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La revolución del K-POP, un éxito más allá de un género musical

¿Conoce el K-POP? Este fenómeno musical va más allá de la música e involucra agencias en busca del talento perfecto y una comunidad de fans muy consolidada.

Foto: Cortesía Spotify

¿Conoce el K-POP? Este fenómeno musical va más allá de la música e involucra agencias en busca del talento perfecto y una comunidad de fans muy consolidada.

En abril de 1992, el compositor Jeong Hyeon Cheol, conocido como Seo Taiji, presentó su nueva propuesta musical en el programa de talentos MBC, una exploración de sonidos MIDI mezclados con ritmos occidentales como rap, rock, pop y techno. Bajista hasta un año antes de la agrupación de heavy metal Sinawe, estrenaba un nuevo formato en compañía de los bailarines y coristas Yang Hyun-suk y Lee Juno.

Hasta febrero de 2020, BTS ha registrado más de 8 mil millones de reproducciones en Spotify y en 2019 se escuchó más de 3 mil millones de veces.


Con el nombre de Seo Taiji and Boys, el trío se presentó ante los jurados. Se encendieron los reflectores y el escenario iluminó a tres jóvenes de rodillas, uno de ellos soltó un par de frases a capela y junto a un estallido de sintetizadores, se apoderaron del escenario con sus coros, bailes y versos de rap. La música se apagó entre aplausos y ovaciones con una cita directa a C+C Music Factory, agrupación estadounidense de house que para entonces se adueñaba de los primeros puestos en las emisoras: Everybody dance know!

El jurado no se inmutó. Nada de lo que acababa de ver pareció sorprenderlo, tanto así que el trío obtuvo la calificación más baja de la noche. Pero el público había enloquecido durante cinco minutos y el efecto se replicaba. I know, la canción que cantaron esa noche para MBC, siguió sonando y llegó a ser número 1 por diecisiete semanas. La fórmula estaba hecha: rap con temas optimistas, coros que se quedan en la cabeza, letras en coreano, coreografías y una puesta en escena llena de energía. Ese fue el comienzo del K-pop, el fenómeno que mueve la industria de la música en Asia.

Después de la Segunda Guerra Mundial, en Corea del Sur los periódicos, revistas y emisoras de radio estuvieron a disposición de los diferentes gobiernos. En consecuencia, nació la censura para los opositores políticos y la circulación vigilada para la producción musical. En 1990, una vez derogada la Ley de Prensa, la industria musical vivió su propia apertura y recibió los sonidos del resto del mundo. “Decidieron replicar lo que estaba pasando en Estados Unidos: las boy bands, las producciones grandes como Christina Aguilera y Britney Spears, y el auge de las teen pop stars –explica María Elisa Ayerbe, presidenta del ala de productores e ingenieros de la Academia de Grabación, capítulo la Florida–. Pero siempre respondiendo a los valores de producción coreana: todo está medido, planificado y construido rigurosamente”.

Exo es el tercer grupo de K-Pop más escuchado en Colombia a través de Spotify. Cortesía Spotify.


El ascenso y la evolución fueron rápidos: bandas femeninas, bandas masculinas, solistas, géneros occidentales, canciones folclóricas británicas, sonidos de pop japonés y ritmos tradicionales asiáticos. Letras en inglés y en coreano que hablan del amor propio, justicia e igualdad. Un universo completo de música, fans e ídolos.

“No es solo música, es una forma de pensar y de vivir”

El K-pop se ha convertido en un movimiento similar al rock o al punk en Occidente. Sus seguidores se agrupan en clubes de fanáticos llamados fandoms, y los artistas de las diferentes bandas se conocen como idols. Existen tantos fandoms como grupos de K-Pop: los fans de BTS se autodenominan BTS-Army; los seguidores de Seventeen, Carat; los del grupo femenino Twice, Once, y los de EXO, EXO-L.

