TIMØ entendió que estaba atravesando ese punto cuando cantar dejó de ser oficio y empezó a convertirse en una forma de sostenerse. Así apareció Canto Pa’ No Llorar, un álbum que sirve para superar la tristeza, abrazar lo nuevo y ponerse a bailar solo o en compañía. “Al final se trata de soltar y creo que ese es el mensaje que hay en varias canciones del álbum. Soltar a alguien de tu vida, no desde el rencor, sino sabiendo que fue una etapa que se acabó”, comenta Andrés Vásquez, vocalista y bajista de la banda.
Y es que justamente este álbum también llega cuando dos de sus integrantes atravesaban rupturas al mismo tiempo. Ninguna ocurrió entre gritos ni tampoco dejó cenizas. Quedó, más bien, una sensación difícil de explicar, pero que los obligó a aceptar que algo termina sin necesidad de odiarlo.
“Coincidencialmente Andrés y yo estábamos pasando por una ruptura. No era de esas que uno termina con rabia. Era lo más cercano a algo sano que se pueda. Decirle lo mejor a esa persona y soltar”, cuenta Felipe Galat, vocalista y guitarra acústica de la agrupación.
De ahí que las canciones hablan desde ese lugar vulnerable. Desde alguien que se siente triste, entusado y solo. La música, en cambio, parece provenir de otro estado del alma, como lo recuerda Alejandro Ochoa, vocalista también y guitarra eléctrica: “Muchas canciones hablan desde alguien que está triste o deprimido, pero musicalmente están vistas desde el lente del optimismo. El merengue, la salsa, el pop de hace 20 años te levantan el ánimo y te dicen tranquilo, de aquí sales”.
Dentro del álbum de TIMØ hay una excepción que confirma la regla…
“Hay una sola canción con rabia en el álbum, que se llama Divino castigo. Ese día nos sentíamos así y eso fue lo que quedó en la canción”, comenta Galat, donde ese contraste entre melancolía y celebración apareció cuando decidieron cambiar de entorno y alejarse de todo lo que sonaba comercial.
Eso llevó a la agrupación a Ciudad de México, donde se encerraron en El Desierto, un estudio rodeado de instrumentos que parecían reliquias de otra época. “Nos fuimos porque nos sentíamos bloqueados. Allá solo teníamos instrumentos raros a la mano. Una guitarra de doce cuerdas que hacía años no veíamos, Hammond, Leslie, bajos viejos. Dijimos hagamos música solo con lo que hay aquí”, recuerda Vásquez.
La experiencia se convirtió en una regla que duró un año y medio
“Nos gustó tanto el sonido que nos pusimos una regla. Todo debía ser natural. Grabar tomas completas, dos o tres intentos y quedarnos con el mejor. Uno siente la humanidad detrás de una grabación así”, dice Vásquez.
Cuando regresaron a Bogotá buscaron un lugar que también tuviera memoria. Lo encontraron en Audiovisión, el estudio donde se grabaron piezas que marcaron la historia reciente de la música colombiana, entre ellas La Tierra del Olvido de Carlos Vives. “Grabar percusiones y teclados ahí nos dio una sensación de respeto. Sentíamos que estábamos parados sobre hombros de gigantes”, recuerda Ochoa.
La nostalgia que atraviesa el disco no responde a una moda. Es un recuerdo compartido, como lo confirma Galat: “Todo nace de un recuerdo. Viajar en carro con la familia escuchando esos CDs que comprábamos en la carretera con recopilaciones de artistas”.
La nostalgia de los 2000 con TIMØ
En esa memoria aparecen nombres que marcaron una generación entera como Juanes, Andrés Cepeda, Bacilos y Julieta Venegas. La portada del álbum intenta capturar esa imagen íntima del carro familiar, el CD insertado y el estuche lleno de discos que viajaba en la guantera como un pequeño archivo emocional. Ese puente entre pasado y presente encontró un momento inesperado durante la grabación de Carta al corazón. La canción nació inspirada en Ekhymosis y su espíritu terminó cerrando un círculo improbable.
“Nunca quisimos ocultar la inspiración, era una oda. De repente nos dijeron que Juanes quería escucharla. Luego nos dijeron que quería grabar el solo de guitarra. Era como si la inspiración se volviera parte real de la canción”, dice Vásquez. Al final, el disco con todo este viaje musical de TIMØ, no pide una forma correcta de escucharse, ni tampoco solemnidad, pues sus integrantes confirman que se puede escuchar como nazca, desde un sentimiento más sencillo, pero sin perder profundidad.
TIMØ, timo, TIMØ, timo, TIMØ, timo, TIMØ, timo, TIMØ,



