En el fado hay una fuerza profunda que surge de algo interno, casi como un órgano que solo los fadistas poseen. Cuando se ve a un fadista cantar, tradicionalmente vestido de negro, en un espacio lúgubre —ojalá en un bar de Alfama, en Lisboa— el oyente siente una emoción distinta, o debería sentirla, porque esta música en particular mueve fibras casi espirituales, si se quiere. Ahora, imagine escuchar esta música desde el vientre materno: ¿cómo no ser cantante de fado? Así le sucedió a Carminho, quien, como hija de la reconocida cantante Teresa Siqueira, comenzó a cantar en público por primera vez a los 12 años en el Coliseu dos Recreios. El reconocimiento de la artista ha tomado vuelo internacional. Por ejemplo, si ha visto la película Poor Things, de Yorgos Lanthimos, protagonizada por Emma Stone, seguro recuerda una escena en la que Bella está en Lisboa y comienza a escuchar una voz que canta desde un balcón acompañada por una guitarra, emocionándose profundamente y abstraiéndose de todo. Esa mujer que canta ahí es Carminho, quien además de esa aparición en la película, recientemente colaboró en el muy comentado álbum LUX de la cantante española Rosalía.
Carminho presenta su séptimo álbum, Eu vou morrer de amor ou resistir, un trabajo poético y profundo que explora la tradición y la contemporaneidad del fado. Foto cortesía Teatro Mayor Julio Mario Santodomingo / Archivo personal Carminho Adicionalmente, Carminho lanzó su más reciente álbum, el quinto en su carrera, titulado Eu vou morrer de amor ou resistir (“Yo voy a morir de amor o resistir”), un disco poderoso, poético, entrañable y conmovedor. La revista Diners conversó con la artista antes de su concierto en Bogotá, en el marco del Festival de Fado, que se realizará en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo este sábado a las 8 p. m. En su voz se disuelven las barreras entre lo tradicional y lo moderno. ¿Cómo define su fado hoy ante audiencias tan diversas? Yo defino mi fado como libre. Me siento muy libre para practicar el género fado que conozco desde la barriga de mi madre, y por eso se convierte en mi propio lenguaje. Tal vez por eso mismo me doy el espacio y tengo la confianza y libertad para explorar, experimentar y practicar el género de manera muy plástica. No me enfoco tanto en las audiencias porque hago música para mí y quizás para aquello que es de mi propio gusto.

Por lo tanto, las audiencias siempre serán una consecuencia, y es interesante percibir qué movimientos son esos. Y el hecho de que responda de forma libre, natural y orgánica, sin presiones, dejándome llevar por mis propios impulsos, que son naturalmente de mi generación y de las influencias que tengo hoy, hace que el resultado tenga la contemporaneidad de esas influencias. Carminho, en su último álbum, busca abrir el fado a otras músicas sin modificar su esencia. ¿Cómo ha sido ese diálogo entre géneros y qué aprendizajes ha sacado? No, al contrario, considero que este disco es un trabajo sobre el fado tradicional y no sobre otros géneros musicales. El hecho de tener otros instrumentos que no son tan ortodoxos al fado no significa que su papel y la forma en que se usan no sigan las reglas propias del fado, reglas que yo me impongo a través del estudio y que definen en cierto modo la producción que hago. El álbum, lanzado en octubre de 2025, reafirma la dedicación de Carminho a la búsqueda permanente dentro del fado, con 11 canciones que recorren emociones intensas. Por eso, la forma tiene menos que ver y más la filosofía o el pensamiento detrás de la actuación: responder a un poema y a un fado, muchas veces tradicional pero original, intentando llegar a una emoción viva en el estudio, alcanzando la interpretación que busco en un fado.
