Revista Diners
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Nací hace más de cuatro décadas. Y este dato, lejos de ser un lamento, es importante para remarcar que por allá en los 80’s y hasta bien entrados los 90’s, en mi familia y con las familias amigas solíamos celebrar las fiestas, asados, comidas y ocasiones especiales con cerveza, aguardiente y ron. Cuando se trataba de una gran ocasión, con vino, whisky o una ginebra que alguien traía del extranjero, como algo exótico.
También recuerdo que hace un poco más de 20 años, la importación a Colombia de vinos, vodkas, ginebras, tequilas, rones y otro tipo de licores a precios un poco más asequibles y provenientes de varios países, abrió un abanico de posibilidades para acompañar las celebraciones. El país se estaba recuperando de la crisis del cuatrienio 1998 – 2002 y en 2003 la economía creció 3,65%, el crecimiento más alto de esos últimos seis años, por lo cual la gente podía destinar parte de su presupuesto a algunos pequeños lujos.
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A partir de ahí, el vino llegó a ocupar un lugar especial, pues los importadores y distribuidores crearon estrategias de descuentos y ferias -como Expovinos- para que el público aprendiera a apreciar esta bebida. Y, aquí, donde la caña es el ingrediente para producir nuestros licores, comenzamos a hablar también de cepas, maridajes, decantaciones, terroir, denominaciones de origen y de incluir el vino no sólo como parte de una gran celebración, sino como acompañamiento para una comida casual o como el cierre de una semana ajetreada, en pareja, o con amigos, en la sala de la casa.

Así fue como en mi familia y en los grupos de amigos cambiamos el aguardiente por el vino. No porque no nos sintamos “orgullosos de ser buenos colombianos”, como bien lo dice el bambuco, sino porque esta bebida presenta un panorama versátil y se adapta a varios momentos. Según datos de la FAO y de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), en Colombia pasamos de consumir 0,44 a 0,60 litros de vino anuales por persona en la última década, lo que habla de cómo se han transformado los hábitos de consumo desde que en este país tropical decidimos abrir la mente y las papilas gustativas.
Este 36% de crecimiento en el consumo está marcado por un cambio de percepción en todos los públicos, sobre todo en los jóvenes, que le han quitado un poco la formalidad al vino para integrarlo a momentos de la vida diaria.
Según el jefe de Enología de Trapiche, Sergio Casé, quien hace poco estuvo en Colombia enseñando los nuevos vinos de alta gama de esta bodega argentina, “el vino es un medio que te hace disfrutar un lindo momento, con varias opciones: vinos blancos que son frutados, frescos o tintos. Elegir un vino depende de la temperatura, del ambiente donde uno esté. Puede ser una compañía para una rica comida sin demasiada sofisticación”.
Elegir el más adecuado

El experto, oriundo de Mendoza, la región vitivinícola argentina por excelencia, y que pertenece a la cuarta generación de enólogos de su familia, explica que hoy hay vinos muy versátiles, que maridan con las comidas de ‘casa’ y que no necesariamente hay que ir a un restaurante para lograr una combinación perfecta. Es más, Casé es de los que cree que el vino puede tomarse bien en vaso o en una copa, enfriarse en una ‘frapera’ o incluso ponerle un trozo de hielo. “Estamos tratando de desmitificar el vino, quiero que sea algo más amigable y que sea más cercano a todo público”.
Y es que el tipo de vino, la temperatura y la forma de consumirlo varían según el momento. Si el plan es relajado, puede optarse por un vino tinto servido en vaso; si se está en una ciudad de clima cálido, el vino ya no será tinto sino blanco o rosado y si se está en una celebración especial, lo mejor es disfrutarlo en una copa. Lo importante, según Casé, es probar diferentes tipos de vinos, explorar, comparar y al final poder decir: “che, me gustó tal vino, en tal ocasión”.
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“Eso es lo lindo que tiene el vino. Es una bebida muy noble en la cual uno cuando se empieza a animar y empieza a ir explorando cada vez más arriba, es una de las pocas bebidas que es difícil de retroceder. Cuando vos arrancás con un entry level, un vino frutado, floral, vos vas a ir buscando en tu paladar cosas más sofisticadas hasta que encuentres el que te gusta”, explica Casé, quien asegura que Trapiche ofrece varias categorías y estilos en los que varían sabores y niveles de acidez, para diferentes gustos.
El experto, quien le ha dado la vuelta al mundo como embajador de los vinos de su país, compara el mundo del vino con el del café. “En Colombia tienen tantos territorios y zonas cafeteras que hacen que los perfumes sean diferentes. En el caso de los vinos es lo mismo, ¿no? hasta que encuentras el café o el vino que más te gusta, o el que más te representa, con el que más te sentís cómodo es el que vas a consumir todos los días”.
Tres vinos para tres ocasiones
Casé hace su top 3 de los vinos de Trapiche en situaciones de consumo y pone de ejemplo un asado argentino o una comida con amigos, para preparar las papilas, asegura, se puede iniciar con un Chardonnay de la línea reserva. “Es refrescante, con rica acidez y con cierta cremosidad, para el momento previo a que lleguen los invitados”.
Luego, la tarde puede continuar con un Malbec tipo reserva o un Gran Medalla, un vino más clásico, más concentrado en perfumes y estructura, criado en barriles y toneles durante 18 meses.
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Y luego en un evento especial o en momentos más íntimos en pareja, e incluso para celebrar un negocio, el experto recomienda su vino especial Trapiche Iscai, uno de los íconos de la marca: 70% Malbec y 30% Cabernet Franc. Criado en barriles de roble francés nuevo durante 12 meses, por separado y luego de ese tiempo se hace el blend y se devuelve a los mismos barriles durante seis meses más; luego de embotellado, pasa mínimo dos años en bodega, en posición horizontal. Así, el mundo del vino está abierto para explorar con los sentidos, compartir en distintas ocasiones, celebrar y disfrutar.


