La arquitectura de la longevidad: el futuro del senior living y las viviendas para adultos mayores
Foto: Ilustraciones Laura Patiño - IG @jele.escaramujo.florece
septiembre 2, 2026
Tendencias

La arquitectura de la longevidad: el futuro del senior living y las viviendas para adultos mayores

El envejecimiento de la población está impulsando una nueva forma de habitar. Comunidades colaborativas, viviendas pensadas para los mayores y modelos que privilegian la autonomía, la salud y las conexiones humanas marcan el futuro de la vivienda sénior en Colombia y el mundo.
POR:
Adriana Macías Villamarín
Revista Diners
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El 23 de julio del 2025 conocí el beguinato de Brujas (Bélgica), un barrio de casitas blancas muy sencillas construido en el año 1245 y declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco debido a su valor arquitectónico y a que es un símbolo de la emancipación femenina en un periodo tan oscuro como la Edad Media.

Lo maravilloso de esta historia radica en que esta conformación arquitectónica también representó un grito de libertad de mujeres viudas y solteras que decidieron crear un modelo de vida en comunidad sin obedecer las reglas de la época, que les exigía casarse o tomar votos religiosos. Ni siquiera el papa tenía dominio sobre sus decisiones (lo que les pasaría factura más tarde).

Todas las noches, las puertas del beguinato se cerraban para proteger a las habitantes de esa pequeña comunidad, conformada por personas de diferentes edades y clases sociales. Muchas de ellas se desempeñaban en oficios como la artesanía, la hilandería e incluso se dedicaban al cuidado de enfermos. 

El cuento de hadas se terminó en el siglo XIV, cuando el papa Clemente V acusó de herejía a las independientes beguinas y ordenó confiscar sus bienes. Las mujeres libres dejaron de serlo, algunas se replegaron en monasterios y a otras las quemaron en la hoguera, acusadas de herejía.

Sin embargo, los beguinatos de la antigua región de Flandes sobrevivieron al paso de los siglos. Hoy, muchos de ellos ofrecen abrigo a mujeres vulnerables que reciben este hospedaje de manera temporal, con la protección de las autoridades locales.

De la hoguera al senior living

A Mauricio Reina le brillaron los ojos cuando narré a trompicones la maravillosa y triste historia de las beguinas ante unas veinte personas que acudieron a una librería de Chapinero para participar en el Club de Lectura de Bonus track, el libro que escribió el economista-periodista junto con Patricia Morales, su pareja, y el psiquiatra Ricardo Aponte sobre los desafíos de la longevidad. 

¿Por qué vienen a colación estos micropueblos medievales en pleno siglo XXI? Porque con el acelerado envejecimiento poblacional y la consecuente soledad —que se hace más evidente—, este tipo de conformaciones arquitectónicas y sociales están resucitando en diferentes latitudes del planeta.

En Asturias opera Axuntase, al que la periodista Estela Miranda denominó el “primer cohousing intergeneracional”. Se trata de un terreno de 9.000 metros cuadrados en el que conviven de manera independiente 43 personas de siete países y variadas estructuras familiares.

“¿Y qué gracia tiene? Eso es lo mismo que un conjunto cerrado en Chía”, dirán algunos. Pero no. Con esta iniciativa se busca combinar —según la publicación— “la independencia personal con la vida social y el apoyo mutuo, lejos tanto de la soledad doméstica como de los modelos más asistenciales de las residencias tradicionales”.

Senior living
La arquitectura de la longevidad: el futuro del senior living y las viviendas para adultos mayores

Axuntase consta de 36 viviendas, de 2 y 3 habitaciones, y más de 1.000 metros cuadrados de espacios comunes en los que operan el comedor comunitario, un huerto, la lavandería común, zonas para socializar y jardines. Compartir lo importante es el lema de este beguinato moderno, en el que la interacción diaria se logra en esos espacios comunes. El desafío: combatir la soledad no deseada al promover la interacción entre personas de diferentes edades.

El nido de pájaros

Al otro lado del charco, en Texas, Robyn Yerian compró un terreno para convertirlo en su propia versión de cohousing. The Bird’s Nest (El Nido de Pájaros) nació cuando Yerian, madre soltera divorciada de 70 años, concluyó que su pensión no le alcanzaba para tener calidad de vida en sus años de bonus track. Así que se puso creativa.

