Foto: Revista Diners
agosto 20, 2026
Arte y Libros

Antonio Galvis: “La belleza puede atraer la mirada, pero después debería conducirnos hacia algo más profundo”

En su exposición Colombia revelada, el fotógrafo Antonio Galvis propone una mirada sobre el territorio que va más allá del paisaje.
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Hay fotografías que buscan mostrar un lugar y otras que intentan comprenderlo. En el trabajo de Antonio Galvis, ambas cosas parecen suceder al mismo tiempo. Durante una década dedicado a la fotografía, ha recorrido páramos, montañas, desiertos y mares, además de acercarse a comunidades, fenómenos naturales y animales en distintos lugares del mundo. Sin embargo, su interés no está únicamente en conseguir una imagen extraordinaria: está en todo aquello que ocurre antes y después del instante en que se dispara la cámara.

Su exposición Colombia revelada parte precisamente de esa idea. Las imágenes muestran un país luminoso, diverso y sorprendente, pero también hablan de sus territorios, de quienes los habitan, de sus ecosistemas y de las tensiones que atraviesan la vida en ellos. Para Galvis, la belleza es apenas el comienzo.

“Lo bello puede ser la primera razón por la que alguien se acerca a una imagen, pero, si detrás de ella no existe una información potente, la obra se agota allí”, explica. Su intención es que cada fotografía contenga algo más: una historia, una pregunta o un conocimiento relacionado con el territorio. Puede ser la migración de las ballenas, la relación de una comunidad indígena con la luz o una determinada cosmogonía. La imagen, entonces, deja de ser solamente una representación para convertirse en una forma de aproximarse al mundo.

Fotografiar desde el cuerpo

Antonio galvis: “la belleza puede atraer la mirada, pero después debería conducirnos hacia algo más profundo”
Antonio Galvis: “La belleza puede atraer la mirada, pero después debería conducirnos hacia algo más profundo”

Una de las particularidades de su trabajo es que Galvis no entiende al fotógrafo como un observador externo. Para él, mirar implica estar presente. Sus fotografías nacen muchas veces en lugares donde el cuerpo se enfrenta al frío, la lluvia, el cansancio, la incertidumbre o la espera.

Pero esa incomodidad no es, necesariamente, un sacrificio hecho para conseguir una buena fotografía. “La fotografía es, más bien, la muestra de que el lugar me permitió recorrerlo, mostrarlo, disfrutarlo y entenderlo”, dice. Antes que la imagen está la experiencia del territorio, la posibilidad de comprender sus fenómenos naturales y acercarse a las cosmologías de quienes lo habitan.

Esa disposición también determina su manera de mirar. Galvis habla de la necesidad de estar “absolutamente conectado y en sincronía” con aquello que fotografía, ya sea un paisaje, una comunidad o un fenómeno natural. Participar en las actividades de una comunidad, comprender las corrientes marinas o dejarse sorprender por una aurora boreal hacen parte de un proceso que, finalmente, se traduce en una imagen cargada de contexto.

En esa aproximación hay también una renuncia: la de convertir cada experiencia en una historia sobre el propio fotógrafo.

Una fotografía sin ego

En tiempos en los que la experiencia personal suele convertirse en contenido, Galvis defiende una especie de “subversión silenciosa”: estar presente sin convertirse en protagonista.

Para él, esa decisión tiene una dimensión ética. Las relaciones sociales, las prácticas de una comunidad, los procesos ambientales o el comportamiento de un animal pueden ser alterados por la presencia de quien llega a fotografiarlos. Por eso considera que el fotógrafo debe saber retirarse, guardar silencio y permitir que aquello que está frente a la cámara conserve su propio sentido.

(Siga leyendo: Guía colombiana para viajar por Islandia)

Antonio galvis: “la belleza puede atraer la mirada, pero después debería conducirnos hacia algo más profundo”
Antonio Galvis: “La belleza puede atraer la mirada, pero después debería conducirnos hacia algo más profundo”

“La fotografía no debería convertir el territorio, la comunidad o el fenómeno natural en un escenario para el ego del fotógrafo”, afirma.

Esa postura está relacionada con otra de sus ideas centrales: fotografiar es encontrarse con algo que no pertenece al fotógrafo. La fragilidad de ese encuentro, dice, se traduce ante todo en respeto. La cámara deja de ser una barrera cuando quien está detrás de ella comprende que aquello que tiene delante —un animal, una persona, una cultura o un paisaje— no le pertenece.

Por eso tampoco busca imponer una narrativa previa sobre aquello que fotografía. Prefiere que las cosas sucedan tal como son, sin intervenirlas para hacerlas coincidir con una idea preconcebida. El territorio, los animales y las personas tienen una existencia propia, y parte de su trabajo consiste precisamente en permitir que conserven su misterio.

La responsabilidad detrás de una cámara

Esa relación con el territorio también lo lleva a cuestionar la idea romántica del fotógrafo como explorador. Galvis reconoce que llegar a un lugar, fotografiarlo y marcharse puede reproducir una mirada colonial cuando no existe una relación responsable con las personas y las historias que allí se encuentran.

“La cámara mal utilizada puede generar necesidades que antes no existían en una comunidad, mostrar un mundo desde una perspectiva irresponsable o tergiversar una realidad”, señala. Para él, una fotografía no solo registra: selecciona, interpreta y construye una versión del mundo.

