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¿Por qué no es buena idea ahorrar debajo del colchón?

En el 39 % de los hogares colombianos se guarda dinero con métodos informales, como alcancías o cadenas de ahorros. ¿Cómo incentivar el ahorro programado en bancos e instrumentos financieros entre los hogares?

Foto: Ilustración: Randy Mora

En el 39 % de los hogares colombianos se guarda dinero con métodos informales, como alcancías o cadenas de ahorros. ¿Cómo incentivar el ahorro programado en bancos e instrumentos financieros entre los hogares?

Somos un movimiento creado por mujeres para mujeres con el fin de tomar el control de nuestras vidas a través de la realización de nuestros sueños. Unirse a este grupo es totalmente voluntario y no implica responsabilidad para la persona que invita. Nos basamos en un modelo económico innovador que tiene como base (sic) dar un regalo, creando lazos de hermandad, amor, confianza y solidaridad a través de la representación de los cuatro elementos dentro de un mandala: fuego, viento, tierra, agua’.

Este es el comienzo de un mensaje que circula por WhatsApp y que invita a las mujeres a formar parte de esta iniciativa denominada Proyecto Telar de la Prosperidad, que promueve el ahorro y el emprendimiento entre sus miembros. Sin que se mencione la palabra pirámide, esta invitación funciona como tal e insta a las interesadas a hacer aportes económicos o “regalos”, con los que podrán recibir hasta ocho veces el valor de lo que aportaron, siempre y cuando convenzan a más personas de que también hagan su “regalo” para ir conformando los diferentes círculos de la estructura que está denominada con los elementos de la naturaleza. A las invitadas a participar se les pide no hablar del tema con personas ajenas al esquema, para garantizar así el anonimato.

La Superintendencia Financiera de Colombia advierte que estos sistemas, que captan recursos y prometen pagos, “carecen de legitimidad, no cuentan con respaldo alguno o control por parte del Estado colombiano y, tanto quien administra como quien promueve y facilita el crecimiento de la estructura pueden ser responsables del delito de captación masiva y habitual de dinero”.

La entidad sostiene que estas estructuras no desarrollan ninguna actividad que produzca beneficios o utilidades, y afectan la economía nacional como resultado de la pérdida económica de quienes entregan su dinero y no logran completar los distintos niveles, lo que a medida que involucra a un mayor número de personas perjudica el ahorro del público.

Pero quiérase o no, el dinero bajo el colchón, las cadenas y esquemas piramidales siguen con una participación importante en el mercado del ahorro colombiano. De acuerdo con el último Informe de Inclusión Financiera realizado por la Federación Latinoamericana de Bancos (Felaban), en la región impera el ahorro informal y solo el 33 % de los habitantes reserva su dinero en entidades financieras, mientras que el 31 % hace un ejercicio de ahorro con otros mecanismos, como la alcancía o las cadenas. El estudio establece que Colombia es el quinto país en Latinoamérica que menos ahorra, ya que solo 9 % de los adultos lo hace en una institución financiera. Nuestro país solo está por encima de Paraguay, Argentina, Nicaragua y Perú en este ranking.

El atractivo de las natilleras

Asobancaria indica que el ahorro informal es una práctica “en la que se guarda el dinero de reserva en una alcancía, en fondos familiares, en grupos de autoayuda, en cadenas, en pirámides, en el colchón o escondido en algún lugar, o se compromete en cadenas o natilleras, entre otros”.
La entidad reconoce que entre las ventajas de este tipo de mecanismos para guardar dinero están el fácil acceso a los recursos y el hecho de que los ahorros grupales fomentan la disciplina, la vigilancia y el apoyo entre sus miembros. Pero también advierte sobre riesgos y desventajas, como pérdida o robo, además de que el dinero no gana intereses, se gasta con facilidad y no aporta en la construcción del historial crediticio.
El Estudio de Demanda de Seguros 2018, elaborado por Banca de las Oportunidades, Superintendencia Financiera y Fasecolda, sostiene que en el país solo el 18,5 % de los hogares ahorra y lo hace en cuentas de ahorro o corrientes, en un CDT o mediante la compra de bonos o acciones. Sin embargo, el 39 % de los hogares que guarda dinero como previsión para necesidades lo hace con métodos informales como alcancías, debajo del colchón, en cadenas de ahorros o por medio de las tradicionales natilleras.

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Estas últimas constituyen una forma de ahorro muy popular en el país, sobre todo en el área de influencia del valle de Aburrá; surgieron de manera informal entre familiares, vecinos y compañeros de trabajo con el fin de reunir aportes en el transcurso del año y repartirlos en diciembre para las fiestas navideñas y de fin de año.