Compró un terreno de casi cuatro hectáreas, en el que construyó once plataformas en concreto de tres por nueve metros, con todas las conexiones necesarias para contar con servicios públicos. En cuestión de meses, Yerian logró que once mujeres cabeza de familia (están prohibidos los hombres) instalaran sus minicasas y pagaran 450 dólares de alquiler mensual. 

Al igual que en Axutanse, conviven personas entre los 30 y 70 años de edad. Todas se brindan apoyo para llevar a las mayores a citas y procedimientos médicos, comparten tanto el cuidado de las enfermas como los gastos de las zonas comunes y se encargan de lidiar con nueve perros comunitarios.

El sitio web Hellocare.com.au destacó esta iniciativa por el beneficio que genera en la salud física y mental, el estado de ánimo y la longevidad de sus residentes. “Las mujeres reducen su aislamiento, comparten gastos y se brindan apoyo mutuo”, señala la página. No es gratuito que tengan una lista de espera de miles de personas que anhelan mudarse al nido.

Mujeres, las que más viven

Gracias al algoritmo, en Instagram me persiguen las historias de cohousing, sobre todo con enfoque de género, en Inglaterra, Australia y España, entre muchos otros lugares. Estas iniciativas forman parte de una gran tendencia mundial que busca diseñar opciones para combatir el gran mal de la vejez: la soledad no deseada y la falta de salud financiera.

“¿Por qué será que la mayoría de estos cohousing son de mujeres”, le pregunté con genuina curiosidad a Mauricio Reina. “Porque los maridos se mueren más rápido —me responde muy serio—; por lo tanto, las mujeres se quedan solas más años”. La afirmación es cierta: un niño que nace hoy en Colombia tiene una expectativa de vida de 74,48 años, mientras que una niña puede llegar a los 80,13 años, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).

“Señora, la soledad es más dañina que el cigarrillo”, le insiste con tono regañón el doctor Idrobo a la paciente de 79 años que se niega a considerar mudarse a una comunidad sénior. “Eso es para viejitos que están a punto de morirse”, le replica ella de mala gana.

Senior living
La arquitectura de la longevidad: el futuro del senior living y las viviendas para adultos mayores

Carmencita Rodríguez* vive sola desde hace más de quince años porque su hija se mudó a Estados Unidos. Ella maneja su propio Volkswagen 4 × 4 y cuida como a una bebé a Lupita, una yorkshire tacita de té que todos los días cambia de vestuario para salir a dar la vuelta al conjunto de casas donde viven, en Cajicá. 

Carmencita forma parte de las 4.389.575 mujeres mayores de 60 años que están distribuidas por todo el país. De ese total, menos del 35 % cuenta con una pensión, así que el riesgo de una vejez vulnerable es altísimo.

Esa es una verdad de a puño en Colombia y en muchos lugares del planeta. De ahí que se vean muchas más iniciativas de comunidades femeninas que se juntan para compartir la vida, pero también los gastos.

Colombia: apenas empezando

El sector de la construcción ya comenzó a trabajar en las oportunidades para las comunidades de adultos mayores. Por el momento, identifiqué dos ofertas diferenciadas: los seniors club, para personas mayores de 50 años que son plenamente autónomas, y los seniors living, viviendas asistidas con diferentes niveles de servicios y apoyos para sus residentes. 

El modelo senior club es muy similar en todas las ciudades del país: edificios residenciales con apartamentos pequeños o apartaestudios que tienen lo básico para que una persona sola o una pareja pueda vivir cómodamente y disfrutar de zonas comunes, como teatro, sala de juegos, biblioteca, gimnasio y restaurante. En tierra caliente, no falta la piscina recreativa y funcional. La regla es clara: solo mayores de 50 años.

Por otro lado, los seniors living son los primos sofisticados de los tradicionales hogares geriátricos. Por su amplia oferta de servicios, están diseñados para adultos mayores que requieren cuidado especial y atención en salud permanentemente. Sin embargo, también ofrecen alojamiento para adultos mayores autónomos que desean desentenderse de las arandelas de la vida cotidiana: hacer mercado, pagar servicios, lavar la ropa y contratar personal de aseo, entre otras.