“No es solo un club de fans, en el BTS-Army yo he encontrado una segunda familia”, dice el neoyorquino Stefan Nam, seguidor del género desde hace doce años. “Nos reunimos para hablar de música, estar al tanto de todo lo que hace BTS y para ver sus presentaciones. A veces, creo que nadie me entiende, que no encajo del todo, y solo en el Army me siento cómodo”.

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Nam tiene 27 años, casi los mismos que sus ídolos. Desde niño ha sido aficionado a los videojuegos en línea. Eso lo ha puesto en diferentes comunidades virtuales y le ha permitido conocer personas de distintos países. Al K-pop llegó gracias a un blog de otakus –aficionados al manga y al anime–, en el que el autor constantemente mencionaba bandas de pop coreano. “Por ahí supe que existían 2NE1, Blackpink y Girls Generation. Me gustó su estética, la energía que tenían y me fui quedando”, dice.

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Los grupos de K-pop han sido diseñados a la medida: canciones de alta recordación, cuerpos atractivos, activismo social y cercanía con el público. Cortesía Spotify.


Desde 2015 se cuenta entre los fanáticos de BTS y es miembro activo del Army. Se reúne con otros fans para ver sus videos, escuchar sus canciones y comentar sus declaraciones de prensa. Participa activamente de todas sus campañas y repasa los “fanchats”, cantos escritos por las compañías para que los seguidores entonen durante los conciertos cuando los artistas les extiendan sus micrófonos. “No es solo música, es una forma de pensar y de vivir”, asegura Nam.

El pop coreano habla de lo que su país suele callar

En 2017 un capitán del ejército surcoreano fue condenado a pasar seis meses en prisión por enamorarse de otro hombre. Como era un oficial sin faltas de disciplina, que llegó a las fuerzas militares para prestar el servicio de dos años al que obliga su país, y fue ascendiendo entre rangos hasta llegar a los más altos, los tribunales fueron benevolentes: el capitán no iría a la cárcel, solo sería suspendido por un año y dado de baja deshonrosamente. Todo con la condición de no incurrir en sus faltas “homosexuales y sodomitas”, según el ejército surcoreano. De lo contrario, iría a prisión con una pena extendida.

Los derechos LGBT en Corea del Sur son un área gris. Las relaciones entre personas del mismo sexo no se castigan, pero las uniones civiles son ilegales. Según la última encuesta de Gallup al respecto, el 58 % de los coreanos está en contra del matrimonio LGBT, y el código penal militar castiga las relaciones entre parejas del mismo sexo, consentidas o no, con hasta dos años de cárcel.

Han pasado tres años desde el incidente del capitán y la situación es la misma. Dentro, las normas siguen inconclusas y abundan los prejuicios. Pero aun así, hay quienes han logrado sentar protestas públicas desde acciones simbólicas. BTS, una de las bandas más reconocidas de pop coreano en la actualidad, fue embajadora de buena voluntad en la Asamblea de Naciones Unidas, celebrada en septiembre de 2018. “No importa de dónde eres, qué color de piel tienes o cuál es tu identidad de género. Solo importa que ames a los demás y te ames a ti mismo”, dijo RM, líder del grupo, durante su discurso.

Fue una acción simple pero contundente: hablar de respeto a la identidad de género mientras en su país la identidad de género no existe. Ellos no han sido los únicos. Durante el Gay Pride de Seúl, de 2019, la banda femenina Girl’s Generation interpretó una canción dedicada al orgullo junto al rapero Jerry K, también surcoreano. Ese mismo día, Sunmi, exintegrante del grupo Wonder Girls y ahora solista, apareció envuelta en una bandera arcoíris sobre uno de los escenarios de Ámsterdam. Y la cantante Tiffany Young envió una carta de amor a la comunidad LGBT a través de Billboard. El pop coreano habla de lo que su país suele callar.

Paralelamente, el poder de sus fandoms ha llegado, incluso, a traducirse en acciones políticas. En mayo de este año George Floyd, un hombre negro de 46 años fue asesinado por la policía de Minneapolis. Las voces de protesta se hicieron sentir: #BlackLivesMatter inundó las redes sociales y el racismo apareció en la agenda de todos los debates.

