Una carretera estrecha y serpenteante que se abre paso entre curvas cerradas revela, tras cada giro del timón, el azul intenso del Mediterráneo, la sorpresa de cada cala y los cipreses que se inclinan hacia el mar que se observa desde Cataluña. El hermoso —y por momentos vertiginoso— trayecto se mostraba como un presagio de que al final de ese camino aguardaba un restaurante que no fue como cualquier otro, sino un destino mítico: El Bulli, de Ferran Adrià, una de las últimas revoluciones gastronómicas modernas que dejaron huella en la cocina mundial. El restaurante, que cerró sus puertas al público en 2011, se transformó en elBullifoundation, un centro de investigación y archivo gastronómico que cualquiera puede visitar. Desde este particular restaurante, con vista a la cala Montjoi, se fraguaron nuevas técnicas, conceptos y aproximaciones a la restauración que formaban parte de una gran filosofía.
Hubo un punto de inflexión en la vida de Adrià y fue cuando se dio cuenta de que para comenzar a crear tenía que dejar de copiar. Por ejemplo, las pinzas de laboratorio que ahora vemos colgando en las chaquetillas de cada cocinero se empezaron a usar en el Bulli en 2002. La deconstrucción de un plato también tuvo su génesis aquí, y entiéndase por esto “disgregar cada uno de los elementos de un plato conocido y someterlo a modificaciones de textura y temperatura, pero conservando el ‘gen’ del plato original”. ( Vea también: Así se reinventa la gastronomía en Colombia: los 10 restaurantes más prometedores del año ) El pollo al curry creado en 1995 fue uno de los platos icónicos; consistía en un helado de curry en forma de quenelle, encima de una gelatina de manzana, rodeado de un jugo de pollo con un hilo de un licuado de coco. Era la reinterpretación conceptual de un clásico. Y así, nuevas formas de mirar los ingredientes y de presentarlos a la mesa hicieron que los platos no solo se disfrutaran con el paladar, sino también con la inteligencia, el humor y la emoción.


Al lado de El Bulli hay otras instituciones que han definido el mapa culinario de la región: El Celler de Can Roca y Disfrutar. Ninguna zona o país ha logrado posicionar tres restaurantes como los mejores del mundo, según la lista The World’s 50 Best Restaurants. Si nos fijamos en los reconocimientos, también es el territorio en el mundo con el mayor número de estrellas Michelin (77). La cocina catalana, una historia de siglos Foto cortesía Los Roca. Para empezar a hablar de Cataluña en materia gastronómica hay que entender que en esta tierra existe una larga tradición culinaria que se remonta a 1324, con el manuscrito Llibre de Sent Soví, considerado el punto de partida de otros recetarioseuropeos posteriores. Lo que hace única a la tierra catalana en el ámbito gastronómico es una mezcla de geografía privilegiada, historia milenaria y un talento inagotable para transformar ingredientes en cultura, todo esto respaldado con 12 denominaciones de origen, 914 bodegas de vino y 2.250 productores con venta de proximidad. Estas credenciales hicieron que el Instituto Internacional de Gastronomía, Cultura, Artes y Turismo (Igcat) le otorgara a Cataluña el reconocimiento como Región Mundial de la Gastronomía 2025. Al preguntarle a Josep Roca, el sommelier y uno de los hermanos dueños del mítico Celler de Can Roca sobre qué caracteriza a esta región en España, asegura: “Cataluña posee ocho siglos de literatura gastronómica. Atesora una situación geográfica estratégica en el flujo de culturas gastronómicas desde el Mediterráneo hasta los Pirineos; desde la cultura del mar y montaña tan extendida en nuestra cocina catalana, a la proximidad con la cultura francesa.