Casa Nua, en Chía, es un proyecto de vivienda asistida premium que se planeó y construyó como un hotel de cinco estrellas. Un hermoso lobby, un restaurante con piano y bar, gimnasio dotado, biblioteca, sala de artes y terapia ocupacional, peluquería, cine y amplios jardines forman parte de un complejo que brinda todos los servicios de un resort, pero que pronto implementará una IPS propia para atender todos los requerimientos de salud de sus huéspedes.

Bernardo Asuaje, CEO de Casa Nua, explicó en un breve recorrido cómo diseñaron cada espacio, basados en los principios de la gerontoarquitectura, un término que hasta entonces me resultaba desconocido y que no mencionaron en ninguno de los cohousing que investigué para este artículo.

Pero sí existe y seguramente se pondrá de moda. Se trata de una disciplina que tiene en cuenta cuatro aspectos claves para el desarrollo de proyectos de vivienda sénior: accesibilidad (rampas en lugar de escaleras, pasillos y puertas amplias), seguridad (pisos y superficies antideslizantes, eliminación de desniveles, barras de apoyo en baño y zonas de paso), ergonomía (muebles a alturas accesibles, grifería de fácil manipulación) y, finalmente, iluminación y acústica (materiales que reduzcan el eco, maximización de la luz natural y luz artificial que minimice los deslumbramientos).

Una mensualidad en Casa Nua, con todas las comidas incluidas y los servicios tipo hotel, arranca en los doce millones de pesos para las habitaciones más pequeñas. Este proyecto de vivienda asistida cuenta en total con 96 suites de diferentes tamaños. La buena noticia es que también tienen versiones más hippies en el centro de Bogotá, a precios más asequibles. En Aldeia, un edificio con 218 habitaciones y más de una decena de zonas comunes, entre las que se destacan un spa y un café con nombre italiano, la mensualidad ronda los seis millones de pesos.

¿Dónde vivir mi bonus track?

Mauricio Reina y Patricia Morales han patinado por varias ciudades del país buscando la más conveniente para disfrutar sus años dorados. A sus 64 años, el economista siente que debe planear con minucioso cuidado esos detalles porque anhela bajarle el ritmo a su ajetreado día; por su parte, Morales, de 57 años, está llena de energía y dispuesta a consolidar su vida de pareja que comenzó hace apenas tres años, después de siete años de largo noviazgo. 

“Bogotá no es una ciudad para la vida después de los 60 —dice enfático Reina—. Lo que se necesita es una ciudad donde se tengan servicios médicos de muy buena calidad, buen clima y que permita caminar con tranquilidad para salir a hacer las vueltas cotidianas, como comprar el pan o mercar”, advierte.

Yo sospecho que Villa de Leyva va ganando la partida en las preferencias de esta pareja. “Tiene un clima excepcional, una buena comunidad, todo se puede hacer a pie y en Tunja hay un buen servicio de salud. Esa puede ser la opción, pero seguimos mirando”, advierte. 

Entonces, ¿dónde pasar ese bonus track que parece ofrecernos la vida? Antes de responder, me gustaría repasar la receta que aportan Reina, Morales y Aponte en su libro para tener una buena longevidad. Ante todo, se necesita salud financiera para cubrir los costos que implica el envejecimiento natural; a esto se suma la salud física y emocional, que se debe cultivar muchos años antes de llegar a la edad de pensión; diseñar una ocupación o un mapa de aprendizaje es clave para evitar quedarse sin hacer nada; también se necesita motivación para vivir con ganas ese tiquete extra que podemos tener y, finalmente, la conexión con otros o la vida en comunidad. 

Y este último punto, precisamente, creo que es el más valioso. Más que un resort para pasar los últimos años de vida, lo que demuestran comunidades como la de Axuntase y The Bird’s Nest es que lo realmente valioso para sacarle el máximo provecho a la longevidad es la conexión humana con diversas generaciones y la disposición a compartir con el otro en el día a día.

En Colombia, estamos a medio camino. Seguramente, cuando se baje la espuma de los seniors club comenzaremos a ver cohousing con auténtico propósito de comunidad, donde el centro serán las conexiones humanas y no solamente los espacios. Tal como lograron hacerlo las beguinas, solo que esta vez nadie arderá en la hoguera. 

* Nombre cambiado a petición de la fuente.

( Continúe leyendo: La economía plateada llegó para quedarse )

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