En redes sociales todo el mundo habla de DosLugares. Y lo hacen con una insistencia poco común en estos días. En los comentarios se repiten las mismas ideas sobre lo bueno del sabor, la atención, la abundancia de los platos y lo ‘instagrameable’ de cada mesa. De ahí que nos dimos a la tarea de unirnos a la conversación y saciar la curiosidad de saber si tanta maravilla es de verdad.
Un espacio que dialoga con México y Perú
Al entrar nos encontramos con un lugar acogedor, que lejos de poner ponchos y banderas de Perú de par en par, busca comunicar a través de diseños sutiles el origen de su cocina con una serie de elementos modernos que sirven para construir una atmósfera agradable para pasar una tarde.
Al menos esa es la idea de Karol Jaimes y Andrés Prada, fundadores de este restaurante fusión, ubicado en la calle 66 #4A-19, donde le apostaron a dos de las mejores gastronomías del mundo, junto a un equipo comprometido desde la cocina hasta el servicio a las mesas, que sin duda es lo que hace que los comensales vuelvan a repetir la experiencia con amigos y familiares.
En su cocina, la historia de México y Perú se fusionan para convertirse en una propuesta sólida y variada desde el respeto y con ingredientes, tanto colombianos como importados, para ser fieles al sabor de dichas gastronomías.
Una carta que cruza territorios
El menú propone tacos, aguachiles, ceviches y causas, con un enfoque puesto en lograr una fusión equilibrada que conserve la esencia de cada tradición culinaria, y dentro de esa propuesta aparece como plato emblemático el Kiinti, un medallón de lomo al anticucho cocido a las brasas, montado sobre camarones sellados en mantequilla de chipotle, flambeados en pisco y bañados en una crema ahumada que resume el espíritu del restaurante.
Por otro lado, la carte incluye arroz de mariscos, preparado con arroz sazonado con ají panca y fondo de mariscos, mezclado con calamares, mejillones, camarones y pulpo, además del lomo saltado, un clásico peruano con tiernos trozos de lomo de res salteados con cebolla y tomate, un toque de soja y un flambeado al estilo wok, servido con arroz blanco y papas fritas crujientes.
Pero si hablamos de platos verdaderamente ganadores, no podemos dejar de hablar de la jalea marina, una clásica jalea peruana con pesca blanca y calamares, ensalada criolla caribeña, mayo chipotle, yuca, camote glaseado, canchita, choclo parrillero y leche de tigre clásico.
El Pacífico y el Caribe en un mismo plato
Colombia también asume un papel protagónico con preparaciones como el aguachile clásico de camarones frescos marinados en jugo de limón, chile serrano y cilantro, servido con pepino, cebolla morada y sal de mar; el ceviche de bote, elaborado con cinco ingredientes elementales pesca del día, sal, limón, ají y cebolla morada, acompañado de canchita peruana, y el pescado a la talla es un filete marinado en chiles, ajo y especias, servido con tortillas y puré de papas.
Cocteles y postres que cierran el viaje
En bebidas, este restaurante ofrece cocteles de autor inspirados en ambas culturas, entre ellos, el DosLugares que combina pisco, tequila y Aperol macerado en fresa y toronja, una propuesta pensada para acompañar la carta sin opacarla.
Entre tanto, los postres refuerzan el recorrido con opciones como el flan de elote, elaborado con elote, arequipe y condensada; mousse de maracuyá y chocolate con crema de maracuyá, brownie de chocolate húmedo y praliné, y el suspiro de limeña, un clásico peruano que cierra la experiencia con dulzura y memoria.



