Foto: cortesía de Johann García
mayo 26, 2026
Cultura Arte y Libros

Ave Negra Cómics: contracultura, metal y cómic colombiano desde Bogotá

Johann García, cofundador de AVE NEGRA COMICS, reflexiona sobre la identidad del cómic colombiano, la influencia del metal y la creación de historias que mezclan crítica social, cultura latinoamericana y fantasía desde Bogotá.
POR:
Revista Diners

En un panorama donde el arte y las novelas ilustradas están cada vez tomando más campo, Ave Negra Cómics se ha convertido en una de las propuestas independientes más innovadoras y únicas en Bogotá. Esta editorial es un colectivo artístico bogotano, creado por los hermanos Johann y David García. Algunas de sus obras son Corpus Christi, Las Aventuras de Trigrillo, Saic: El Esclavo de las Sombras, entre otros. Con una estética urbana y bien característica, los artistas buscan narrar algo distinto que funcione para que los lectores cuestionen. En una conversación con Johann García nos contó sus inspiraciones y su origen en el mundo del cómic.

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Autor Johann García. Foto: cortesía de Johann García

¿Cómo nace AVE NEGRA COMICS?

Nosotros llevamos 16 años trabajando en cómic en Colombia y recuerdo que empecé a hacer historietas precisamente por la ausencia de historietas colombianas. En esa época empecé a leer títulos como Spawn, The Darkness y Witchblade, que publicaba Editorial Vid. Por alguna razón trajeron muchísimos a Colombia y se conseguían fácil en el centro y en otras partes. Eran cómics oscuros, urbanos, contestatarios y polémicos, porque abordaban temas como la religión, el cielo o el infierno, y eso me llamó muchísimo la atención.

Además, coincidió con el auge del metal. A nosotros nos gustaba mucho el rock and roll y el heavy metal, y siento que son dos artes muy unidas. El metal tiene una estética muy visual y esa estética se traducía perfectamente en esos cómics que yo leía.

Entonces empecé a meterme más en ese mundo, pero la mayoría de cómics de superhéroes no me gustaban mucho. Y cuando busqué cómic colombiano me llevé la sorpresa de que casi no había. O eran muy difíciles de encontrar o aparecían apenas en pequeñas ferias o espacios muy de nicho. Los autores sacaban tirajes de 100 o 200 copias y eso llegaba a muy pocas manos. Ahí fue cuando dije: bueno, hay una intención, ¿por qué no hacerlo nosotros?

Con mi hermano, que es cofundador de la editorial, empezamos a crear personajes e historias. En esa época viajé a Estados Unidos y vivía en Pasadena. Allá encontré una tienda enorme de cómics, llena de historietas independientes, y ahí entendí que el mundo del cómic era muchísimo más grande que Marvel o DC. Vi que también se podía imprimir y publicar de forma independiente, y regresé a Colombia con la idea de hacer historieta colombiana.

¿Qué temas se querían reflejar en su trabajo?

Queríamos hablar de lo que pasaba en el país: corrupción, falsos positivos y muchas otras problemáticas que nos afectan a todos. Sentíamos que la historieta era un medio muy versátil y eficaz para contar esas ideas. Así arrancó AVE NEGRA COMICS. Los primeros personajes nacieron de adaptar mitos y leyendas colombianas al formato del cómic y eso tuvo muy buena acogida.

También empezamos a preguntarnos cómo conectar con el público. Nosotros éramos muy fanáticos de Kraken y nos dimos cuenta de que era una banda que atravesaba generaciones: la escuchaban nuestros papás, nosotros y también los más jóvenes. Entonces empezamos a analizar qué tenía esa música que lograba conectar con tanta gente.

Nos dimos cuenta de que las letras hablaban mucho de sentirse latinoamericano, de valorar las raíces y la identidad, y eso conectaba mucho con nosotros porque yo también vengo de una raíz campesina. La mitad de mi familia es de Bogotá y la otra viene de pueblos como La Paz o Guaduas, así que siempre he sentido ese vínculo con el territorio. Queríamos que el cómic también tuviera esa afinidad con la gente y nos dio resultado.

