Foto: Revista Diners
agosto 15, 2025
Estilo de vida Viajes

Casa Carolina: el patrimonio histórico de Cartagena que renació junto a su dueña

La belga Caroline Tchekhoff, una enamorada perdida de Colombia, decidió recuperar una de las casas con más historia en el centro histórico de Cartagena para convertirla en un hotel de lujo y bienestar. Diners conversó con ella.
POR:
SANDRA MARTÍNEZ

Son las diez y media de la mañana de un jueves de finales de junio. No llueve, pero el viento es helado. La cita es en un cafecito de la zona G, en Bogotá. Caroline Tchekhoff llega puntual; luce un top verde oscuro, encima una camisa de algodón en un tono verde más claro y un pantalón ajustado con estampado de serpiente. Es alta, rubia, delgada y sus ojos verdes brillan profundamente. Una vez adentro, pide un capuchino con leche de almendras; saca un par de hojitas blancas con anotaciones hechas a mano y advierte que no está acostumbrada a hablar sobre ella misma. Sin embargo, poco a poco, va relatando su vida.

Casa carolina: el patrimonio histórico de cartagena que renació junto a su dueña
Casa Carolina: el patrimonio histórico de Cartagena que renació junto a su dueña

Enamorarse de Cartagena Foto: Cortesía Casa Carolina Hotel / Espacio al aire libre del hotel.

Tchekhoff nació hace 59 años en un pueblo pequeño, cerca de Brujas (Bélgica), en medio de un hogar sencillo. “Tenía muchas ambiciones, pero no tanto de dinero, sino de conocimiento, de salir y conocer otros lugares”, asegura. Hizo una doble titulación en Ciencias Económicas y Comerciales e Ingeniería en la Universidad Católica de Lovaina; al poco tiempo de graduarse, se fue a trabajar a Nueva York en el banco de inversión JP Morgan , en la división de Mercados Emergentes. Era mediados de los años noventa y Caroline empezó a viajar mucho por Latinoamérica. Esa fue la primera vez que estuvo en Colombia y reconoce que quedó impactada con la calidez de la gente y el respeto que le tenían a la mujer. Durante un fin de semana, se fue para Cartagena. “Fue como un retiro silencioso; me encontré con su arquitectura, sus colores, el mar Caribe. En ese momento, me dije: ‘Algún día me gustaría vivir aquí’”. Luego, a comienzos del año 2000, la trasladaron a Londres y empezó a trabajar con Europa del Este, un mercado muy diferente del latinoamericano, por la actitud más reservada y distante de la gente.

Por esa época, además, se casó con un francés que le preguntó a dónde quería ir de vacaciones y ella, sin dudarlo, le dijo que a Cartagena. En 2003, al volver con su primer hijo y su esposo, les sentenció en el carro que los llevaba de Santa Marta a Cartagena, un 1º de enero, que no se iría de esta ciudad sin comprar una casa. Y todo lo que sucedió a continuación ocurrió como un cuento al mejor estilo macondiano. Tres días después les dijeron que estaban vendiendo la casa Pombo, que había pertenecido durante muchos años a la familia León Sotomayor Pombo. “Al entrar por la puerta, inmediatamente le dije a mi esposo que esta era la casa que quería. Sentí la energía”, explica. “Subimos al comedor, y ahí estaba Ángela Pombo en su mecedora, viendo una telenovela en un televisor muy viejo; al vernos, nos dijo: ‘Sigan, esta es su casa; recórranla con calma’”, cuenta Caroline. “Era una casa sin ventanas, toda blanca, con una escalera de madera oscura y un encanto increíble. En el patio ya estaba el árbol de níspero y en la parte de atrás se encontraba la cocina, con persianas blancas y motivos coloniales”, recuerda Tchekhoff. “Al despedirnos, Ángela me tomó entre sus brazos y me dijo: ‘La casa es suya’. Nos sentamos e hicimos el negocio. Así, sin misterios”, afirma.

Casa carolina: el patrimonio histórico de cartagena que renació junto a su dueña
Casa Carolina: el patrimonio histórico de Cartagena que renació junto a su dueña

Una joya escondida Foto: Cortesía Casa Carolina Hotel / Entrada al hotel.