Aunque no vive en Antioquia sino en Bogotá, Isabel Hernández conformó hace tres años una natillera junto con sus cuatro hermanos, en la que cada mes ahorra cien mil pesos. “Hago de cuenta que esa plata no existe y se la entrego a mi hermano mayor, encargado de administrar la natillera. En diciembre nos repartimos los ahorros de acuerdo con lo que cada uno aportó o los destinamos a la fiesta y los regalos de toda la familia”.
Isabel dice que ese ahorro también los ha sacado de apuros cuando algún familiar ha tenido una emergencia o una calamidad. Agrega que este esquema le resulta más práctico y menos costoso que abrir una cuenta de ahorros en un banco. “Prefiero manejar efectivo y no me reportan si me prestan dinero y me atraso en las cuotas”, admite.

La percepción de costos elevados en los productos de ahorro es, en efecto, la mayor barrera que percibe la población colombiana para el ahorro formal, de acuerdo con el estudio de la Banca de las Oportunidades y la Superintendencia Financiera en torno a la inclusión, seguida de la falta de adaptación de los productos a las necesidades de los ahorradores y la baja rentabilidad del dinero depositado.

“El ahorro tiene relación directa con el nivel y la estabilidad de los ingresos y relación inversa con la edad. Ahorran más las personas en las ciudades principales, donde el nivel de ingresos es mayor y más estable y se presentan menos brechas de liquidez. Los que más ahorran son los estratos 3 y 4, seguidos del 5 y 6. Ahorran menos en los municipios rurales y en el estrato 1, en los cuales las personas tienen menos ingresos, mayores brechas de liquidez y donde los ingresos son inestables en un mayor porcentaje de los hogares”, destacan las dos entidades.

En resumen, entre las razones que explican por qué las personas no ahorran se encuentra la falta de ingresos que permitan cubrir los gastos y dejar un remanente para el ahorro; la ausencia de educación financiera, así como de planeación o de hábito del ahorro, y el hecho de que los productos no se ajustan a las necesidades de los usuarios.

Estrategias de inclusión

¿Qué está haciendo el gobierno para incentivar el ahorro formal entre la población colombiana? Con la institucionalización de la inclusión financiera en los planes de desarrollo a instancias de entidades como el Banco Mundial, Colombia creó en 2007 el programa Banca de las Oportunidades, que busca promover el acceso a servicios financieros entre familias de bajos ingresos, hogares no bancarizados, microempresarios y pequeña empresa.

Esta política ha rendido sus frutos, ya que según el Reporte de Inclusión Financiera 2018, el indicador de inclusión (proporción de la población con acceso a por lo menos un producto financiero) ascendió a 81,3 % a septiembre de 2018. A esa misma fecha, 27,8 millones de colombianos contaban con algún producto financiero y 18,4 millones registraban cuentas de ahorro activas.

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Felaban destaca que nuestro país alcanzó el 100 % de cobertura financiera en todos los municipios y que en 2018 los municipios con cobertura frágil (que solo cuentan con 1 o 2 corresponsales bancarios y sin presencia de oficina) se redujeron de 34 a solo 3. Resalta de igual forma que los canales no presenciales siguen fortaleciéndose y que, por primera vez, más del 50 % de las operaciones se realizaron de forma no presencial.

Sin embargo, entre los desafíos que todavía persisten está el de incluir a 6,7 millones de adultos que aún no tienen acceso al sistema financiero, en especial aquellos que residen en zonas rurales. La brecha de acceso entre las ciudades y las zonas rurales es todavía importante, pues mientras en las zonas urbanas el indicador de inclusión es de 87,2 %, en las zonas rurales y rurales dispersas es de 65,1 % y 54,7 %, respectivamente.

El especialista en Administración financiera de la Universidad Eafit, Ángel Palacios Sánchez, autor del estudio Confianza e inclusión financiera en Colombia, considera necesario que las entidades financieras, con el apoyo de las autoridades económicas, diseñen y ofrezcan productos ajustados a las necesidades de quienes cuentan con menores niveles de capacidad adquisitiva, de modo que puedan acceder y sacar provecho de ellos. “La desconfianza en el sistema financiero se percibe más acentuada en los hogares de ingresos más bajos y con menores niveles de educación, lo cual es indicativo de la insuficiencia de la política de inclusión en sectores populares tradicionalmente marginados que cuentan con alternativas informales de financiación de sus proyectos de vida, y no solo no pueden acceder al sistema, sino que deciden no hacerlo, principalmente por costos, poca identificación con los productos comunes y falta de confiabilidad”.

El especialista propone flexibilizar la regulación en términos de plazos, costos, garantías y capital de respaldo exigidos, para así promover el uso de servicios financieros básicos entre quienes no cuentan con ellos. También es clave continuar los programas de educación financiera que incentivan y resaltan la importancia del ahorro, sobre todo entre niños y adolescentes.

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Junio
05 / 2019
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