Visitar los bosques tropicales de Colombia no es solo una experiencia turística, sino un acto de conexión y respeto. El contacto con los paisajes naturales, el encuentro con la fauna y las experiencias con las comunidades locales ayudan a mantener vivos estos ecosistemas que son esenciales para el planeta. Los bosques tropicales están ubicados en la zona intertropical y se caracterizan por temperaturas cálidas y estables, y altas precipitaciones, lo que resulta en un espacio natural que albergan la mayor biodiversidad en el planeta. Según la WWF , Colombia tiene cuatro tipos principales de bosques tropicales: húmedos/lluviosos, secos, andinos y de galería. La Amazonía y el Chocó son las selvas tropicales más grandes del país, mientras que la región Caribe y los Valles Interandinos son los ecosistemas más importantes para el bosque seco. ¿Por qué los bosques tropicales son tan importantes? Foto de Jhampier Giron M / Shutterstock Estos hábitats son fuentes de vida, de alimentos y de agua. Se calcula que en estos ecosistemas existen más de 390 mil millones de árboles, con lo cual ayudan a regular el clima, producen oxígeno y absorben las emisiones de carbono.

Los bosques son protagonistas en el almacenamiento del agua en el planeta. Más del 60% del agua del mundo es almacenada en áreas de bosque. Estos son cinco bosques tropicales ideales para conocer los paisajes, la fauna y la flora en Colombia. 1. Parque Nacional Natural Amacayacu Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por Comunidad Amacayacu Amazonas (@amacayacu.amazonas) En lo profundo del Amazonas colombiano se encuentra Amacayacu, un parque nacional que conserva la esencia más pura de la selva. Su nombre significa “Río de los Hamacos” , y no es difícil entender por qué: el agua, la vegetación y la vida animal se entrelazan en sus profundidades. Con más de 5.000 especies de plantas, 150 especies de mamíferos, y la mayor diversidad de primates y reptiles del país, este es uno de los lugares con mayor biodiversidad en Colombia. Además, sus senderos permiten conocer comunidades indígenas que han convivido con la selva desde tiempos ancestrales.

Las caminatas guiadas por guías locales, la navegación por el río Amazonas y el avistamiento de fauna silvestre son algunas de las experiencias imperdibles. 2. Reserva Natural El Amargal Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por Reserva Amargal Ecolodge Nuqui Choco (@reservaamargal) En la costa pacífica, donde la selva se encuentra con el mar, la Reserva El Amargal es un rincón de vida. Su bosque nublado, uno de los más ricos del Chocó biogeográfico, alberga especies de ranas, aves y plantas que no existen en ninguna otra parte del mundo. Durante los meses de julio a octubre, las ballenas jorobadas visitan las costas cercanas, convirtiendo este destino en un punto privilegiado para el avistamiento. Además, la reserva impulsa proyectos de investigación y conservación liderados por científicos y comunidades locales. La reserva ha sido un laboratorio natural para la investigación científica durante más de 30 años. 3. Reserva Nacional Forestal Bosque de Yotoco Foto de spatuletail / Shutterstock. Mono aullador. Entre las montañas del Valle del Cauca se extiende el Bosque de Yotoco, un remanente de selva subandina que sobrevive como un oasis verde rodeado de cultivos y carreteras. Aquí el aire es fresco y el canto de los monos aulladores marca el ritmo del día mientras se trepan en los árboles centenarios. El bosque ofrece espacios de observación de aves y programas de educación ambiental.

Además, es el lugar donde nace el río Yotoco, el cual suministra de agua potable al municipio de que lleva el mismo nombre. Por ser un ecosistema clave para la investigación y la conservación, la reserva fue declarada laboratorio natural por la Universidad Nacional de Colombia en 2005. El Bosque de Yotoco es considerado uno de los últimos pulmones naturales del Valle del Cauca. 4. Reserva Natural Río Ñambí Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por Reserva Natural Río Ñambí (@reservarionambi) En el Piedemonte costero del suroccidente de Nariño, el Río Ñambí fluye entre montañas cubiertas de niebla. Esta reserva natural, manejada por una fundación local, protege una de las cuencas más importantes del sur del país y sirve de refugio para cientos de especies de aves, orquídeas y anfibios. Es uno de los destinos más valorados por los observadores de aves: La Reserva es hoy un santuario de 1.400 hectáreas dedicado a la conservación de la naturaleza y el estudio de especies, con un enfoque en la observación de aves, especialmente los colibríes, que son muy abundantes en la zona. La reserva fue creada gracias a la iniciativa de investigadores británicos extranjeros que se propusieron recaudar fondos para comprarla y convertirla en un área protegida. 5. Reserva Natural Río Claro Ver esta publicación en Instagram <div style=»display: flex; flex-direction: row; margin-

