Foto: Crédito: Antonio Caballero - archivo personal / Cortesía Penguin Random House
septiembre 10, 2026
Arte y Libros

El que es Caballero, tres veces repite

Han pasado cinco años de la muerte del columnista, escritor y caricaturista Antonio Caballero. Tres libros invitan a volver a leer su mirada crítica de la realidad nacional. Perfil.
POR:
Enrique Patiño
Revista Diners
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Decir que el periodista y caricaturista Antonio Caballero era ácido es quedarse corto: su verbo era corrosivo. 

Decir que no tenía miedos es menospreciar su arrojo: desnudaba las miserias de cualquier ídolo público con palabras afiladas como dagas.

No era elogioso con nadie y tampoco lo visitaba el arrepentimiento. Si sentía que tenía razón en sus argumentos iba hasta las últimas consecuencias en sus afirmaciones con brutal crudeza.

Cuando entraba a la revista Semana, quienes entonces trabajábamos, en la que durante años fue la revista más crítica con el poder, lo veíamos sentarse a hablar con las directivas sobre sus columnas de opinión o el país mismo. Era un tipo taciturno, que siempre sostenía un cigarrillo Pielroja en la mano y vestía, casi siempre, con camisas de color azul. Hablaba con tono contundente, pero bajo, sin alzar la voz, y odiaba repetir lo que ya había dicho. Su paciencia era poca. Su furia era legendaria.

(Siga leyendo: Antonio Caballero, el maestro de la ortografía en Colombia)

Antonio caballero
El que es Caballero, tres veces repite

Antonio Caballero escribió en El Espectador, en la revista Alternativa, en Cambio 16 de España y, antes de ser columnista de Semana, fue su jefe de redacción. Desde 1964 y por diez años publicó caricaturas en la serie llamada Cartones en el diario El tiempo. Llegó a ser redactor en la BBC y en la revista The Economist, en Londres. Vivió en Grecia de vender sus dibujos y volvió al periodismo de lleno porque la revista Alternativa le permitió darle voz a las reivindicaciones sociales y a las luchas populares, que él tanto defendía. Fue su jefe de redacción hasta que la publicación cerró.

A pesar de ser un animal periodístico, un viejo zorro de las noticias y de no tenerle miedo a ningún tipo de poder, tenía una especial debilidad por un tema que le dolía profundamente: que su país se desangrara sin remedio y que la corrupción campeara en todas las instituciones año tras año, durante toda su vida.

Temía al fascismo sobre todas las cosas. En segundo lugar, a la sumisión del periodismo y a la forma en que se estaba arrodillando ante el poder. 

Por último, le temía al poder del narcotráfico, o de toda ilegalidad que se enraizaba en la vida política y social de Colombia. Criticó la doble moral, la desigualdad, la ineficiencia y la ridiculización de la política.

De hecho, algunos de estos temas fueron parte de sus últimas publicaciones antes de renunciar a la revista Semana el 11 de noviembre de 2020 (junto con otros periodistas como María Jimena Duzán, Ricardo Calderón, Vladdo y Rodrigo Pardo) y mudarse, por poco tiempo, a trabajar con Los Danieles, hasta su muerte a sus 76 años.

Este 10 de septiembre se cumplen cinco años de la muerte de una de las voces más lúcidas, críticas e incómodas de Colombia. 

Antonio Caballero: una infancia intelectual y en el exilio

El escritor, dibujante y observador más incómodo de la Colombia de las últimas décadas, nació en Bogotá un 15 de mayo de 1945. En 1953 su familia tuvo que viajar a España exiliada por el golpe de Estado de Gustavo Rojas Pinilla. Desde esa infancia aprendió a mirar el mundo con ojo crítico. Recordaba haber visitado las salas del Museo del Prado, donde descubrió también que mirar un cuadro era una forma de entender el mundo. 

El que es caballero, tres veces repite
El que es Caballero, tres veces repite

Decidido a aprender de todo y a interpretarlo, no olvidó la lección de ver la realidad dos veces para entenderla mejor. Cinco décadas después, desde pequeñas libretas donde apuntaba lo que veía, seguía copiando rápidamente un Goya o un Bruegel, o una idea que le venía a la mente, para comprender la realidad. Su capacidad para sintetizar en dibujos veloces la realidad lo llevó a convertirse en caricaturista.

