Entrar a Santa Juana Gastrobar en Bogotá es una experiencia expandida, donde la gastronomía hace parte de todo un universo sensorial. Y es que es imposible no emocionarse como comensal, pues este restaurante se encuentra en una casa patrimonial del barrio Quinta Camacho con detalles para apreciar en su arquitectura, disposición de espacios y hasta en la música, donde todo finalmente converge en un menú de autor, para que sea el gran protagonista de esta atmósfera tan cuidada en la capital.
‘Artronomía’ como punto de partida
El concepto que articula esta propuesta se resume en una palabra que el propio restaurante ha adoptado bajo el nombre de ‘artronomía’, una idea que busca unir gastronomía y arte bajo una misma lógica creativa, donde cada preparación, ambiente y servicio forman parte de un relato sensorial que se activa desde la llegada y se prolonga hasta después del último trago.
En su interior, los comensales encontrarán símbolos que rinden homenaje a Juana de Arco, que no es más que una inspiración narrativa que busca fuerza, expresión y carácter dentro de la línea conceptual del restaurante, que finalmente busca que los comensales encuentren una experiencia gastronómica y cultural.
Una casa con múltiples lecturas
La casa que alberga a Santa Juana se fragmenta en siete ambientes, cada uno con una personalidad marcada, lo que permite que una visita pueda transformarse según el momento del día o el ánimo del comensal, ya sea un desayuno extendido, un almuerzo tranquilo, una cena de celebración o una noche de coctelería que se alarga sin prisa.
Entre estos espacios destaca un bar oculto dedicado a la trufa, concebido como un hallazgo dentro del recorrido, que refuerza la idea de exploración constante y es un lugar que se suele reservar porque suele ser algo singular que no se encuentra dentro de la oferta gastronómica de Quinta Camacho.
El brunch como ritual urbano

La carta es amplia y cambiante, diseñada para acompañar diferentes horarios y estados de ánimo. El brunch, por ejemplo, ocupa un lugar central dentro de la propuesta, con platos que reinterpretan clásicos contemporáneos a través de ingredientes bien seleccionados y presentaciones cuidadas.
Aparecen tostadas con huevos pochados, salmón o prosciutto sobre panes artesanales, bowls de frutas y semillas combinados con yogures, granolas y cremas especiadas, además de waffles y pancakes que se han convertido en uno de los elementos más reconocibles del lugar por su diversidad de sabores y su estética pensada para ser compartida y fotografiada.
A medida que avanza el día, el menú se desplaza hacia entradas frías y crocantes, ceviches reinterpretados con leche de tigre de coco, preparaciones inspiradas en el sushi y platos que funcionan como antesala de propuestas más complejas.
Las pastas, los arroces y los platos fuertes revelan los gustos de Santa Juana, es decir, una influencia latina, mediterránea y asiática, con técnicas contemporáneas y combinaciones que buscan equilibrio entre intensidad y sutileza.
También hay arroces cremosos con mariscos, preparaciones con camarones, cortes de carne acompañados por salsas elaboradas a partir de miso, ponzu o reducciones aromáticas, y guarniciones que aportan contraste de texturas.
La barra como extensión del relato
La coctelería cumple un papel protagónico dentro de la experiencia. La barra propone bebidas de autor que dialogan con la cocina y prolongan el recorrido sensorial. En Santa Juana se usan destilados clásicos y locales, así como frutas frescas, hierbas y notas especiadas.
Pida las margaritas reinterpretadas, los cocteles con mezcal o los de aguardiente, que retan el paladar y están pensados tanto para acompañar la comida como para disfrutar la noche entre amigos.
De esta forma, Santa Juana Gastrobar se presenta como un restaurante que apuesta por la experiencia total, donde comer y beber se entienden como un acto que se puede disfrutar dentro de un lugar que sorprende por el cuidado al detalle y el servicio a la mesa.
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