La marcada estacionalidad de esta región permite un suministro de productos variados que enriquecen la puesta en escena en los mercados, en las cocinas de sus habitantes y en las cartas de sus restaurantes. Cataluña disfruta de un suculento frente marítimo: el Cap de Creus, los distintos terroirs del mar, la vibrante costa brava, las arenas de Maresme, la costa dorada, hasta el frondoso frente del delta del Ebro”. Girona y el universo Roca Foto cortesía Los Roca. Precisamente, una parada ineludible de la región es en Girona, donde hay que descubrir el universo de los hermanos Roca, lleno de calidez, pasión por la hospitalidad y creatividad. Para quienes pueda ser difícil conseguir una reservación en El Celler de Can Roca, hay otras maneras de acercarse porque su mundo se ha expandido con distintos conceptos. Desde los entrañables hoteles Casa Cacao o Esperit Roca, hasta la chocolatería Casa Cacao o la fantasía que supone la heladería Rocambolesc. El bar de vinos y tapas Vii está ubicado en el centro de la ciudad y ofrece clásicos de la cocina catalana y española, con acento en las frituras andaluzas. La selección de vinos con historias humanas está a cargo de Audrey Doré, quien recibió recientemente el galardón del Premio Nacional de Gastronomía a la Mejor Summiller 2025. Cerca de ahí se encuentra Normal, un restaurante casual cuyo eslogan pregona: “Un restaurante normal de una esquina normal en una ciudad normal”. Las mujeres predominan en la cocina, que está a la vista, con Elisabet Nolla como jefe de cocina. Aquí los platos vienen del legado del fuego lento, de la cocina de las madres y del gozo de la suculencia. Recetas de los recuerdos puestos al día, como el arroz meloso de pollo con cigalas, y de ese mar y esa montaña tan característicos de Cataluña. Foto cortesía Los Roca.


A unos quince minutos del centro, en la cima de la montaña Sants Metges, se aprecia una antigua fortificación militar. Aquí, los hermanos Roca han erigido su más reciente proyecto, Esperit Roca, que es a la vez hotel, museo, destilería y restaurante. En la destilería, de hermosos alambiques y tanques de última tecnología, elaboran licores de cacao, ginebras, cervezas y vinos con botánicos de montaña. También está el museo, que habla de su trayectoria y filosofía, para después pasar al restaurante, que con tan solo seis meses de apertura en 2024 recibió una estrella Michelin. Esperit Roca es el regreso a casa: un restaurante donde los Roca recuperan las recetas que los formaron, los sabores de la infancia y la memoria de la cocina catalana. Aquí conviven clásicos de El Celler como El Mundo, un mapamundi con bocados que saben a Japón, Perú, Corea, Turquía y Tailandia; son platos familiares que hablan de tradición y territorio. La propuesta se sirve en un entorno más relajado, rodeado de naturaleza y el diseño cálido industrial de Andreu Carulla. Para destacar, la bodega de vinos, con alrededor de 80.000 botellas custodiadas en hormigón en medio de un ambiente celestial, gracias a la música clásica y una claraboya que deja entrar rayos de luz natural. A unos 40 minutos de Girona en carro, en medio del campo, se encuentra Can Jubany, restaurante en el que Nandu Jubany convierte la tradición catalana en alta cocina, sin perder cercanía.
Su propuesta parte de los productos de la huerta, de guisos de siempre que él potencia con técnica y sensibilidad. El menú degustación Un Paseo por Cataluña es una buena opción, aunque también es posible pedir a la carta. Es un restaurante que está por cumplir 30 años, donde la memoria rural se viste de gala con una estrella Michelin. Foto cortesía Can Bosch. Bajando por la Costa Dorada se llega al pueblo marinero de Cambrils, donde está Can Bosch, un restaurante familiar con más de 40 años de existencia y que ostenta una estrella Michelin desde 1984. Hoy, Arnau Bosch, tercera generación, es quien comanda los fogones. La suerte de estar a tan solo cinco minutos del puerto y de la lonja de pescados no la tienen todos los restaurantes. En Can Bosch se vive literalmente lo del mar a la mesa, y por eso la carta se arma dependiendo de los productos de temporada, de lo que ofrece el mar, y la selección del producto brilla en los platos. En los menús degustación, Arnau da giros más sofisticados y creativos, sin perder su esencia sencilla y de sabor, como en un destacado ajo blanco con gamba blanca de cambrils, melón y aceite de su coral, o en la anguila ahumada con higos escabechados y crema de foie al Oporto. Desde allí, un desvío de apenas quince minutos los llevará a Reus, un pueblo reconocido por la elaboración de vermuts. Pero además de estos vinos con botánicos que se toman como aperitivo, la ciudad tiene una joya arquitectónica maravillosa: la Casa Navàs.

