Foto: Revista Diners
diciembre 3, 2013
Cultura Cine y TV

Televisión de otros mercados

EE. UU no es el único innovador en formatos para televisión. Basta mirar a Nueva Zelanda, Dinamarca, Sudáfrica, Corea del Sur o Israel para darnos cuenta de que el universo está lejos de agotarse.
POR:
Andrés Felipe Solano

Desde 1977 se viene realizando anualmente una conferencia que integra una red de televisión pública mundial. Este año, en INPUT 2013 se estudiaron algunos casos que marcan las nuevas tendencias televisivas en las que el espectador se ve confrontado o que por lo menos exigen mucho más de su parte. Por ejemplo se habló de documentales para televisión como Broken Cameras (Israel/Palestina), en el que se cuenta la historia de un palestino que termina trabajando con un director israelí después de perder cinco cámaras a manos de soldados de ese país, o el épico Sueño de Ícaro, de Corea del Sur, en el que un grupo de camarógrafos siguió 168 días al alpinista Park Jeong-Heon en una ruta que cubrió 2.400 kilómetros desde Pakistán hasta Nepal. Fueron seis entregas que combinaron la aventura más clásica de los documentales sobre la vida salvaje con el retrato humano y la acción.

También se estudió el experimento danés Bully, Brain, Bimbo, Loser, donde se cruza el formato del reality show con el del documental para seguir a una presentadora de televisión que decide buscar a sus compañeros de curso y confrontar los estereotipos que tenía de ellos con las historias actuales de cada uno. Por este mismo lado está The Human Condition, en el que los cómicos más populares de Corea del Sur –su programa Muhan Dojeon es de los más vistos en este país– acceden a vivir sin Internet, televisión o celular por una semana y plantean a la vez con humor y profundidad los problemas que se derivan de estar hiperconectados a todas horas. Los cruces entre telerrealidad y otros géneros televisivos como por ejemplo el de los programas culinarios, están asomando la cabeza, tal es el caso de History Eaters, en el que varios grupos de participantes suecos experimentan cómo vivían sus antepasados en diferentes épocas de la historia y aprenden sobre las costumbres culinarias de cada período. O el del programa danés Guetto Riders, en el que un puñado de jóvenes con problemas en sus casas se convierten en ciclistas gracias a un par de entrenadores profesionales que tienen como misión llevarlos a correr al Tour de Francia.

Sudáfrica igualmente ayuda a borrar las fronteras entre los programas de entretenimiento, educación y reality show con Life’s a Stage, que sigue los pasos de una directora de teatro negra invitada al Festival de Salzburgo en Austria, donde tendrá que competir con los mejores directores jóvenes de teatro del mundo.

En cuanto a la ficción, hay productos como 30 Shekels per Hour (Israel), una serie en tres idiomas (hebreo, ruso y árabe) que cuenta la historia de un trío de mujeres que trabajan para una agencia de limpieza. Al ser despedidas deciden armar una cooperativa y la organización comunitaria termina retando a sus antiguos jefes y desvela la manera en que la sociedad las cataloga, sin que la tensión del buen drama decaiga un segundo o dé paso al lloriqueo.

Vale decir que desde hace rato los televidentes dejaron de consumir programas en la sala de su casa frente a una caja de metal. La televisión se ve en computadores, tabletas y celulares y muchos programas se diseñan específicamente para ellos, como Dissapeared (Alemania), en el que cuatro detectives de ficción buscan a una persona desaparecida y los televidentes por Internet les ayudan a tomar decisiones. Los alemanes también han empujado un escalón a los programas para adolescentes y se han lanzado a tratar sin pudor, pero lejos de la chabacanería, los problemas a los que se enfrentan los jóvenes. Así sucede en You’re not a Werewolf. Uno de sus capítulos trató sobre qué hacer en caso de ser descubierto masturbándose.

Lo que antes era una pequeña red, en la que los entendidos se intercambiaban datos en secreto como espías, ahora es un mar de opciones televisivas, incluidas las propuestas de los canales públicos, donde se puede navegar con las velas desplegadas gracias a fenómenos como Breaking Bad o The Wire, ante la que el fustigador profesional de la sociedad del espectáculo Mario Vargas Llosa sucumbió sin que se le subieran los colores

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