Antonio galvis: “la belleza puede atraer la mirada, pero después debería conducirnos hacia algo más profundo”
Antonio Galvis: “La belleza puede atraer la mirada, pero después debería conducirnos hacia algo más profundo”

También reconoce el privilegio de poder desplazarse entre territorios y regresar a ellos, una posibilidad que muchas de las personas que encuentra durante sus viajes no tienen. La conexión con una comunidad, explica, no significa apropiarse de su identidad ni asumir que se pertenece a un territorio después de haberlo recorrido durante un tiempo. “Conectarse no significa fundirse con el otro”, dice, sino acercarse con respeto y reconocer los límites de ese encuentro.

El misterio como parte de la imagen

Hay otra decisión que define su trabajo: sus fotografías no tienen título. Galvis considera que nombrarlas puede orientar de antemano la interpretación del espectador y decirle qué debería encontrar en ellas.

Antonio galvis: “la belleza puede atraer la mirada, pero después debería conducirnos hacia algo más profundo”
Antonio Galvis: “La belleza puede atraer la mirada, pero después debería conducirnos hacia algo más profundo”

La ausencia de títulos es, entonces, una forma de preservar el misterio. No todo, piensa, debe ser explicado o traducido. Una imagen puede provocar preguntas sin resolverlas. Puede hacer que quien la observa se pregunte dónde fue tomada, qué fenómeno está viendo o qué ocurrió antes de ese instante.

Esa apertura resulta especialmente importante en una época en la que las imágenes suelen llegar acompañadas de una cantidad creciente de información. Frente a ello, Galvis defiende la posibilidad de que una fotografía conserve algo indescifrable.

Colombia revelada: mirar un país más allá de la belleza

La exposición Colombia revelada fue presentada en el marco del XII Congreso Mundial de Derecho Constitucional WCCL 2026, realizado en la Universidad Externado de Colombia bajo el tema Constitucionalismo sostenible: respuestas para un mundo cambiante. El encuentro reunió a juristas, académicos, jueces, funcionarios y personas relacionadas con la construcción, interpretación y aplicación del derecho, y abrió también un espacio de diálogo entre arte, estética, derechos humanos y justicia constitucional.

Para Galvis, esa relación no es accidental. Las decisiones jurídicas terminan teniendo consecuencias sobre territorios, ecosistemas, comunidades y formas concretas de habitar el mundo. Una fotografía puede hacer visibles esas realidades y generar una sensibilidad distinta frente a aquello que después será objeto de una decisión pública.

Antonio galvis: “la belleza puede atraer la mirada, pero después debería conducirnos hacia algo más profundo”
Antonio Galvis: “La belleza puede atraer la mirada, pero después debería conducirnos hacia algo más profundo”

De ahí surge la idea del “litigio estético”: la posibilidad de que una obra artística contribuya a hacer visibles realidades ignoradas, defender la memoria, dignificar comunidades o intervenir en conversaciones sobre derechos humanos. La fotografía no sustituye una acción jurídica, pero sí puede transformar la manera en que percibimos aquello sobre lo cual se toman decisiones.

Colombia revelada no pretende presentar al país como una postal. Sus fotografías hablan de biodiversidad, comunidades y territorios, pero también de abandono, fragilidad ambiental, conflictos sociales y violencias que han hecho que determinados lugares sean desconocidos o incluso inaccesibles para muchos colombianos.

Por eso, para Galvis, mostrar Colombia implica algo más complejo que promocionar sus paisajes. Se trata de reconocernos en ellos y entender que detrás de cada territorio existen historias, comunidades y formas de vida que pueden ser protegidas, transformadas o destruidas por las decisiones que tomamos.

Quizás esa sea la razón por la que una de las frases que mejor resume su trabajo no habla de una fotografía concreta, sino de lo que puede provocar en quien la contempla. Entre los mayores reconocimientos que ha recibido está el de alguien que, después de observar sus imágenes, se acerca para decirle: “Gracias por mostrarme mi país”.

La fotografia según Antonio Galvis

Ahí, dice Galvis, la belleza deja de ser una superficie y se convierte en conocimiento, reconocimiento y pertenencia.

Su primera portada para Diners, resultado de una expedición al Cocuy en la que estuvo perdido y solo durante cerca de diez horas, conserva para él algo de esa misma experiencia: el cansancio, el frío, la incertidumbre y el miedo que precedieron a la imagen. También recuerda las auroras boreales, un tiburón frente a él o la Vía Láctea. Son fotografías que no funcionan únicamente como registro de un fenómeno, sino como huellas de encuentros irrepetibles.

Porque para Galvis una fotografía no es una forma de posesión. Es la memoria de algo que estuvo allí.

Y cuando el paisaje cambie, cuando desaparezcan ciertos animales, se transformen los ecosistemas o nosotros mismos ya no seamos los mismos, espera que sus imágenes sigan haciendo una pregunta: ¿qué existió aquí y qué sentimos cuando estuvimos frente a ello?

En ese sentido, Colombia revelada propone mirar de nuevo. Primero desde la belleza; después, desde la responsabilidad. La imagen atrae la mirada, pero el verdadero trabajo comienza cuando obliga a detenerse frente a aquello que representa y reconocer que ese territorio también nos pertenece, no como propiedad, sino como memoria, historia y responsabilidad compartida.

(Para saber más: Un viaje en carretera por Coquimbo: el secreto mejor guardado de Chile donde se descubren las estrellas)

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