Foto: Foto. Raphael GAILLARDE / Colaborador / GettyImages
julio 16, 2026
Arte y Libros

Los escritores nazis de Bogotá y Cartagena que Roberto Bolaño se inventó

A propósito del 23 aniversario del fallecimiento del escritor chileno, lo invitamos a este recorrido por las apariciones de nuestro país en sus obras. 
POR:
Yhonatan Loaiza
Revista Diners
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Hace 23 años, el 15 de julio de 2003, murió en Barcelona uno de los autores más representativos de la literatura contemporánea: el chileno Roberto Bolaño. Si se creen todas las leyendas que se cuentan sobre el autor de novelas colosales como 2666 o Los detectives salvajes, se podría sacar la conclusión de que Bolaño dio su vida por la literatura. 

Se decía que, cuando vivió en Blanes, en la Costa Brava catalana, trabajaba como vigilante nocturno en los campings de la zona durante el verano y aprovechaba los tiempos muertos para escribir. 

Se decía que, después de trabajar toda la noche y, tras llevar a sus hijos a la escuela, seguía escribiendo. 

Se decía -y esto sí parece más un mito que una leyenda- que, debido a la escritura frenética de 2666, el chileno decidió postergar un posible trasplante de hígado y, finalmente, falleció por una insuficiencia hepática. Pese a su instrucción inicial de que se publicara en cinco entregas, esta novela se lanzó póstumamente en un solo volumen, de unas 1200 páginas, y se convirtió en una obra cumbre de la literatura de este siglo. 

Y no sólo en la escritura se la jugaba todo Bolaño, también lo hacía en un acto tan elemental como la lectura. El autor chileno, que se definía como un hombre supremamente tímido, contó en una entrevista con el programa La belleza de pensar que, siguiendo el ejemplo de sus amigos, solía robar libros para aumentar su biblioteca hasta que “dos o tres caídas” lo obligaron a detener esta actividad. 

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“Uno empieza comprando libros o robándolos y termina leyéndolos… Pero en mi caso ya es una obsesión, compro los libros y ni siquiera los leo. Los acaricio”, aseguró en esa charla. 

En ese magma literario que creó Bolaño, compuesto por otras novelas memorables como Estrella distante y La pista de hielo, de volúmenes y volúmenes de cuentos, de muchas poesías fallidas y también de ensayos desenfrenados, Colombia se coló tímidamente como un personaje que no alcanza a clasificar como secundario, pero que por lo menos fue un figurante provocador. 

El libro de cuentos Putas asesinas, publicado originalmente por la editorial Anagrama en 2001, incluye el cuento Prefiguración de Lalo Cura. El personaje que le da cuento al relato aparecería más adelante en La parte de los crímenes de 2666 como un matón a sueldo que viene de Villaviciosa, un particular pueblo de la frontera entre Estados Unidos y México dominado por la estirpe de las Marías Expósito. Esa especie de desdoblamiento de sus personajes fue un sutil sello de Bolaño, que también realizó este procedimiento con el profesor Amalfitano, a quien le dedicó la segunda parte de 2666 y también otra novela, Los sinsabores del verdadero policía.

Roberto Bolaño y Medellín

Pero dejemos de prefigurar a Lalo Cura y a Amalfitano y regresemos al cuento, en el que la mamá del protagonista era Connie Sánchez, una mujer soñadora nacida en Medellín, que intentó hacer carrera en Broadway y finalmente terminó haciendo películas pornográficas en su ciudad natal. En la capital antioqueña, un misterioso alemán, Helmut Bittrich, había establecido la Productora Cinematográfica Olimpo, dedicada a ese controversial género y en la que Bittrich ejercía como gerente, director, escenógrafo, músico, relacionista público e incluso matón. 

