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febrero 13, 2012
Cultura

Comienza el Festival de las Artes en Barranquilla

El Carnaval de las Artes cumplió seis años. Su ejemplo es digno de replicarse en el mundo: promueve la fiesta de las artes, la alegría de la cultura y la integración entre la parranda y la creatividad
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Solo en Barranquilla le creen por igual a la palabra y a la posibilidad de celebrar una fiesta alrededor de ella. De ese matrimonio nació en 2007, el primer Carnaval Internacional de Las Artes, -organizado por la Fundación La Cueva y con el auspicio de la empresa privada- que en su primer año trajo a uno de los más grandes intelectuales de América Latina para que lo inaugurara. Se trataba del desaparecido Carlos Monsivais, quien abrió la primera edición de esta fiesta del arte, que ya llega a su sexta versión.

Desde entonces, en el teatro Amira de la Rosa se vivirían irrepetibles momentos, como aquel en que Roberto Fontanarrosa bromeaba animadamente con su contertulio Daniel Samper Pizano, un año antes de su dolorosa partida. Fresco está el recuerdo de la Tongolele, la sexagenaria diva, aun con los bríos necesarios para sacudir las caderas y despertar en sus viejos fanáticos ese mismo fervor de cuando la diva aparecía en la pantalla de alguna vieja película mexicana treinta años atrás. O la aparición del vaquero norteamericano que cantaba salsa llamado Ned Sublette.

Treinta años tuvieron que pasar para que Silvia Kristell aterrizara en el Caribe, todavía hermosa, aún con ese brillo en sus famosos ojos verdes, y aunque ya no era la misma joven que despertaba toda clase de sensaciones al aparecer en la pantalla, todavía, mientras conversaba con Camilo Duran Casas, podía adivinarse en sus gestos a la misma Emanuelle que debutó en el cine en 1974. También se recuerda al polémico Pedro Lemebel, performer y escritor chileno sobreviviente de la dictadura de Pinochet, al que ovacionaron de pie mientras leía su manifiesto, montado encima de unos altísimos tacones dorados; o un Fernando Vallejo tranquilo, sentado al piano, tocando una pieza de Bach. Estas cosas solo podían ocurrir en Barranquilla porque el Carnaval hace todo posible. En otros lados se habla. Acá se vive. Y como Carnaval que se respete, se goza.
Y en 2012

En 2012, el VI Carnaval Internacional de Las Artes trajo más reflexión y espectáculos. Del 8 al 12 de febrero Barranquilla fue visitada por un de artistas que hicieron de esos cuatro días una aventura cultural, entre palabras, música y máscaras que ratificaron a este evento el más feliz de Colombia. La gran homenajeada fue Esthercita Forero, la eterna novia de Barranquilla, quien estuvo en espíritu presente, al lado de figuras de la canción que en sus propias voces rindieron tributo a la más querida de las compositoras colombianas. El cronista más respetado, Alberto Salcedo Ramos, fue coronado con el Tocado Literario de las Artes, con lo que asumió el título que el año pasado recayó sobre William Ospina.

Desde Cuba llegó una leyenda del cabaret. Luego de recorrer los escenarios por cuarenta años, la siempre bella Rosita Fornés enamoró con su voz y presencia escénica. La bomba dominicana Milly Quezada puso a bailar con su carisma y su voz festiva. Desde Argentina y México dos mujeres se juntaron y fueron más explosivas que la nitroglicerina: Liliana Felipe y Jesusa Rodríguez dieron un show donde el cabaret, la sátira feminista y aires como el tango y el danzón mandaron la parada.

Fernando Trueba, ganador del Oscar en 1992 a la mejor película de habla extranjera por Belle Epoque estuvo por primera vez en Barranquilla. Trueba habló sobre su aproximación a la cultura del Caribe a través de sus obras. También asistieron dos grandes plumas de la escena latinoamericana: el mexicano Juan Villoro, periodista y novelista cuya popularidad se disparó en 2004 cuando recibió el premio Herralde de novela por El testigo, y Eduardo Lago, prosista español, ganador del prestigioso premio Nadal de narrativa. Lo mejor para ellos no fue asistir al evento. Sino ver que estaban en medio de una fiesta, y que entre la multitud sobresalían personas disfrazadas de Hugo Chávez, George Bush o Fanny Mikey. Era el ambiente festivo de un evento que invita a la gente a disfrazarse de Carnaval y a gozarse la cultura como la fiesta que es.

Corría el año 2007. La fundación La Cueva, con el auspicio de la empresa privada, llevó a cabo una de las empresas más difíciles en una ciudad que aparentemente le daba la espalda al arte, pero que contradictoriamente había sido, por excelencia, uno de los lugares más ricos en expresiones culturales en Colombia. El plan consistía en que durante cuatro días la ciudad fuera intervenida por creadores venidos de diferentes latitudes, artistas que compartirían con la gente todos sus conocimientos a la hora de crear sus obras. ¿Cómo ponerlo en marcha? El periodismo en vivo sería el combustible que pondría a navegar a este titánico barco.

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