Por eso, todas estas experiencias son mis búsquedas de sonidos, texturas y universos que me llevan al propio fado. La memoria y el poder sacralizado de la música son parte esencial de su reflexión artísticas. ¿Cómo cree que el fado ayuda a preservar y honrar la memoria colectiva? El fado es una lengua viva que refleja las cuestiones y problemáticas de una generación en comunidad. Por eso, existe esta idea de la memoria de un pueblo reflejada en un género musical, pero ese género también declara y denuncia que cada generación tiene sus problemáticas y habrá evolución y mutación constante en las expresiones y necesidades de cada generación. Creo que esta es la gran fuerza y la razón por la que canto fado, porque el fado me representa como parte de mi generación. ¿Cómo han influido sus colaboraciones con artistas tan variados como Pablo Alborán, Carlos Saura y Rosalía en la expansión del fado a nuevos públicos? Creo que cada vez que un artista colabora con otro nace un tercer mundo, que es la parte de cada uno de esos artistas. Más allá de ser un gran aprendizaje para mí colaborar y conocer mejor otras expresiones artísticas, otros universos musicales o incluso otras artes performativas, como en el caso de Carlos Saura o de Poor Things con Antimos, en el cine.
Todos estos artistas me inspiran y aprendo mucho; para mí es vital colaborar y estar cerca de otros artistas, porque son quienes más me inspiran. Y claro, luego muchas veces la consecuencia es el cruce de públicos, el cruce de personas interesadas tanto en el fado como en otros géneros, o viceversa. Muchas veces, cuando se trata de un artista pop, hay una gran atención hacia el género del fado, y eso siempre es muy bueno, no solo para mí como artista y fadista, sino también para el propio género y para los otros artistas que lo representan. Rosalía y usted comparten un vínculo entre fado y flamenco, sus culturas madres. ¿Cómo ve la convivencia y evolución de estas tradiciones en un mundo tan globalizado? Tanto el flamenco, como el fado y otros géneros musicales de raíz urbana, son géneros mutantes porque están vivos. Continúan expresando lo que son los sentimientos y las problemáticas de las generaciones que los practican. Por lo tanto, son lenguas que tienen que ser practicadas y que siempre ganan nueva semántica, que es lo que identifica la contemporaneidad y evolución del género. Pero ese trabajo requiere práctica continua y seria, diría yo, y el resultado es quizás lo que menos importa.



El hecho de la globalización hace que más personas escuchen, pero el trabajo del artista siempre será trabajar su propio género musical, de la manera en que cree y que representa cada artista. Eu vou morrer de amor ou resistir refleja la libertad creativa de Carminho, quien mezcla influencias de su generación sin perder la esencia del género. Habla del fado como un lenguaje universal que conecta a pesar de las diferencias lingüísticas. ¿Qué le gustaría que las personas sintieran y comprendieran al escuchar su música? No pretendo que las personas sientan algo específico. Lo que me gusta es que las personas tengan la libertad de dejarse llevar, sentir y encontrarse a sí mismas a través de esta expresión artística o cualquier otra. Creo que el arte sirve para encontrarnos con nosotros mismos. Y la música, en particular, aunque muchas veces la letra o la poesía no se comprenda inmediatamente tiene mucha expresión emocional en la interpretación, mucho improviso y mucha emoción. Muchas veces esa expresión en la interpretación llega al corazón y nos lleva a cada uno a nuestros propios mundos, y eso es lo que pretendo: que cada uno viaje a su lugar íntimo y pueda encontrarse. El amor fatalista es un tema constante en el fado. ¿Cómo aborda esas emociones para ofrecer un mensaje de resistencia y esperanza? Los temas del fado, de las rancheras y de muchos otros géneros están muy ligados al amor y a ese fatalismo, a esa nostalgia.
