Revista Diners
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En el imaginario festivo mexicano, la muerte no se conmemora desde el duelo o la ausencia definitiva, sino desde la posibilidad de un reencuentro. Dice la tradición prehispánica y virreinal que el color naranja encendido y el aroma penetrante del cempasúchil trazan un sendero visible en la penumbra para que las ánimas encuentren el camino de regreso a casa. Alrededor de este símbolo vegetal y de la premisa de honrar a quienes ya partieron, la agenda cultural de finales de octubre en Colombia acoge una propuesta que traslada los códigos del Día de Muertos al espacio urbano y a las barras gastronómicas del país.
Bajo la iniciativa El Puente Eterno, impulsada por la casa tequilera Don Julio, la Zona T de Bogotá albergará entre el 28 de octubre y el 1 de noviembre una intervención cultural abierta y gratuita. El espacio recrea la arquitectura visual de las ofrendas tradicionales: arcos florales de cempasúchil, veladoras y altares donde los asistentes pueden rendir homenaje a la memoria de sus seres queridos. La instalación incluye además un componente sonoro interactivo que permite dedicar piezas musicales a quienes ya no están, reivindicando la música como lenguaje de celebración y recuerdo.

Esta mirada a los elementos identitarios de México forma parte de una exploración conceptual que en años anteriores ha revisitado otros pilares de la festividad, como las ofrendas monumentales o el pan de muerto. En esta ocasión, el foco se concentra en la flor como umbral y vehículo de afecto.
Mixología que dialoga con la tradición
De manera paralela a la experiencia instalada en la capital, la celebración extiende su conversación hacia el terreno de la coctelería con un circuito que se desarrolla del 15 al 31 de octubre en 25 barras seleccionadas de Bogotá, Medellín y Cartagena.
La propuesta de los bartenders convocados se aleja de las fórmulas estándar para construir recetas que integran el perfil del destilado de agave con insumos tropicales, perfiles herbales, toques especiados y evocaciones directas a la gastronomía ceremonial mexicana, como el uso de notas inspiradas en el pan de muerto.
En Bogotá, el recorrido incluye paradas en barras y restaurantes con propuestas de autor como Oda, Selma, Río, Bottega Enemigo, Universal (Salón Tropical), Petit Comité, Tercer Piso (Smile), Cabrera, Jardín Nocturno, Jardín de Tragos y Pasteles, Le Grand, Rancho MX y Sala de Despecho.

En Medellín, el circuito involucra espacios representativos de la escena gastronómica local como Carmen, Ene, Mala (Sinmente), WAN (Grupo Belisario), Chez Migu, Salvaje y Casa de Nadie. Por su parte, en Cartagena la propuesta se puede recorrer en barras emblemáticas del centro y Getsemaní como Barón, Discos y Mariscos, Barra 7 (Grupo La Movida), Pasquín y Mirador.
La iniciativa plantea así un puente geográfico y cultural: una oportunidad para aproximarse a una de las expresiones patrimoniales más complejas de América Latina a través del diseño de altares en la calle y la creatividad en las copas.


