El verdadero fin del mundo ocurre cuando la humanidad se despoja de la empatía y el respeto por el otro. En Exterminio: el templo de huesos, llega para mostrarnos ese futuro cercano e incómodo donde la violencia deja de ser espectáculo para convertirse en un espejo áspero, un espejo que devuelve preguntas más que respuestas y que incomoda por la claridad con la que retrata la adaptación moral al desastre.
En Extermino la evolución, su vertiginoso regreso a un Reino Unido ficticio destruido por el virus de la furia, el cineasta Danny Boyle y el guionista Alex Garland no solo crearon un nuevo grupo de personajes que habían aprendido a vivir con las limitaciones de esa plaga, sino que imaginaron cómo los propios infectados se fueron adaptando a los nuevos contextos para no desaparecer, un gesto narrativo que desplazó el foco desde el miedo inmediato hacia la transformación lenta y persistente de una sociedad que ya no recuerda cómo era antes del colapso. Esa película dejó interrogantes abiertos, silencios deliberados y la sensación de que el universo de Exterminio aún tenía capas por explorar.
A Boyle y Garland, que dejaron muchos interrogantes sin responder en esa nueva película, los relevará en esta saga Nia DaCosta, directora de El templo de huesos, una elección que no parece casual cuando se observa la atención que la cineasta presta a los vínculos rotos, al terror que nace de la intimidad y a la violencia como herencia cultural más que como anomalía.
Nuevos rostros y viejas amenazas
La película recuperará personajes como el joven Spike, el doctor Kelson y Sansón, variante alfa del virus, a quienes se sumarán el brutal Jimmy Cristal y su culto, una comunidad que entiende la devastación como oportunidad para imponer una lógica de fe torcida y poder primitivo.
En ese cruce de personajes se configura un relato donde la amenaza no proviene únicamente del virus, sino de las estructuras humanas que resurgen cuando las leyes desaparecen y la supervivencia se convierte en excusa para cualquier exceso. Exterminio el templo de huesos, Exterminio el templo de huesos
Según los planes de Boyle y Garland, esta sería la segunda parte de una trilogía que, en su próxima entrega, contaría con el regreso del protagonista de 28 días después, la historia con la que se inició todo Jim, encarnado por el irlandés Cillian Murphy, una promesa que conecta este nuevo capítulo con el origen emocional de la saga y refuerza la idea de un relato pensado a largo plazo, más interesado en la evolución de sus personajes que en el impacto inmediato del horror. Exterminio el templo de huesos
De esta forma, la directora Nia Dacosta asume así un mundo narrativo con reglas claras y cicatrices profundas, un terreno fértil para desplegar una mirada autoral que ya ha demostrado su capacidad para resignificar mitologías conocidas sin traicionar su esencia.
El horror como conflicto humano
Peter Bradshaw de The Guardian comenta que “El siempre un poco aburrido tema del zombiismo pierde importancia, y lo que importa es el conflicto entre seres humanos conscientes. Incluso el único zombi importante aquí es interesante porque se está transformando en algo más”.
En esa observación se condensa una de las claves de El templo de huesos, la decisión de desplazar el miedo del monstruo hacia la relación entre personas que aún piensan, recuerdan y eligen.
El mismo Bradshaw añade que “Esta es una película emocionante, directa y enérgica, aunque muy macabra, en la que hay peligro y conflicto humano real. Los personajes que no son zombis son más cinematográficos”, una afirmación que subraya cómo la tensión surge del choque de voluntades, de la fragilidad ética y de la necesidad de pertenecer a algo incluso cuando ese algo está construido sobre la violencia.
La mirada de un estadounidense Exterminio el templo de huesos
Johnny Oleksinski, crítico del New York Post, escribe que “DaCosta tiene un verdadero don para el miedo, después de haber hecho un excelente trabajo al traer Candyman al siglo XXI en 2021. No oculta mucho con su hermosa e implacable dirección mientras nos hace estremecer y decir Oh. My. God una y otra vez”. Esa mezcla de belleza visual y brutalidad emocional se percibe como una extensión natural del universo Exterminio, donde la estética nunca suaviza el golpe y cada encuadre parece pensado para incomodar.
Oleksinski remata con una frase que funciona como declaración de principios “Sin embargo, prefiero una película que te deje con ganas de más a una que te deje con ganas de una lobotomía”, una defensa de un cine de terror que confía en la inteligencia del espectador y que entiende la perturbación como experiencia reflexiva. Exterminio el templo de huesos, Exterminio el templo de huesos, Exterminio el templo de huesos