Fuimos parte de esa generación que empezó a abrir espacios para el cómic colombiano en ferias y eventos. Poco a poco empezamos a mostrar que sí se podía hacer historieta en Colombia y eso motivó a muchos otros artistas. Hoy hay muchísima más gente haciendo cómic y eso es muy bonito de ver.

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Su propuesta tiene una estética muy urbana y profundamente latinoamericana. ¿Por qué ustedes decidieron alejarse de modelos más tradicionales del cómic internacional, como el superhéroe clásico?

Siempre me ha gustado la fantasía, me ha gustado el tema de la ficción y la fantasía. Sin embargo, no adoptamos los superhéroes, es porque en un contexto latinoamericano el héroe convencional no tiene verosimilitud. Es decir, el Capitán América o Superman, son más un estereotipo de un ser perfecto, bondadoso, bueno, que no existe.

Tú te pones a mirar, todas las personas tienen matices, tienen grises, blancos y negros. Ninguno es completamente bueno o ninguno es completamente malo. Yo lo asocio a una forma más de trabajo psicológico sobre los demás, porque ellos representan a Estados Unidos y Estados Unidos siempre te va a vender la idea de que es el bueno del planeta, de que él salva el planeta.

Entonces, es más un tema geopolítico, social, cultural, donde nosotros somos más y ustedes son menos. Y fíjate también en los enemigos de ellos, los enemigos de esos superhéroes, son otro tipo de estereotipos en los que también acaban los latinos. Esos superhéroes no son nuestros superhéroes, son los superhéroes de ellos para vender una idea de superioridad moral, ética y también de poder militar, político, económico.

Los medios de comunicación dicen básicamente a quién debes amar, a quién debes odiar, qué debes creer, qué no debes creer, y la gente lo asume. Por eso nosotros también tomamos el cómic como una forma de contracultura, de contrarespuesta a toda esa bombardeo de información.

Esa contraposición hace que la gente ponga en una balanza todo lo que cree, todo lo que piensa, y diga: «no, pero no me he cuestionado si eso está bien, si eso está mal». Y entonces, por eso, nosotros decimos que no somos héroes o nos alejamos de ese estereotipo del héroe norteamericano y empezamos a crear estereotipos de héroes latinoamericanos desde nuestra cultura.

Su trabajo tiene una intención crítica y formativa, pero desde la ficción y la cultura popular. ¿Qué referentes artísticos o narrativos han marcado la identidad de AVE NEGRA COMICS?

Gabriel García Márquez es uno de los artistas que nos ha influenciado a todos. Con obras como 100 años de soledad y otras, son obras que uno también estudia y a mí, en particular, me gustaron mucho. Todo el tema de Macondo me voló la cabeza, como él une el realismo mágico con la realidad colombiana de la época y con elementos fantásticos que le dan a la historia ese toque completamente surreal.

Otro artista importante es Kraken junto con otras bandas de metal. Y en cuanto a películas, yo soy más del corte de fantasía. Me gusta mucho El Señor de los Anillos, toda la obra de Tolkien y los libros con los que prácticamente crecí. Ya después, cuando empecé a formarme como artista, empecé también a empaparme de muchas otras referencias y ahí fue cuando me metí de lleno en el mundo de los artistas de cómic como tal.

Hay una obra que me encanta de Sean Murphy, Punk Rock Jesus, donde extraen ADN del sudario de Cristo y clonan a Jesucristo. Entonces se genera una guerra entre quienes adoran a ese nuevo Cristo, porque biológicamente sería Cristo, y quienes creen que es el anticristo por haber nacido de una clonación. Ahí se cruzan temas científicos, religiosos y fanáticos de una forma muy interesante.

Al final, Cristo es un niño que crece in vitro y cuando llega a la adolescencia simplemente quiere ser él mismo. Forma una banda de punk y se va de gira por Estados Unidos, pero tiene que andar con guardaespaldas porque los fanáticos religiosos quieren asesinarlo. Ese tipo de historias me hicieron pensar hasta dónde puede llegar la historieta y todo lo que se puede abordar desde ahí.