Obviamente, en ese momento Tchekhoff no tenía ni la menor idea de qué casa estaba comprando. Situada entre las calles Arzobispado y Manuel Román, cerca de la antigua catedral y de la plaza de la Proclamación, es una de las que más historia tienen en la ciudad. Construida originalmente en el siglo XVI, albergó el primer presbiterio de la catedral; incluso aún conserva muros y columnas de piedra coralina de la época y murales que abarcan desde el siglo XVI hasta el XX, con motivos religiosos y decorativos. En el siglo XIX, la casa perteneció a varias personas. Primero, en 1811, al mariscal de campo de los Reales Ejércitos, don Antonio de Narváez y de la Torre. Luego, en 1815, la habitó el coronel e ingeniero de los Reales Ejércitos, don Manuel de Anguiano, durante la época de la Independencia. En 1861, el comerciante don Juan de Francisco Martín, albacea de Bolívar, remató la casa, y en 1876, el comerciante don Blas León se convirtió en el nuevo dueño.

Las hermanas Leoncitas, figuras emblemáticas de la sociedad cartagenera, crearon el Café de la Nueva Granada , uno de los primeros establecimientos de este tipo en Cartagena y punto de encuentro de las mentes creativas de la época. Posteriormente, las hermanas contrajeron matrimonio con los hermanos Pombo, consolidando de esta manera el linaje que dio a la casa el nombre de León Sotomayor Pombo durante varias generaciones. (Lea también: ¿Está buscando planes para hacer en Cartagena? ) “Yo no le quería hacer nada a la casa, porque me gustaba así como estaba, hasta que un día me encontré al arquitecto Álvaro Barrera, que me dijo: ‘¿Sabes que has comprado la casa más histórica de la ciudad?’. Mañana vuelvo con los archivos’. Al día siguiente regresó y nos explicó que detrás de las capas de pintura había murales de varios siglos”. Y así comenzó la primera etapa de restauración de la casa, entre 2006 y 2008. Luego, tomaron otra decisión. “Soy alguien muy sencilla y esta casa era demasiado grande para mí. Decidimos que podríamos dividir la casa en cinco apartamentos. La idea inicial era venderlos a nuestros amigos más cercanos, pero este proyecto se terminó en 2008 y llegó la crisis financiera, así que nadie quería comprar nada”, explica entre risas. Abrieron la casa durante seis meses, sin muebles ni nada, solo para que la gente conociera el espacio, los murales y las columnas.

Casa carolina: el patrimonio histórico de cartagena que renació junto a su dueña
Casa Carolina: el patrimonio histórico de Cartagena que renació junto a su dueña

Una desición a tomar Foto: Fabián Álvarez / Caroline Tchekhoff.

Durante esos años, además, había nacido su segunda hija, en 2006, y en 2007 Caroline había sufrido un accidente que por poco le cuesta la vida, pues se cayó de un caballo y tuvieron que reconstruirle cada parte de la columna vertebral. La administración de la casa quedó en manos de un tercero, que arrendaba los espacios. Caroline y su familia venían cada vez que podían, a quedarse unos días. En 2019, ella, su esposo y sus dos hijos hicieron un viaje por toda Colombia durante seis semanas. Comenzaron en San Agustín y terminaron en Providencia. Sin embargo, luego de ese viaje, su vida dio un giro repentino. De regreso a París, por un problema insoluble, se divorció de su esposo y su mundo se vino abajo, incluso se enfermó; en 2022 decidió regresar a su casa en Cartagena, de sorpresa y sin anunciarse, como habitualmente lo hacía.

Al llegar, no podía dar crédito a lo que veía: encontró su casa en ruinas. “Lloré por tres días seguidos. Las pinturas murales estaban tumbadas, los muros negros, la fachada con fisuras, caía agua por todo lado”. Convoqué de inmediato a una asamblea general, nos despedimos de la gerencia de ese momento y me propuse reconstruir la casa y a mí misma. De alguna manera, iba a renacer a través de esta casa”, asegura. Inicialmente, el proyecto solo iba a ser de reparación, “pero pensé que tenía que estar presente para cuidarla”, dice. En febrero de 2023, empezó la reconstrucción total de la casa. Dos meses después, el Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena (IPCC) cerró la obra durante varios meses por falta de permisos. “Yo no entendí en aquel momento esa decisión. ‘¿Estoy salvando un patrimonio histórico de la ciudad  y ahora no puedo hacerlo?’”, me preguntaba. Sin embargo, gracias a ese tiempo de papeles, reuniones y burocracia, se comenzó a gestar la idea de crear un hotel con un concepto sostenible y un impacto social. El francés Laurent Fraticelli, quien asesora los hoteles Casa Pestagua y San Agustín, también en Cartagena, vino en su ayuda. Y finalmente, luego de un trabajo intenso y una inversión sustancial, el 29 de diciembre de 2024 pudo abrir las puertas de Casa Carolina.

