En un escenario donde el amor se negocia con filtros y la identidad se edita con la misma facilidad con la que se publica una historia, aparece Preciosos, la obra, inspirada libremente en Las preciosas ridículas de Molière (histórico dramaturgo francés ), donde recoge esa vieja obsesión humana por aparentar y la traslada al territorio de las redes sociales, donde el deseo de validación tiene luces de neón y aplausos digitales.
Dirigida por Ana María Sánchez y escrita y producida por Kenyely López, la puesta en escena reúne a Hans Martínez, José Daniel Cristancho, Juan Manuel Lenis, Ilenia Antonini y la propia López, con elenco alterno de Roberto Cortés y Laura Rodríguez, además de las actuaciones especiales de la directora y de Walter Luengas.
La historia sigue a dos primas atrapadas en la fantasía del lujo, el estatus y el hombre ideal, quienes caen en una farsa que ellas mismas ayudaron a construir con sus expectativas. Entre música, baile y humor afilado, la comedia avanza hacia un lugar incómodo donde el público reconoce gestos propios, aspiraciones impostadas y pequeñas mentiras que se repiten a diario en la vitrina digital. La risa llega con ligereza y se queda con una pregunta que no se formula en voz alta.
Preciosos se presenta todos los viernes a las ocho de la noche y los sábados a las ocho y treinta en el Teatro Santafé, en el corazón de Bogotá, como una invitación a mirarse en ese espejo teatral que, con humor, recuerda que en el amor y en las redes todos rozamos el ridículo.
En conversación con Diners, Ana María Sánchez habla sobre cómo las conductas que vemos a diario en redes dejaron de ser anécdota para convertirse en materia teatral, sobre el autoengaño que atraviesa la obra y sobre la risa como una forma urgente de entender el tiempo que habitamos.
¿En qué momento dijiste que esas conductas cotidianas que vemos en redes sociales dejaban de ser anecdóticas y se convertían en material teatral?
Tengo un personaje que se llama Greta Garbimba, creado hace muchos años, que nace de esa mirada personal que tengo sobre muchas cosas que pasan en redes. Cuando Jerry Locres me llamó para este proyecto y pensé en Las preciosas ridículas de Molière, sentí que todo dialogaba con nuestro presente y con la manera en que hoy habitamos las redes y el mundo.
¿Desde la dirección, cómo trabajaste esa idea del autoengaño que atraviesa la obra?
El autoengaño es enorme y los personajes necesitan creer en una mentira que termina resultando evidente. Nuestras protagonistas están inmersas en un engaño tan grande que, por momentos, parece visible para todos menos para ellas. Queremos creer con tanta fuerza que terminamos convenciéndonos de lo que no es cierto.
¿Cómo logras ese equilibrio entre el humor y la crítica, donde el público se ríe pero también se reconoce?
El humor nace del género mismo de la obra, que es grotesco y tiene mucho de clown. Yo veo demasiada farsa en el mundo actual, incluso en la política global. Nos estamos comportando como personajes de farsa y eso ya tiene algo profundamente gracioso. La farsa, en sí misma, es muy cómica.

¿Durante el proceso creativo, hubo aportes del elenco que terminaron entrando en la obra?
Siempre. Tengo actores muy creativos que confiaron en la propuesta, incluso cuando algo les parecía extraño. Con el tiempo lo fueron incorporando, entendiendo y también proponiendo ideas que a mí me fascinan. Esto ha sido una conversación constante. Como actriz que he sido toda la vida, comprendo muy bien su trabajo.
¿Cómo fue dirigir a un elenco con tanta experiencia y con la sensibilidad que exige esta obra?
Fue maravilloso. Cada uno aporta algo muy valioso. Construyeron personajes muy divertidos y, al mismo tiempo, muy cercanos a esa imagen ideal que se proyecta en redes, personas atractivas, exitosas, ingeniosas. Son personajes que el público tiene que ir a ver.
¿Después de ver la obra, qué te gustaría que el público se lleve a casa?
Que quieran volver y que se queden pensando en cómo estamos viviendo. El humor también nos salva. Estamos en tiempos complejos y reírse resulta necesario.
¿Es más difícil hacer comedia en una época donde cualquier referencia puede ofender?
Si no nos ofendemos con cosas muy duras que ocurren a diario, resulta extraño ofenderse por una comedia. Nada es personal. Tomar distancia y observar cómo vivimos ayuda mucho. La comedia siempre ha sido un espejo de los vicios humanos desde que nació el teatro. Habla de la avaricia, la gula, el deseo, la pereza. Eso viene desde los clásicos.
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