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Revista Diners
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Desde un complejo excavado entre las montañas del desierto de Arabia Saudita hasta un antiguo palacio convertido en refugio de lujo en la India, la arquitectura hotelera demuestra que la experiencia de un viaje comienza mucho antes de abrir la puerta de una habitación. Cada edificio propone una forma distinta de descubrir el destino, convirtiendo el diseño, el patrimonio y el paisaje en parte esencial de la estancia.
Esa visión es la que reconoce el Prix Versailles, uno de los galardones internacionales más importantes dedicados a la arquitectura y el diseño, que en su edición de 2026 distinguió a los 16 hoteles más bellos del mundo por su capacidad para integrar innovación, identidad cultural y el entorno que los rodea.
Lejos de premiar únicamente la opulencia, la selección evidencia un cambio en la manera de concebir la hotelería de lujo. Los proyectos distinguidos reinterpretan edificios históricos, recuperan técnicas constructivas ancestrales o se integran con el paisaje hasta convertir la arquitectura en parte esencial de la experiencia. Desde fortalezas restauradas y hoteles frente al Mediterráneo hasta refugios inmersos en la selva mexicana o junto a lagos y montañas, cada obra propone una forma distinta de habitar el destino.
Para Jérôme Gouadain, secretario general del Prix Versailles, los 16 hoteles distinguidos este año demuestran que la excelencia arquitectónica no se limita al diseño de un edificio, sino a su capacidad para integrarse a su entorno, enriquecer el paisaje y responder a las expectativas del viajero contemporáneo. Cada proyecto, además, expresa una identidad propia y propone una forma de hospitalidad que dialoga con la cultura del lugar donde se levanta.
La arquitectura como destino
Más que reunir algunos de los hoteles más espectaculares inaugurados en el mundo durante el último año, la selección funciona como una declaración sobre el rumbo que está tomando la arquitectura hotelera contemporánea. Los 16 proyectos distinguidos entienden que el verdadero lujo ya no consiste en imponerse sobre un paisaje, sino en interpretarlo. En todos ellos, el edificio deja de ser un objeto aislado para convertirse en una prolongación de la geografía, de la memoria y de la identidad cultural del lugar que habita. Es esa capacidad para integrarse en su contexto y, al mismo tiempo, enriquecerlo la que el jurado identifica como una nueva forma de excelencia arquitectónica.
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Ese diálogo adopta formas muy distintas. En Arabia Saudita, Desert Rock desaparece, en sí, entre los pliegues de las montañas del Hiyaz: sus villas se distribuyen entre cuevas, grietas y laderas para aprovechar los microclimas naturales y reducir la exposición al calor, mientras que durante el día el complejo prácticamente se desvanece entre los tonos ocres de la roca y solo revela su presencia al caer la noche, como una discreta constelación sobre el desierto.

Pese a que el Kasbah d’If también se enceuntra en el país al norte de África, la edificación se extiende como una ciudadela en las zonas altas del desierto de Agafay, donde recupera las técnicas ancestrales de construcción con tierra apisonada y reutiliza materiales existentes para reinterpretar la arquitectura de las antiguas fortalezas del sur del país, demostrado en una extensión de más de 6.000 metros cuadrads.
Y en Tulum, Naboa, única entrada en el listado que pertecene a Latinoamérica, rompe con el modelo del gran resort compacto; el hotel se despliega en una serie de pabellones independientes que evocan el crecimiento orgánico de los antiguos poblados mayas. Gracias a esa disposición fue posible preservar el 60 por ciento de la vegetación original, de modo que senderos, patios y terrazas no imponen un recorrido sobre la selva: es el bosque el que determina cómo se descubre el hotel.
El pasado, un punto de partida
En Khajuraho, a las puertas del Parque Nacional Panna, en el estado indio de Madhya Pradesh, The Oberoi Rajgarh Palace recupera una fortaleza de 350 años que, con el paso del tiempo, fue transformada en palacio. Su restauración no solo rescata la majestuosidad de la arquitectura original, sino que incorpora jardines, estanques reflectantes, canales de agua y piezas elaboradas por artesanos locales para construir una experiencia que rinde homenaje al legado principesco de la región.

Una mirada similar aparece en Orient Express La Minerva, ubicado en el centro histórico de Roma. Instalado en un palacio del siglo XVII, el proyecto conserva sus fachadas monumentales, los amplios espacios y numerosos elementos escultóricos originales, mientras que sus interiores, diseñados por Hugo Toro, evocan el espíritu de los grandes viajes ferroviarios mediante mármoles, maderas nobles y mobiliario concebido especialmente para el hotel. Desde su terraza, además, es posible contemplar algunos de los grandes símbolos de la capital italiana, como el Panteón, el Vittoriano y la basílica de San Pedro.
La misma filosofía guía la restauración de Splendido, en Portofino, sobre la Riviera italiana. El proyecto devuelve el esplendor a un antiguo monasterio benedictino del siglo XVI y extiende esa intervención a Villa Beatrice, una residencia histórica que, tras permanecer más de un siglo como propiedad privada, abre por primera vez sus puertas a los huéspedes. Ambas restauraciones buscan equilibrar el legado arquitectónico de Liguria con una elegancia contemporánea, sin alterar el carácter del lugar.
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Esa voluntad de reinterpretar el patrimonio también aparece en otros hoteles distinguidos. Sir Prague, situado en el centro histórico de Praga, Chequia, conserva las fachadas de piedra, los pisos de parquet, la escalera escultórica de madera y numerosos elementos originales de un edificio neorrenacentista de 1884, mientras sus nuevos interiores encuentran inspiración en el cubismo checo y en la figura mítica de la princesa Libuše, fundadora legendaria de la ciudad.

