las cinco de la mañana y está de regreso a las tres de la tarde; sin embargo, cuando se aproxima una competencia, se puede quedar hasta bien entrada la noche, practicando con su caballo y los de su entrenador. Con ese nivel de exigencia, su mamá la matriculó en décimo grado en un colegio virtual del país, pero no fue una buena experiencia. “Vimos que todo era muy experimental y que estaba muy orientado a chicos que practican fútbol, tenis o golf, así que no logramos adaptarnos”, dice.
Ante las advertencias de González sobre la falta de acreditación de esta clase de plataformas educativas en el país, consulté en su página web y encontré que “International Schooling está acreditada por Cognia, anteriormente conocida como AdvancED (NWAC, NCA, SACS y CASI), la organización de acreditación escolar más grande y respetada basada en EE. UU.”. Así que no se trata de un colegio virtual formalmente registrado en Colombia. Para María del Pilar Ordóñez ese no es un problema, puesto que Sara no ha decidido si estudiará en Colombia o en otro país.
Con respecto a las necesidades de socialización, Ordóñez no tiene dudas de que es necesario que los padres intenten matricular a sus hijos más pequeños en colegios que ofrezcan educación tradicional, con el fin de propiciar su integración con otros chicos y el desarrollo de habilidades de comunicación y de valores. “A la edad de mi hija ese no es un tema crítico, ya que tiene su propio círculo de socialización en su entorno deportivo”, puntualiza.
Más allá de los dilemas particulares de este modelo educativo, aparece otro factor que amenaza a todos los colegios: la baja natalidad y el envejecimiento poblacional. González reconoce que el problema para el sector es la supervivencia. “Hasta hace dos años, las matrículas en primaria y secundaria siempre crecían, pero ahora enfrentamos grandes desafíos, especialmente en los primeros años escolares. No hay duda de que tenemos que buscar opciones para sostenernos ante esta realidad que nos afecta a todos”, asegura.
Tome nota
No es lo mismo un colegio virtual que una plataforma educativa, así que tenga eso claro cuando vea ofertas de plataformas internacionales que no cuentan con el reconocimiento del Ministerio de Educación Nacional (MEN). Desconfíe si le ofrecen convalidar materias en planteles en el país y constate si el plantel cuenta con los certificados del MEN y de las secretarías de Educación.
Los costos de un colegio virtual son mucho menores que los de un plantel presencial. Por lo general, manejan tarifas diferenciadas por estratos socioeconómicos, con pensiones que van desde 105.000 hasta 480.000 pesos para los estratos 5 y 6.
Una plataforma educativa internacional puede tener costos que oscilan entre los 100 y los 300 dólares mensuales.
La educación virtual para primaria y secundaria exige mucha dedicación por parte de los padres, ya que se requiere un monitoreo continuo para que los alumnos desarrollen buenos hábitos de estudio y cumplan con los cronogramas propuestos.
La socialización es un desafío para quienes estudian en la modalidad virtual, lo que motiva a muchos padres a inscribir a sus hijos en cursos de arte, música o deportes para promover su interacción.Los colegios virtuales pueden ser una buena opción para los niños y jóvenes de regiones remotas, con problemas de acceso a educación de calidad.


