La llegada de Hamnet a las salas de cine abre una puerta singular hacia la intimidad de uno de los nombres más citados de la literatura occidental, no desde el pedestal del genio teatral ni desde la repetición de sus versos más conocidos, sino desde la herida doméstica que atravesó su vida y que, con el paso del tiempo, terminó filtrándose en su obra.
La película dirigida por Chloé Zhao propone una mirada pausada y profundamente humana sobre el duelo, la memoria y la creación artística, apoyada en una novela que desde su publicación en 2020 se convirtió en un fenómeno literario por su capacidad de reimaginar el pasado sin traicionar su densidad emocional.
Maggie O’Farrell, escritora norirlandesa reconocida por su sensibilidad narrativa y su atención a los vínculos familiares, publicó Hamnet como un cruce entre la investigación histórica y la ficción literaria, con una prosa que se permite llenar los silencios que la biografía oficial de William Shakespeare dejó abiertos.
El punto de partida es la muerte de Hamnet, el hijo pequeño del dramaturgo y de su esposa Agnes, un acontecimiento documentado que en la novela adquiere un peso central y se convierte en el eje emocional de la historia. O’Farrell desplaza el foco habitual del escritor hacia Agnes, una mujer profundamente conectada con la naturaleza, con el mundo doméstico y con el conocimiento de las plantas y sus poderes curativos, y construye desde allí una narración que entiende el duelo como una experiencia compartida y transformadora.
Chloé Zhao y el salto al cine
La adaptación cinematográfica de Hamnet reúne a O’Farrell con Chloé Zhao, directora que alcanzó reconocimiento mundial con Nomadland y que ha construido una filmografía marcada por la observación paciente de los personajes y por una relación muy estrecha entre paisaje y estado emocional.
En esta película, Zhao se apropia del material literario sin buscar el gesto solemne del drama de época y apuesta por una puesta en escena contenida que privilegia los silencios, los gestos mínimos y la vida cotidiana como escenario del dolor. El resultado es una obra que se sostiene en el ritmo interno de sus personajes y en una mirada que evita la grandilocuencia para concentrarse en la intimidad de la pérdida.
Jessie Buckley encarna a Agnes con una presencia magnética que domina la película desde sus primeras apariciones, construyendo un personaje complejo que se mueve entre la fortaleza y la fragilidad, entre el conocimiento intuitivo del mundo natural y la devastación que provoca la muerte de un hijo.
Frente a ella, Paul Mescal interpreta a William Shakespeare desde una dimensión más terrenal, lejos del mito, como un hombre dividido entre su vida familiar y su trabajo en el teatro, con ausencias prolongadas que terminan adquiriendo un peso trágico cuando la enfermedad irrumpe en el hogar. La relación entre ambos personajes se desarrolla con una tensión emocional constante que atraviesa toda la película y que sostiene su carga dramática.
La música como extensión del duelo

Uno de los elementos más decisivos de Hamnet es su banda sonora compuesta por Max Richter, músico conocido por piezas de una intensidad emocional profunda como On the Nature of Daylight. Su trabajo acompaña la narración con una música que parece respirar junto a los personajes, sin imponerse sobre las imágenes, y que funciona como una extensión del duelo que atraviesa a Agnes y a Shakespeare. La combinación entre la mirada de Zhao y la música de Richter construye una atmósfera que envuelve al espectador y refuerza el carácter contemplativo de la película.
La película aborda la génesis de una de las tragedias más conocidas de la historia del teatro desde un lugar íntimo y doloroso, al sugerir cómo la experiencia de perder a Hamnet se transforma con el tiempo en materia creativa y termina dando forma a Hamlet.
Este tránsito no se presenta como una explicación cerrada ni como una tesis definitiva, sino como una reflexión sensible sobre la manera en que el arte nace de la experiencia humana y de las marcas que deja el sufrimiento. En ese gesto, Hamnet propone una lectura distinta del legado de Shakespeare y lo devuelve a una dimensión profundamente humana.
Una apuesta para la temporada de premios

Desde antes de su estreno, Hamnet ha sido señalada como una de las producciones con mayor proyección en la temporada de premios, tanto por el prestigio de sus responsables como por la solidez de su propuesta artística.
Más allá de reconocimientos específicos, la película se instala como una obra que dialoga con el presente al hablar del duelo, de la familia y de la creación, temas que conservan una vigencia incuestionable. En su paso por los cines, Hamnet se ofrece como una experiencia que invita a mirar el pasado con una sensibilidad contemporánea y a reconocer en la tragedia personal el origen de algunas de las obras más perdurables de la cultura occidental.