De hecho, a partir de esas influencias estoy publicando un cómic que se llama Corpus Christi. La historia imagina el regreso de Cristo a la Tierra, pero llegando a Bogotá. Él cae en pleno centro de la ciudad, como si fuera un meteorito, y empieza a deambular por las calles. La gente no lo reconoce como el Mesías, sino como un vagabundo o un loco. La policía lo persigue, se pierde en la ciudad y finalmente se encuentra con Saic, el protagonista de la historia, con quien empieza a recorrer Bogotá casi como un turista.

Entonces la idea es tomar todas esas cosas que nos han enseñado y ponerlas en duda, preguntarse si realmente creemos en ellas o si podemos mirar las cosas desde otro lugar. Y aunque la temática es fuerte, la reacción de la gente ha sido muy buena. Lo leen jóvenes, adultos, señoras, niños, y más que molestarse, sienten curiosidad por la historia.

Creo que todas esas influencias de la música, el cine, la literatura y otros artes terminan reflejándose en nuestras obras.

Más allá de Corpus Christi, ¿dirías que la propuesta de AVE NEGRA COMICS busca ser profundamente local o conectar desde temas universales?

Son las dos. Tengo obras muy dirigidas al público colombiano, pero también otros trabajos recientes con temas mucho más universales. Mira Coco, por ejemplo. Habla completamente sobre el Día de Muertos en México, pero si la ven en China, en Japón o en cualquier otro lugar, la entienden y conectan con ella, aunque pertenezca a otra cultura.

Nosotros recientemente lanzamos un libro que se llama Tigrillo, una aventura en miniatura. Tigrillo es uno de nuestros personajes y este sí es un superhéroe. Nació de un reto entre artistas porque siempre discutíamos si podían existir superhéroes latinoamericanos o no, por lo menos como los héroes gringos.

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Pagina de Tigrillo, una aventura en miniatura. Foto: Cortesía de Johann García

Entonces dije: hagamos un superhéroe colombiano a ver qué pasa. Y cuando empecé a diseñarlo, empecé también a desmontar el modelo clásico: no iba a ser musculoso, no iba a medir dos metros. Quería que fuera un niño común y corriente. Un personaje pequeño, frágil, inocente, pero con habilidades.

El símbolo del tigrillo salió de la fauna colombiana. Investigando descubrí que es una especie muy importante para el ecosistema porque controla poblaciones de otros animales; si desaparece, el equilibrio se rompe. Y me gustó esa idea como símbolo del personaje.

Además, al ser un niño, me permite mirar el mundo desde otra perspectiva. Hay cosas que nosotros normalizamos o vemos muy complejas y un niño las entiende de una manera mucho más simple y directa. Eso trato de reflejar en él.

También me gusta pensar el personaje desde algo que decía Roberto Gómez Bolaños sobre el Chapulín Colorado: que era una parodia del superhéroe gringo porque no era todopoderoso, sino débil, vulnerable, inocente, pero con mucho corazón y valentía. Y siento que eso representa bastante bien a los latinoamericanos. Nosotros no seremos invencibles, pero sí tenemos empuje y creatividad para salir adelante.

Con Tigrillo quisimos contar una historia situada en los humedales de Suba. La publicamos gracias a la beca Más Cultura Local y surgió a partir de toda la crisis de sequía y racionamiento que vivió Bogotá. Era extraño porque llovía muchísimo, pero la ciudad seguía quedándose sin agua. Eso nos llevó a preguntarnos qué estaba pasando con el territorio y con la forma en que se ha construido Bogotá.

Investigando descubrimos que ya no queda ni el 3 % de los humedales originales de la ciudad. Bogotá arrasó gran parte de esos ecosistemas que eran fundamentales para regular el agua y el clima. También encontramos relatos muiscas sobre una gran laguna que existía en la sabana.

Entonces construimos una historia donde Tigrillo es reducido a miniatura y recorre los humedales encontrándose con especies endémicas como la culebra sabanera, el pez capitán, búhos, colibríes y otros animales que mucha gente ni siquiera sabe que existen en Bogotá.