Casa carolina: el patrimonio histórico de cartagena que renació junto a su dueña
Casa Carolina: el patrimonio histórico de Cartagena que renació junto a su dueña

El nuevo espacio Foto: Cortesía Casa Carolina Hotel / Bar del hotel.

Nadie pone en duda que cada puerta que se abre en el centro histórico de Cartagena tiene una historia, un personaje, un tesoro oculto. Cuando la gente pasa por la calle del Arzobispado, le resulta inevitable detenerse y mirar a través de una puerta gigante de madera. Hay un árbol de níspero, unas columnas blancas y una piscina que dejan sin palabras hasta al más indiferente. Es solo lo que los ojos pueden captar de la restauración de ese mágico espacio. Casa Carolina tiene ahora quince habitaciones con detalles invaluables, como un fresco en una de las habitaciones, fragmentos de santos de la sacristía en el comedor o un balcón para mirar las celebraciones que a diario suceden en la plaza de la Proclamación. La carta, además, está a cargo del colombofrancés Andrés Fernandes León, chef de Cascajal, en Bogotá, quien tiene un lazo muy  estrecho con Caroline, pues Carmen, su mamá, lleva más de veinte años trabajando con su familia.

Su apuesta es la gastronomía consciente, es decir, platos sabrosos y saludables para los huéspedes. (Siga leyendo: Cinco cocteles que están dando de qué hablar en Cartagena ) “Crear la carta fue una gran responsabilidad para mí, ya que este lugar tiene un peso histórico y emocional muy fuerte para Cartagena. Para mí, es como rendir un homenaje a su legado, por lo que siempre nos conectamos con la tradición y le damos una mirada contemporánea: nos enfocamos en los productos locales, pues queremos contar una historia a través de los ingredientes y de cada plato; todo es saludable y sostenible, que es algo que representa el espíritu de la casa”, explica Fernandes León. De igual manera, cuentan con un café abierto al público, que ofrece catas de cafés y bebidas saludables, como una limonada de coco con carbón activado; además, están creando permanentemente nuevas bebidas, como un licor de corozo, una cerveza de jengibre o una hidromiel.

Casa carolina: el patrimonio histórico de cartagena que renació junto a su dueña
Casa Carolina: el patrimonio histórico de Cartagena que renació junto a su dueña

Una casa en sanación Foto: Cortesía Casa Carolina Hotel / Sala de yoga del hotel.

El tema del bienestar es un pilar fundamental. Hay un spa en el que se ofrecen terapias de ayurveda, así como una sala de yoga, a cargo de la bogotana Tata Umaña, quien brinda clases con cuencos tibetanos. “Trabajar en esta casa es una experiencia sagrada. Es como si las paredes guardaran memorias de otras épocas, pues al entrar, uno siente que el tiempo se vuelve más lento, más profundo. Es un lugar que invita a la presencia, a la conexión y a la transformación. Poder compartir prácticas de bienestar, yoga y sanación en un espacio con tanta historia me honra profundamente. Siento que cada encuentro aquí es parte de una continuidad: de las almas que han habitado en esta casa antes, y de las que ahora venimos a sembrar nuevas memorias con propósito y amor”, asegura Umaña. Tchekhoff se ha empeñado en que cada detalle cuente en el impacto y la sostenibilidad del espacio.

Trabajan de la mano con asociaciones como Asocoman y Granitos de Paz , tienen una política de eficiencia energética, procuran utilizar materiales reciclados y ya se encuentran en proceso de certificarse como una empresa BCorp . La próxima vez que pase por esa calle quizás vea a esta espigada rubia invitando a la gente a que participe en una clase de yoga gratuita en la plaza, regañando a algún transeúnte descuidado que deja su carro encendido mientras recoge algo, o simplemente contemplando una vez más las calles de esta ciudad caribeña que la conquistaron hace muchos años y que le dieron la oportunidad de renacer. Vea también: Ocho experiencias inolvidables para hacer en Cartagena

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