Con esta quinta entrega cerramos nuestro recorrido por los hoteles que están redefiniendo la experiencia de viajar en Colombia. En esta ocasión, presentamos dos propuestas que, aunque opuestas en ubicación y espíritu, comparten una misma ambición: elevar el concepto de hospedaje a través del diseño, la innovación y un entendimiento profundo del entorno. Desde un proyecto urbano que fusiona ciencia y bienestar en pleno corazón de Medellín, hasta un refugio sofisticado que reivindica el lujo en medio de la naturaleza salvaje del Pacífico, estos lugares demuestran que la hotelería en el país sigue expandiendo sus límites y sorprendiendo al viajero. Wake Biohotel Calle 2 Sur # 25-115, El Poblado. Medellín.

En una de las empinadas calles del barrio El Poblado, en Medellín, se encuentra el Wake Biohotel, un edificio de 109 habitaciones y 40 apartamentos, inaugurado en agosto pasado. Al entrar, lo primero que se ve es Pergamino, una tienda de café de especialidad que ofrece, además de cafés, sándwiches y comidas ligeras. Es un lugar con mucha actividad social, donde siempre se ve gente trabajando, amigos en reunión y personas haciendo negocios. Sin embargo, al subir a las habitaciones es como transportarse a otro espacio, mucho más silencioso, decorado con un estilo minimalista, en tonos blancos y grises, con ventanales hasta el piso y detalles como una bañera cerca de la cama (de hecho, Wake es el primer hotel de Colombia en formar parte de Design Hotels, una colección global que reúne propiedades únicas por su diseño y autenticidad). Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de Wake BioHotel Hotel Medellín (@wake.biohotel) El objetivo principal de este lugar, un proyecto de Drim y Stay Group en el que se invirtieron 35 millones de dólares, es combinar ciencia con bienestar y ofrecer un descanso placentero a los huéspedes.
Para lograrlo, en algunas de sus habitaciones hay colchones que ajustan la temperatura según la frecuencia cardiaca, respiratoria y etapa del sueño de la persona; lámparas de luz que simulan la luz solar y resultan ideales para combatir el jet lag y la fatiga mental, y tapetes para reducir la exposición electromagnética. En Wake también está Sastra, un centro de longevidad donde la gente se podrá hacer exámenes para revisar sus biomarcadores y recibir tratamientos personalizados de un médico. En el centro hay un sauna infrarrojo, cámaras hiperbáricas, terapias intravenosas y de choque térmico. La piscina del hotel, además, no contiene cloro y toda el agua es filtrada desde la tubería, lo que asegura que las duchas no tienen metales pesados ni ningún tipo de contaminantes.

Esto se complementa con Silo, su propuesta gastronómica, que busca una alimentación consciente, con ingredientes locales, que también genere beneficios en la salud. Black sands lodge Bahía Solano, Chocó. Cuando hablamos del Pacífico colombiano, suele suceder que aquello que produzca fascinación e interés en esta región del país resulte siendo lo mismo que haga dudar al viajero a la hora de visitarlo. Su carácter salvaje e indómito y su naturaleza omnipotente e impredecible pueden llegar a generar la percepción de que la hospitalidad y la hotelería se quedan en lo rústico y en lo básico. Precisamente, esta interpretación subjetiva es la que viene a eliminar Black Sands Lodge, un proyecto que busca mantener, o más bien compaginar, ese espíritu único e indomable del territorio con una propuesta de lujo y comodidad, propia de un hotel boutique de alta gama.
Localizado en Bahía Solano, este es uno de los sitios más biodiversos del país, donde la selva se une a playas de arena negra y donde la fauna es única. La misión de Black Sands es, entonces, desmitificar la idea de que el turismo de aventura en Colombia aún no alcanza los estándares internacionales de calidad. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de Black Sands Lodge (@blacksandslodge) Su fundador, el argentino Felipe Morales, llegó a la región en el 2018. Fanático y experto en el deporte, lo que se encontró lo maravilló a tal punto que decidió apostarle a crear un lugar para recibir al turismo, inicialmente extranjero, que va tras este tipo de práctica tan privilegiada en esta zona del país. Así pues, después de un par de años de experimentación, encontró un hermoso terreno con playa privada para poder brindar un espacio verdaderamente íntimo.
La atención, el servicio, la comida, el diseño sofisticado de sus espacios con sus amenidades, todo se ha planteado para responder a un público premium que ya no solo los visita para la temporada de pesca con mosca sino también para actividades como el avistamiento de ballenas, de aves o buceo. También es posible programar liberación de tortugas o planillarse para el avistamiento del tiburón ballena, más esquivo pero a la vez más impresionante. Las experiencias se pueden programar a la medida de cada huésped y el hotel es apto para todo tipo de público, desde niños y familias, hasta parejas y grupos de amigos. También le puede interesar: Desde las vistas de la Guajira hasta la arquitectura histórica en Cartagena: dos de los hoteles que debe conocer en Colombia