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Portada del comic Tigrillo, una aventura en miniatura. Foto: Cortesía de Johann García

A través de esa aventura mostramos la biodiversidad, la importancia de los humedales y también las amenazas que enfrentan. La historia es muy bogotana y muy territorial, pero está contada de una forma que cualquier persona puede entenderla, sin importar dónde viva.

Eso es lo que buscamos con nuestras historias: que resalten una cultura, un lugar y una identidad, pero que al mismo tiempo sean universales. Por eso evitamos usar demasiadas expresiones locales o jerga muy específica. Tratamos de manejar un español más neutro para que un lector en México, Argentina o cualquier otro país pueda disfrutar la historia sin perder la esencia.

Desde que nació AVE NEGRA COMICS hasta hoy, ¿cómo ha evolucionado la visión o el propósito de la editorial?

La mayor evolución ha sido el crecimiento en las publicaciones. Pasamos de sacar un cómic de 20 páginas a tener ya varios libros e historias completas. Ese crecimiento se ha visto tanto en el público como en la misma editorial, aunque todavía falta muchísimo, porque realmente no teníamos referentes ni modelos a seguir, así que nos tocó inventarnos casi todo desde cero.

Además, como el cómic sigue siendo un tema muy de nicho, incluso había vacíos legales. Por ejemplo, cuando fuimos a registrar las obras en derechos de autor, no sabían cómo registrar un cómic. La parte ilustrada iba por un lado y la escrita por otro, pero no existía una categoría específica para historieta. Y todavía hay huecos ahí. Ahora incluso hay abogados que se están especializando en eso porque encontraron ese vacío y han ido creciendo junto con nosotros.

Hace poco, por ejemplo, compramos derechos de explotación de unos personajes y también surgió la pregunta de cómo se hace eso en Colombia. En otros países el personaje funciona casi como una marca; acá todavía todo se maneja diferente y se siguen creando nuevas formas de hacer las cosas.

Y en la medida en que nosotros hemos crecido, también lo ha hecho el ecosistema del cómic alrededor. Empiezan a aparecer más colectivos, más editoriales; unas crecen, otras desaparecen. Pero creo que uno de los cambios más grandes fue apropiarnos del pabellón de Corferias. Antes era el pabellón de diseño gráfico y caricatura, y junto con mi hermano y otros compañeros empezamos un proceso para que se convirtiera en el pabellón de cómic, novela gráfica y fanzine.

Ahora que el cómic colombiano está ganando más espacio en eventos como la FILBo o SOFA, ¿cómo percibes el recibimiento del público?

Después de la Feria del Libro siempre hacemos reuniones y charlas con otros autores para compartir cómo nos fue. Y, por lo que tengo entendido, este año a muchos les fue bien, lo cual es importante porque ir a una feria tan grande implica una inversión muy costosa. Nosotros, como artistas independientes, no podemos ir solamente a promocionarnos; sí o sí necesitamos vender y recuperar la inversión.

En años anteriores vi casos de artistas que iban con stands enormes y después no regresaban porque no podían sostener esos gastos, o pasaban de tener un gran espacio a una mesita pequeña. Pero al mismo tiempo han empezado a surgir muchísimas propuestas nuevas, nuevas narrativas, estilos visuales y generaciones de autores muy jóvenes, pelados de 15, 16 o 20 años que llegan con mucha energía y cosas completamente distintas.

Entonces uno sí se da cuenta de que hay crecimiento e interés, tanto del público como de los mismos creadores. Y eso se nota mucho en el pabellón de cómic de la FILBo, que para mí se volvió un medidor del interés del público bogotano por la historieta.

Hace años el atractivo del pabellón eran los caricaturistas: la gente subía a hacerse retratos y recorría la feria con su caricatura en la mano. Ahora ya no. Ahora la gente sube a comprar historietas, a preguntar si sacaste algo nuevo, a buscar cómic nacional y nuevas historias latinoamericanas.

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