Cheaf aterrizó en Colombia con un sueño recurrente de muchos de nosotros: encontrar promociones de comida que sabemos que al final las grandes cadenas de restaurantes van a tirar porque deben seguir unos controles de frescura y calidad. La invitación de esta aplicación consiste en dejar de tirar alimentos en perfecto estado y convertir ese gesto cotidiano en un acto de rescate que tiene impacto ambiental, económico y cultural.
La idea nació en México en 2020 para que salvar comida sea fácil y accesible para todos. Empezó en un grupo de WhatsApp con personas que querían cambiar la forma en la que consumimos alimentos y, desde allí, pasó a los primeros rescates desde la aplicación en Ciudad de México. El crecimiento fue tan rápido que en 2023 cruzó fronteras y llegó a Chile, donde se convirtió en la aplicación más descargada del país. En 2025 aterrizó en Argentina y ahora abre un nuevo capítulo en Colombia con la misma misión declarada: no parar hasta que ningún alimento se desperdicie.
Explorar, seleccionar, recoger
El funcionamiento de la aplicación se sostiene en tres pasos que cualquier usuario puede seguir desde su celular. Explorar y revisar qué tiendas tienen paquetes disponibles para rescatar cerca de su ubicación.
Luego debe seleccionar y reservar los paquetes que quieres rescatar. Finalmente usted tiene que ir para recoger y validar el paquete en la tienda y disfrutar. Detrás de esa secuencia simple, se encuentra un modelo que conecta a consumidores con supermercados, panaderías, restaurantes y comercios que tienen excedentes de comida en perfecto estado que no lograron vender por sus canales habituales.
Los paquetes se conocen como bolsas sorpresa porque su contenido depende de lo que el comercio tenga disponible ese día. El usuario paga un precio reducido por alimentos que de otra forma terminarían en la basura. El comercio recupera parte de su inversión. La comida encuentra un destino mejor que el vertedero. La ecuación se repite miles de veces todos los días.
Un problema que ya estaba sobre la mesa
La llegada de Cheaf ocurre en un contexto donde el desperdicio de alimentos tiene cifras que resultan difíciles de ignorar. De acuerdo con datos de la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia, cada año se pierden alrededor de 9,7 millones de toneladas de comida en el país. Esa pérdida no se traduce únicamente en platos vacíos en muchas mesas. Representa un uso innecesario de agua, tierra y energía en un momento donde la conversación sobre sostenibilidad se volvió urgente.
El informe de Project Drawdown, organización sin ánimo de lucro que analiza el impacto de los gases de efecto invernadero, ubica la reducción del desperdicio de alimentos como la solución más eficaz para combatir el cambio climático. A nivel mundial se calcula que 1 de cada 3 alimentos que se producen se pierde o se desperdicia. Esa dinámica genera el 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Además implica el desperdicio del 20% del agua dulce utilizada en la producción de alimentos, cerca de 40.000 millones de metros cúbicos al año. El 28% de las tierras de cultivo del mundo se usa para producir comida que nunca se come, unas 1.400 hectáreas destinadas a una cosecha que no llega al plato.
Cifras que muestran el alcance
En Latinoamérica, Cheaf ha rescatado más de 9.400 toneladas de comida y ha evitado la emisión de 23 millones de kilogramos de dióxido de carbono. La aplicación supera los 6 millones de descargas y trabaja con más de 2.500 comercios afiliados. Estas cifras acompañan su narrativa de impacto y permiten dimensionar el alcance de un modelo que empezó como una conversación informal y terminó convertido en un movimiento anti desperdicio.
En Colombia, la operación empieza de la mano de una alianza con Cencosud, grupo que opera las tiendas Jumbo y Metro. También se anunció la vinculación de aliados como Onza, Sosas Bakery, La Cesta, Madamia Pastelería, Ventura Alfajores y Le Grand restaurante. El objetivo de la compañía consiste en alcanzar cobertura en ciudades como Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena, Bucaramanga y Santa Marta durante su primer año.
Un cambio de hábito que toma forma
Una encuesta promovida por la plataforma en el país reveló que el 63% de las personas desconoce el impacto real del desperdicio de alimentos. El 86% considera que hace falta más educación sobre el tema y el 51% cree que debería existir una legislación que impulse la donación o el rescate de alimentos en buen estado. Estos datos muestran un escenario donde la tecnología encuentra terreno para proponer nuevas prácticas de consumo.
Cada paquete salvado a través de la aplicación reduce emisiones de gases de efecto invernadero, ahorra agua y preserva tierra cultivable al evitar la producción innecesaria de más comida. También evita que los alimentos terminen en vertederos o incineradoras que generan emisiones adicionales. Mientras más personas participan y más comercios se suman, mayor es el impacto acumulado.
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