Revista Diners
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Se suele pensar que lo más preciado que tiene un pianista son sus manos, sus dedos que danzan sobre esas casi noventa teclas negras y blancas. Pero la espalda es igual de importante, pues también se agita y se inclina para que el pianista le pueda dar su sello a la partitura que tiene enfrente.
La espalda del islandés Vikingur Ólafsson, por ejemplo, logró torsiones impensables el pasado jueves 15 de octubre, mientras ejecutaba una de las piezas icónicas de Johannes Brahms, su Concierto para piano n.° 1, junto a la Berliner Philharmoniker y el director Kirill Petrenko.
Ólafsson, reconocido por sus interpretaciones de los genios del periodo barroco, especialmente Johann Sebastian Bach, estuvo en el escenario del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo en lo que representó un doble debut: el suyo en Bogotá -ya se había presentado en el Cartagena Festival de Música 2019- y el de la célebre orquesta berlinesa en nuestro país.
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Tras su sensible interpretación de ese concierto de Brahms, compositor alemán que hace parte del espectro del romanticismo, Ólafsson se tomó unos minutos en su camerino para atender esta entrevista.
Ya su espalda está erguida y, tras haberlo visto prácticamente recostado sobre el piano Steinway & Sons que tiene el Teatro Mayor, el islandés parece haber crecido unos centímetros más. “Fui al gimnasio esta mañana, salí a correr… Tengo que hacerlo y también tengo suerte con mis genes, así que realmente nunca he tenido muchos problemas de espalda, hasta ahora”, dice Ólafsson en tono de broma.
Este concierto de piano, en el que el islandés estuvo acompañado por los más de cien músicos de la agrupación alemana, la mejor orquesta del mundo para muchos, consta de tres movimientos que contabilizan un poco más de cincuenta minutos. Como toda pieza de este tipo de repertorio, exige una alta inversión física por parte de su intérprete.
“Tienes que tocar el piano como si estuvieras nadando. El movimiento nunca se detiene y, una vez que te quedas rígido, puedes arruinar tu cuerpo; pero en el piano siempre estás flexible y , si nunca detienes el movimiento, es mucho más fácil”, explica el pianista.
Dentro de esos tres movimientos del concierto de Brahms que interpretó Ólafsson, el más conmovedor fue el segundo, un adagio, por supuesto, de una sobrecogedora progresión expresiva. Y, aunque se lo relacione principalmente con Bach, el pianista cuenta que su vínculo con Brahms también es largo y prolífico. De hecho, el primer álbum que grabó con su propio sello, Dirrindí, incluía dos piezas del alemán: sus 7 fantasías y sus 16 valses.
Otro ejemplo de que Brahms siempre ha hecho parte de la vida de Ólafsson, como él mismo lo expresa, es que cuando era adolescente y llegaba de la escuela, solía poner en el reproductor estéreo de sus padres los conciertos para piano del alemán interpretados por el ruso Emil Gilels junto a, y aquí aparece una hermosa coincidencia, la Berliner Philharmoniker.

“Brahms también tiene una conexión muy fuerte con Bach. Creo que hay mucho de Bach en esta pieza. Es un concierto para piano, claro, pero en realidad es una sinfonía para piano y es un universo pianístico, un universo sinfónico. Estoy muy feliz de tocarlo aquí en Bogotá con la Berliner Philharmoniker y con Kirill Petrenko”, añade el islandés, nacido en Reikiavik.
Tras el caluroso aplauso que el público le otorgó por su interpretación de Brahms, Ólafsson respondió con un bis que, como no podía ser de otra manera, se trató de una obra de Bach: el famosísimo Aire en la cuerda del sol, que el propio pianista arregló a partir de la Suite orquestal en re mayor del alemán y que además le regaló al célebre compositor húngaro György Kurtág cuando este cumplió 100 años.
“Esta pieza significa mucho para mí. Quiero decir, es increíble la forma en que Bach improvisa esta melodía, que se vuelve cada vez más hermosa y, cuando crees que no puede volverse más hermosa, él abre otra dimensión más hacia los cielos. Se siente como un regalo de Bach para el futuro”, argumenta el pianista.
Un recomendado para quienes no están tan familiarizados con el barroco y con Bach es la interpretación de Ólafsson del adagio del Concierto para piano en re menor del compositor alemán. Otro regalo para el futuro de Bach.
Además del repertorio clásico, Ólafsson, que hace parte del prestigioso sello Deutsche Grammophon, también ha tocado piezas de compositores contemporáneos como Philip Glass y su compatriota Helgi Jónsson. Para quien quiera sumergirse en la música del país nórdico, el pianista plantea las siguientes recomendaciones:
“Me gusta mucho mi amigo Daníel Bjarnason, que es un compositor genial. También pueden escuchar a Hildur Guðnadóttir, que ganó el Premio Óscar por Joker, y a Anna Thorvaldsdottir. Tenemos muchos compositores geniales, hay mucha variedad de música en Islandia”.