En su defensa, la policía de Dallas pidió a los ciudadanos que publicaran evidencias de actividades ilegales durante las marchas y las etiquetaran como #WhiteLiveMatter y #BlueLiveMatter. El BTS-Army se apoderó de estos hashtags y los llenó con mensajes antirracistas, fotos de sus ídolos y memes. Además, juntos recaudaron un millón de dólares para apoyar el movimiento antidiscriminación, que sumado a las donaciones hechas por la banda, sobrepasó los dos millones.

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La agrupación BTS, durante la Asamblea de Naciones Unidas de 2018, transmitió un mensaje de respeto hacia los demás. Cortesía Unicef.

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Semanas más tarde, Donald Trump presentó el que iba a ser su primer acto de campaña, un mitin multitudinario en Tulsa con el que reafirmaría su deseo de reelegirse como presidente de Estados Unidos. Los fanáticos del K-pop boicotearon sus planes y acordaron, a través de la red social Tik-Tok, reservar el mayor número de entradas sin tener, por supuesto, intenciones de asistir.

Según el departamento de bomberos de Tulsa, de los 19 mil asientos disponibles para el evento, Trump solo logró llenar 6.200. En declaraciones posteriores, Brad Parscale, su jefe prensa, negó que hubiera sido obra de los fandoms tiktokers y culpó a los medios por infundir miedo ante el coronavirus y las protestas.

Presión, drogas y suicidios

La producción de ídolos se hace casi por laboratorio. En Corea del Sur existen tres agencias principales dedicadas a crear bandas exitosas de K-pop: YG, JYP y SM Entertainment. El proceso es largo: cuando los futuros artistas son todavía niños toman clases de danza, teatro, canto, performance e idiomas. Una vez terminadas sus jornadas escolares, asisten a academias de formación que pueden costar hasta 500 dólares al mes.

Cuando son elegidos los aspirantes, por una agencia, ingresan en su respectivo K-pop boot camp y se enlistan en estrictos regímenes de entrenamiento. Viven en dormitorios especiales, con ajustados horarios de clases y reducido contacto con familiares y amigos. De su imagen se encarga la empresa, desde cambios de apariencia, hasta cirugías plásticas y arreglos dentales.

“Los que finalmente escogen para lanzar al mercado terminan siendo los más destacados en todas las categorías de excelencia artística”, cuenta María Elisa Ayerbe. En esencia, cuando un grupo de idols se estrena en público, las agencias han invertido en ellos durante años y los han diseñado según las necesidades de la industria: canciones de alta recordación, cuerpos atractivos, activismo social y cercanía con el público. “Esa relación con los seguidores es clave –dice Ayerbe–. Algunas de las agencias más importantes tienen prohibidas las relaciones sentimentales para sus idols; de esta forma, en el imaginario platónico de los fans, siempre estarán disponibles para ellos”.

Los cantantes de K-Pop se han unido públicamente para luchar por los derechos LGTB. Foto Bikeworldtravel / Shutterstock


Por siete años los artistas son propiedad de sus agencias en términos contractuales. La presión que deben enfrentar es tal que, durante la última década, varios han sido diagnosticados con ansiedad o depresión. En 2017, Kim Jonghyun, líder de la banda SHINee, se suicidó con una sobredosis de antidepresivos luego de confesarle a uno de sus amigos, en una carta, que se sentía exhausto y quería descansar. En octubre de 2019, la cantante Sulli fue encontrada muerta, después de haber sido víctima de ciberacoso y diagnosticada con depresión. Hacia mayo del mismo año, Goo Hara, exintegrante de la agrupación femenina Kara, fue internada en un hospital de Seúl tras un intento de suicidio; seis meses más tarde fue encontrada muerta en su apartamento.

“No me extraña que el sistema de fabricación del K-pop haya sido comparado tantas veces con Los juegos del hambre”, dijo la periodista Jessica Wong en CBC News. Se refiere a la novela de Suzanne Collins en la que niños entre 12 y 18 años compiten en juego de supervivencia, luchando unos contra otros hasta morir.

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Agosto
27 / 2020

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