Me interesa explorar esos temas, pero también otros. Quiero que el fado sea un lugar amplio desde el punto de vista temático y discursivo, para que mucha gente pueda encontrarse en él, tanto como intérpretes como oyentes. Por eso busco esos temas, escribo sobre ellos y los investigo en poetas y poesías de otros artistas. Y uno de esos temas de mi álbum es “Voy a morir de amor, voy a resistir”, que tiene una ambigüedad quizás poco común en la temática del fado, donde muchas veces se muere de amor, pero aquí existe la posibilidad de no morir. Eso me interesa cantarlo. Como mujer en la creación y producción del fado, ¿qué desafíos y oportunidades ha encontrado para redefinir el papel femenino en este género? Es cierto que cuanto más mujeres en el fado asuman papeles tradicionalmente atribuidos a hombres, algo cambiará en el ámbito general del fado. Yo hago mi parte, lo que siento que tengo que hacer en mi música. Yo escribo, compongo y produzco mis discos porque siento que debo hacerlo, y sé que hay otras mujeres que también lo hacen. No es tan común, pues hay una gran presencia femenina como intérprete y los hombres suelen dominar la composición, instrumentación y producción, pero no tiene que ser así. Puede cambiar, y creo que lo importante es ver la posibilidad y la confianza de que cualquiera pueda asumir el papel de su vida y de su arte sin estar atado a estigmas o modelos. Cuantas más mujeres en el fado estén seguras y libres para asumir los papeles que sientan que deben, el fado ganará mucho en variedad, verdad y riqueza. Carminho, ¿cómo adapta su música para dialogar con esas diferentes sensibilidades y alegrías culturales? No adapto el fado. Hago mi música.
En estos 17 o 18 años de carrera he invertido mucho en una carrera internacional y nacional, pero en la internacional llevo el fado como lo hago a muchos lugares. Ha sido muy gratificante porque veo que la gente está abierta a recibir algo que a veces no conocen o no es tan familiar, pero que tiene una enorme riqueza cultural. Es importante estar abierto a la diferencia, a escuchar estilos distintos y conocer maneras de hacer, pensar e interpretar. También me inspira mucho la música de otros. Por eso siento que el fado es un género que llega al corazón incluso sin comprender la lengua; la música en sí es un lenguaje. El amor es transversal y la música es un lenguaje de empatía. ¿Qué espera transmitir a las distintas audiencias que la escuchan en estos continentes tan diversos? Eso mismo: que el amor es transversal y que la música es un lenguaje de empatía. Esa es la clave, porque incluso cuando no conocemos los géneros, las reglas o la lengua, siempre tenemos el amor y la empatía que nos conectan en cualquier parte del mundo y entre cualquier ser humano. Esa es también la belleza del arte: no tiene fronteras. Por eso me gusta transmitir esta idea continua de que todos somos parte del universo, del mundo, y estamos aquí para aprender, inspirarnos, conocernos y respetar la individualidad, cultura y belleza de cada uno. La voz cálida y expresiva de Carminho en este disco busca llegar al corazón de nuevos públicos internacionales, reafirmando su trayectoria global. En la descripción de su voz y estilo se habla de “fantasmas” o inspiraciones que la acompañan. ¿Podría contarnos quiénes son esos “fantasmas” en su creación musical? Digo que este disco está lleno de fantasmas porque tiene muchas inspiraciones.
No solo mujeres cercanas a mí, como mi madre, la viatrix da Conceição, Amanda Rodrigues, la viatrix Maria Teresa de Noronha, personas que desde el comienzo me nutren, inspiran y enseñan, sino también muchas otras mujeres, la mayoría mujeres, que han inspirado este disco durante estos años de producción y composición, especialmente mujeres de la experimentación, la música experimental, las pioneras en música y producción, pensadoras sobre la voz y los instrumentos, como Laurie Anderson y Andy Carlos, quien fue una transformadora no solo de la música, sino de sí misma. Ellas me permiten estar aquí hoy, porque canto y produzco, pues otras mujeres abrieron camino para mí y me permiten tener ese espacio y libertad. Continuando con mi papel y lo que mi corazón me pide hacer, llevaré esas inspiraciones hacia adelante. Creo que los artistas llevan artistas, y así voy llevando esas inspiraciones conmigo a través de mi voz, no solo a través de ella. Por eso, es una transmisión de testimonio.