La influencia de su tío, Lucas Caballero Calderón, alias “Klim”, caricaturista y crítico temible que publicaba en el periódico El Tiempo, fue una influencia decidida, al igual que el hecho de ser hijo del escritor y periodista Eduardo Caballero Calderón, autor de la novela El Cristo de espaldas

Su hermano, Luis Caballero, terminó siendo uno de los grandes artistas pictóricos del país, mientras que su hermana, Beatriz Caballero Holguín, también siguió el camino de las letras y de la cultura. Por el lado de la madre la influencia política era enorme. Su madre fue hija de Jaime Holguín y Caro, hijo, a su vez, del expresidente de Colombia Carlos Holguín Mallarino, y de Margarita Caro, hermana del expresidente Miguel Antonio Caro. 

A finales de los años setenta, cuando la mayoría de sus contemporáneos estaban decidiendo si ser revolucionarios o banqueros, Caballero hizo algo propio de su familia: ser escritor. No en el sentido romántico del término, sino desde la exigencia de un trabajador obsesivo. Su novela, Sin remedio, terminada en 1983 después de una década de trabajo irregular, es el retrato de una generación atrapada. 

El protagonista, Ignacio Escobar, es un poeta bogotano que no cabe en ningún lado porque rechaza el mundo burgués de su familia, sin encontrar refugio en los círculos revolucionarios. Su novela es también un retrato de una Bogotá lluviosa, contradictoria, de bares de mala muerte y familias de apellidos sonoros. 

El que es caballero, tres veces repite
El que es Caballero, tres veces repite

Aunque se hizo célebre con su única novela y sus cientos de columna, su vida adulta la pasó, sobre todo, dibujando. La caricatura política fue su medio de intervención pública más recuente. Para Caballero, dibujar era pensar. Era una forma de hacerse preguntas sin necesidad de respuestas claras.

Conocedor de todas las materias

Aunque vivió parte de su infancia en Tipacoque (Boyacá) en la casa de su familia, finalmente se instaló en Bogotá. Era prolífico: escribía sobre elecciones, oligarquías, el mercado del arte, guerras civiles del siglo diecinueve o sobre cómo Picasso había entendido la violencia mejor que la mayoría de los historiadores. 

Su escritura tenía una cualidad infrecuente: era a la vez erudita e irónica, profundamente informada y profundamente desconfiada de la información oficial. No dejaba títere con cabeza. 

Era, por supuesto, una figura solitaria. Desconfiaba de los círculos, que prefería observar desde cierta distancia. Incluso a los que fuimos periodistas en Semana cuando él trabajaba ahí, solía evitarnos. No era antipatía, sino timidez de saberse demasiado al margen. Por fortuna, siempre nos dejó sus columnas y su voz valiente. Eso lo vale todo.

Tres obras, cinco años después

El que es caballero, tres veces repite
El que es Caballero, tres veces repite

Su editorial, Penguin Random House, publica, con motivo del quinto aniversario de su muerte, tres de sus obras que vuelven a las preguntas que siempre lo motivaron a escribir: la relaciones entre el poder y las élites, la repetición de la violencia colombiana, las promesas y decepciones de la política, el lugar del arte en la sociedad y la posibilidad de encontrar en la literatura una forma de soportar la realidad.

Las tres nuevas ediciones permiten recorrer territorios fundamentales de la obra de Caballero: Sin remedio, su novela, publicada por Alfaguara; Historia de Colombia y sus oligarquías, su obra sobre historia colombiana quizás más ambiciosa, porque retrata cinco siglos de la nación, con documentación, caricatura ilustrativa y humor negro; y Mientras pasaba por ahí. Crónicas, entrevistas y ensayos sobre arte, en el que se reúnen 44 textos suyos sobre arte, y 39 piezas adicionales, además de notas preliminares, la presentación y un cuadernillo con dibujos inéditos del propio Caballero.

(Le puede interesar: Un libro de Antonio Caballero y otras dos publicaciones recomendadas)

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