En Tiflis, la capital de Georgia, The Telegraph Hotel transforma un antiguo edificio soviético de telecomunicaciones, durante décadas un espacio reservado para funciones administrativas, en un lugar abierto a la vida urbana. Los corredores reinterpretan los estrechos callejones de la ciudad, el patio central funciona como una plaza pública y restaurantes, biblioteca y espacios sociales convierten un icono de la arquitectura industrial en un nuevo punto de encuentro para residentes y visitantes.
Una nueva interpretación del lujo
Aunque los escenarios cambian, desde los Alpes bávaros hasta la costa del Adriático o el corazón de París, muchos de los hoteles distinguidos comparten una misma idea de lujo: una que prescinde de la ostentación para privilegiar la autenticidad del lugar. Materiales locales, oficios artesanales, paisajes preservados y una arquitectura que dialoga con su entorno sustituyen los gestos grandilocuentes por experiencias profundamente arraigadas en el territorio.

En Chiemgauhof Lakeside Retreat, en Alemania, el arquitecto Matteo Thun reinterpreta los antiguos graneros de Baviera para crear un edificio que cede el protagonismo al paisaje del lago Chiemsee y a los Alpes. Cada detalle fue desarrollado junto a artesanos locales y el proyecto incluso reduce la contaminación lumínica para preservar el entorno natural. En Villa Dubrovnik, en la costa croata, la sencillez se convierte en una declaración de principios: piedra caliza, estuco, terracota y roble construyen una atmósfera serena, donde discretas referencias al encaje tradicional croata enriquecen los interiores sin competir con el paisaje del Adriático.
Por su parte, La Fondation, en París, propone una visión distinta del hotel urbano al integrar gastronomía, bienestar, programación cultural, jardines, patios y terrazas en un edificio concebido como una extensión del barrio de Batignolles, donde el lujo también se expresa en la relación cotidiana con la ciudad.
Hoteles que reflejan la identidad de un lugar
En otros proyectos, la arquitectura se convierte en una forma de contar la historia del destino. Más que reproducir referencias locales, los edificios traducen paisajes, tradiciones y memorias colectivas en espacios que permiten comprender la identidad del lugar desde la experiencia de habitarlo.

En The ArcadiaPlace, junto al lago Lugu, en China, la cultura del pueblo mosuo, una de las últimas sociedades matriarcales del mundo, inspira un conjunto de formas orgánicas cuyas curvas evocan un feto en gestación, símbolo de la armonía entre el ser humano y la naturaleza.
También en China, The Silk Lakehouse, en Hangzhou, reinterpreta la residencia de un antiguo comerciante de seda y adapta el edificio para proteger el paisaje cultural del Lago del Oeste, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco, demostrando que la conservación también puede lograrse mediante la arquitectura contemporánea. En Soori Penang, en George Town, Malasia, quince históricas casas comerciales fueron restauradas para dar vida a un hotel que preserva la escala y el ritmo de la calle, incorpora materiales tradicionales y permite a los huéspedes acceder al templo Khoo Kongsi fuera del horario habitual.
En Maison Mystique, en Khao Yai, Tailandia, la literatura y los relatos fantásticos articulan toda la experiencia arquitectónica. Cada recorrido conduce a espacios con una identidad propia y cada habitación desarrolla un universo narrativo diferente. En Les Roches, en Le Lavandou, sobre la Riviera Francesa, esa narrativa surge de la memoria del lugar. El hotel recupera un enclave frecuentado por figuras como Christian Dior, Jean Cocteau, Humphrey Bogart y Lauren Bacall, e incorpora obras de artistas y diseñadores contemporáneos que convierten sus espacios en un recorrido donde patrimonio, arquitectura y arte dialogan de manera permanente.
Lista de los hoteles más bellos en 2026
The ArcadiaPlace, Lugu Lake, en Yanyuan, China.
The Silk Lakehouse, Shangri-La Hangzhou, en Hangzhou, China.
Sir Prague, en Praga, República Checa.
Chiemgauhof Lakeside Retreat, en Übersee, Alemania.
La Fondation, en París, Francia.
Les Roches, en Le Lavandou, Francia.
The Telegraph Hotel, en Tiflis, Georgia.
Villa Dubrovnik, en Dubrovnik, Croacia.
The Oberoi Rajgarh Palace, en Khajuraho, India.
Orient Express La Minerva, en Roma, Italia.
Splendido, A Belmond Hotel, en Portofino, Italia.
Kasbah d’If, en Marrakech, Marruecos.
Naboa, en Tulum, México.
Soori Penang, en George Town, Malasia.
Desert Rock, en Hanak, Arabia Saudita.
Maison Mystique, en Khao Yai, Tailandia.