Los escritores nazis de bogotá y cartagena que roberto bolaño se inventó
Los escritores nazis de Bogotá y Cartagena que Roberto Bolaño se inventó

Connie Sánchez protagonizaba las películas junto a intérpretes como su hermana menor Doris, su amiga Mónica Marr y el enigmático y experimentado actor Pajarito Gómez. La etapa colombiana del cine de Bittrich estuvo plagada de historias demasiado evocadoras para este tipo de películas, como Kundalini, que tiene como escenario el velorio de un ganadero y en la que las escenas de sexo se mezclan con la caminata sin destino del Pajarito Gómez, sobre cuyo cadáver abandonado empiezan a rodar los créditos al final. 

Otro rasgo de Bolaño aparece en esas tramas delirantes: en Latinoamérica, no importa la aridez del paisaje ni la brutalidad de la cotidianidad, también se puede cultivar el simbolismo y, por supuesto, el humor más salvaje. 

“Películas celebradas por narcotraficantes y hombres de negocios. Los tipos simples como los pistoleros o los recaderos no las entendían, ellos de buena gana se hubieran cargado al alemán”, cuenta Lalo Cura, quien es el narrador no sólo del cuento sino de todas las tramas de las películas pornográficas en las que actuó su mamá, incluida una en la que ella estaba embarazada. 

Los escritores nazis de bogotá y cartagena que roberto bolaño se inventó
Los escritores nazis de Bogotá y Cartagena que Roberto Bolaño se inventó

Muchos de los actores regulares de la Productora Cinematográfica Olimpo murieron trágicamente en pueblos y ciudades de Colombia y de Latinoamérica, como Ernesto San Román, muerto a navajazos en la sauna Arearea de Medellín, y Alvarito Fuentes, muerto de sida en la prisión de Cartago. 

Y aquí detenemos el resumen de este cuento. Lo mejor es que usted, estimado lector, les dedique el tiempo que se merecen a estas quince páginas que Bolaño escribió entre 1992 y 1995.

Siguiendo con la excusa de este artículo, Colombia también apareció brevemente en otro libro emblemático del autor chileno: La literatura nazi en América, un compendio alucinante de biografías ficticias de autores del continente que estuvieron relacionados con el nazismo. 

Roberto Bolaño, Bogotá y Cartagena

En el capítulo Los héroes móviles o la fragilidad de los espejos de este desquiciado mosaico aparecen dos escritores colombianos: Ignacio Zubieta, que nació en Bogotá en 1911 y murió en Berlín en 1945, y el cartagenero Jesús Fernández-Gómez, que nació en 1910 y murió en 1945, también en Berlín. 

Escritor roberto bolaño
Le poète et romancier chilien Roberto Bolano, 21 mars 2003, Paris, France. (Photo by Raphael GAILLARDE/Gamma-Rapho via Getty Images)

De Zubieta, Bolaño nos empieza contando que es el único hijo varón de una de las mejores familias de Bogotá y que su vida pareció desde el principio proyectada hacia la más alta de las cimas. 

Por el contrario, la vida de Fernández-Gómez permaneció sumida en el anonimato hasta que, treinta años después de su muerte, la editorial El Cuarto Reich Argentino publicó una parte de sus escritos, que contenían su vida y sus obras. 

Ambos viajan a Europa y, cuando estalla la guerra civil española, deciden sumarse a las huestes franquistas. He aquí otra obsesión que sobrevoló la obra de Bolaño: las vidas que se descompusieron en las cloacas del fascismo de la primera mitad del siglo XX. Basta con recordar a Benno von Archimboldi, el críptico escritor que impulsa toda la trama de 2666 y que en su juventud tuvo que ser soldado del ejército del Tercer Reich. 

Más allá de estas líneas, el mejor homenaje que se le puede rendir a Bolaño es continuar leyendo su obra y descubriendo esas rarezas y esas manías que la habitan. Una nueva opción para aventurarse en esa selva es el libro Notas para una autobiografía, que la editorial Alfaguara acaba de publicar en Latinoamérica y que reúne las entrevistas que Bolaño dio entre 1975 y el año de su muerte. 

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