Hasta ahora se han identificado de 100 a 200 neurotransmisores que en total podría tener el cerebro. Esas células nerviosas mensajeras tienen potencial para influir la voluntad y la conducta a niveles tales como el aumento o pérdida de peso, dejar de fumar o controlar enfermedades neurológicas. A medida que los científicos localizan más neurotransmisores que están relaciona-dos con enfermedades cerebrales específicas, se hace posible la creación de drogas y tratamientos precisos y específicos.
El primero y más importante resultado que dio origen a toda la investigación tecnológica de los neurotransmisores fue el descubrimiento logrado en Escocia hacia «1975, de una sustancia química clave en el cerebro, llamada «enkephalins», que ha sido el modelo para la producción de una nueva generación de drogas contra el dolor. Bloquea la sensación de dolor en sitios específicos entre las células nerviosas. La ventaja de las drogas fabricadas después del descubrimiento de la enkdohalins sobre otras tradicionales como la morfina, es que van dirigidas a cada tipo específico de dolor y no producen adicción.
Explosión de nuevos resultados
Otro grupo de investigadores trabaja sobre un neurotransmisor llamado «dopamine» para la elaboración de drogas que controlen mejor ciertas manifestaciones de esquizofrenia. Actualmente las drogas usadas para ayudar a los enfermos de esquizofrenia causan efectos adicionales tales como movimientos compulsivos. Los investigadores creen que el dopamine actúa de manera diferente en la parte emocional del cerebro que en la parte motora. El esfuerzo científico se dirige a desarrollar una droga que influya sólo en la parte emocional, sin que cause efectos adicionales en la parte motora. Y ello sólo es posible controlando la producción de ese neurotransmisor.
A medida que avanza, la investigación va demostrando que el cerebro es un órgano mucho más complejo de lo que nunca antes había podido imaginarse. Contiene más de 20 millones de células nerviosas que reciben y trasmiten impulsos eléctricos y químicos. En la mayor parte de los casos, los neurotransmisores han sido descubiertos por azar, pero ahora se perfeccionan planes de ingeniería genética para permitir métodos más precisos. La explosión de nuevos resultados permite esperanzas a muchas víctimas de enfermedades cerebrales consideradas hasta ahora incurables.
«Ahora nos damos cuenta de que probablemente no estábamos atacando al punto correcto», afirmó la doctora Katherine Bick, una de las investigadoras del Instituto Neurológico. «Existen muchas otras posibilidades».
Al mismo tiempo, otros grupos de investigación han conseguido desarrollar sofisticados aparatos de chequeo médico que permiten «mirar» dentro del cerebro sin necesidad de cirugía. Se examina así, por ejemplo, la fuente de la memoria o el lugar de un tumor. El método de diagnóstico que dio origen a toda la revolución en el chequeo del cerebro, se denomina PET (positrón-emisión-tornografía). Es un examen que permite medir la actividad nerviosa mediante radioisótopos que detectan cómo las células cerebrales consumen glucosa.