Es una de las casas del modernismo catalán, diseñada por Lluís Domènech i Montaner, otro de los grandes arquitectos de este estilo junto con Gaudí. Su interior de vidrieras, mosaicos, trabajo de madera y mobiliario original la hacen una de las propiedades mejor conservadas de esta época. Una parada por Barcelona Foto cortesía Enigma. Para explorar Barcelona, nada mejor que hacerlo caminando. El Hotel Kimpton Vividora, que mezcla diseño y lujo urbano, está estratégicamente ubicado entre plaza Cataluña y Las Ramblas, lo que lo hace ideal como opción para comerse la ciudad con buen apetito. Dos de los grandes restaurantes de España con tres estrellas Michelin se encuentran en la ciudad condal: Disfrutar y Cocina Hermanos Torres. El primero, nombrado mejor restaurante del mundo en 2024 según la lista The World’s 50 Best Restaurants, está liderado por Oriol Castro, Eduard Xatruch y Mateu Casañas, todos bullinianos. Aquí la vanguardia se reinventa constantemente, pero sin perder la tradición de vista. Una muestra perfecta de esto es un plato ícono de la temporada de invierno en Cataluña, los calçots (cebollas de verdeo a las brasas acompañadas de romesco).
En Disfrutar, las sirven liofilizadas con un romesco de miso y un caldo de katsuobushi. Su trabajo dedicado y sin descanso en creación de técnicas y de platos es sorprendente, nutriéndose de un mapa lleno de sensaciones, viajes, recuerdos, oficio, creatividad, provocación, humor, territorio, entre muchos otros. Todo recae en el trabajo de grupo que ellos mismos comparan con los castells, las torres humanas que se construyen en fiestas populares en Tarragona, Barcelona y Penedés, y que la Unesco los declaró patrimonio cultural inmaterial de la humanidad en el año 2010. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por minibar by José Andrés (@minibarbyjose) En el barrio de Les Corts, en una antigua nave industrial, los gemelos Sergio y Xavier, de Cocina Hermanos Torres, parten de los recuerdos de la abuela, de las memorias y de la comida de cuchara, que reinterpretan y marcan con técnica precisa, todo esto acompañado por un programa de bebidas muy interesante que da cuenta de pequeñas joyas de la región y también del mundo. Sentarse en una de sus mesas es presenciar casi una obra de teatro, una puesta en escena donde las cocinas a la vista del comensal son el corazón del restaurante.
Sus platos siempre tienen la referencia del origen, como la cigala con salsa de tuétano y algas a la brasa, que viene de la tradición catalana medieval, o el cordero lechal de la Vall D’Aran, que viene de los Pirineos. Y en este recorrido de estrellas no hay que dejar de visitar Enigma, de Albert Adrià, quien plantea un territorio más experimental: un menú que se descubre paso a paso, en el que cada bocado juega con la técnica, la sorpresa y la estética. No se trata solo de comer, sino de dejarse llevar por una narrativa sensorial que mezcla vanguardia, producto impecable y un punto de misterio. En Cataluña, todo gira en torno a la comida; desde los mercados, las ferias, las fiestas populares, hasta las estrellas Michelin. En esta región se comparte y se celebra en la mesa, y no hay nada mejor que viajar para vivirlo. También le puede interesar: ¿Cuál es la plaza de mercado más antigua de Bogotá? Fue declarada Monumento Nacional en 1983



