Foto: @Johanv
junio 16, 2026
Cultura Música y Teatro

Diamante Eléctrico: “La magia está en el ritmo, no en la velocidad”

Juan Galeano y Daniel Álvarez conversan sobre Crudo y Cursi, la importancia de Bogotá en la historia de la banda y el desafío de llevar un espectáculo íntimo al Festival Cordillera 2026.
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Revista Diners
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Diamante Eléctrico atraviesa una de las etapas más particulares de su trayectoria. Tras más de una década de carrera, varios reconocimientos internacionales y una identidad consolidada dentro de la música alternativa colombiana, la banda decidió mirar hacia atrás para reinterpretar su propio catálogo en Crudo y Cursi, un proyecto que apuesta por la intimidad, los matices y la exploración de sus raíces latinoamericanas.

Ahora, con su nombre confirmado en el cartel del Festival Cordillera 2026, Juan Galeano y Daniel Álvarez se preparan para llevar esta propuesta, concebida originalmente para la cercanía del Teatro Colón, a uno de los escenarios más importantes del país. En conversación con Revista Diners, los músicos hablaron sobre el proceso creativo detrás de Crudo y Cursi, la influencia de Bogotá en su identidad artística, su participación en la banda sonora del documental de James Rodríguez para Netflix y el reto de presentar un espectáculo tan íntimo ante miles de personas.

Después de varios años de trayectoria, ¿qué le permitió el proyecto Crudo y Cursi descubrir sobre sus propias canciones que quizás no había visto en trabajos anteriores?

Juan Galeano: Lo principal de Crudo y Cursi ha sido ser introspectivos con las canciones de nuestro catálogo. Ya tenemos más de 100 canciones en casi 15 años de carrera, así que el proyecto nos llevó a mirar un poco hacia atrás. Nosotros no somos una banda que acostumbre hacerlo, pero fue un ejercicio de detenernos y decir: “Wow, hemos hecho un montón de canciones muy chimbas y muy bacanas dentro de nuestro concepto”.

Entonces empezamos a preguntarnos: ¿qué vamos a hacer con esas canciones?, ¿a dónde las vamos a llevar?, ¿cuál va a ser su evolución?

Siento que una parte importante de Crudo y Cursi es la teatralidad del formato, concebido desde el principio para el Teatro Colón. También fue importante que, después de todos estos años, sentimos que ya no tenemos mucho que probarle a nadie, así que quisimos experimentar más con nuestra identidad latina. El disco tiene sones, cumbia, canciones en 6/8 y elementos muy andinos.

Haber explorado esa latinoamericanidad me parece importantísimo para la banda, porque nosotros somos una mezcla de punk, metal, rock, blues y hip hop, pero también somos cumbia, salsa, son cubano y muchas otras influencias que han estado ahí durante todos estos años. Con este proyecto quisimos sacar todo eso a la superficie, ponerlo al servicio de un formato más íntimo, y creo que funcionó bastante bien.

Diamante eléctrico
Portada del álbum Crudo y Cursi. Foto: @Johanv

¿Qué tan importante ha sido para ustedes encontrar un equilibrio entre la energía que siempre ha caracterizado a la banda y la sensibilidad que propone Crudo y Cursi?

Daniel Álvarez: Es muy importante porque Diamante es lo que nosotros somos. Eso es lo más duro y también lo más lindo de este oficio: uno es el producto y lo vive en carne propia. La voz, las manos y la cara de uno representan todo lo que significa su música.

No te diría que hemos tenido una estrategia para buscar una sintonía entre la música que hacemos y las personas que somos. De hecho, es mucho más visceral que eso. Se trata de Juan y de mí tratando de sobrevivir a estar vivos, a tener la edad que tenemos, a ser hombres y a enfrentar todo lo que implica la vida. Al final del día, todo eso repercute en nuestra música porque es lo que somos, es lo que hacemos, es el don excepcional que la vida nos dio y también la forma en que nos ganamos la vida.

Un disco como Crudo y Cursi surge de esa necesidad de decir: bueno, necesito pausar dentro de la música. Un artista, en la medida de lo posible, no debe quedarse quieto y nosotros siempre hemos tenido esa mentalidad. Entonces la pregunta era: ¿cómo desacelerar mientras sigo haciendo música?

Y este disco es el resultado de eso. Es el resultado de mirar hacia adentro mientras hago música, de sanar mientras hago música, de recalibrar la conversación y la amistad entre Juan y yo, que siempre ha evolucionado, y también ese partnership que tiene una dimensión más cercana al negocio y que igualmente ha cambiado con los años. Se trata de entender cómo hacemos esos nuevos cálculos en esta nueva etapa de la banda sin dejar de hacer música.

El resultado es Crudo y Cursi. Somos corazones con patas, manos y voces que necesitan entenderse en cada paso musical que dan. Así es como funciona la música para nosotros.

¿Por qué sintieron que el Teatro Colón era el escenario ideal para grabar este álbum en vivo?

Diamante eléctrico
Diamante Eléctrico en el Teatro Colón. Foto: @Johanv

Juan Galeano: No fue algo que simplemente sintiéramos; fue algo que siempre soñamos. Lo que pasa es que hay burocracias que atravesar y suelen ser bastante complejas. Siempre habíamos querido hacer algo en el Teatro Colón, pero al ser un escenario estatal, el proceso no es sencillo. Sin embargo, el año pasado se abrió una oportunidad muy específica y encontramos la manera de hacerlo. Fue difícil, pero lo logramos.

Una parte importante del reto no fue solo la dimensión musical y visual del proyecto, porque todo tenía que estar bien hecho, perfectamente calibrado, sino también todo lo que ocurrió detrás. Nosotros nos quedamos sin management hace casi dos años y desde entonces hemos estado haciendo todo por nuestra cuenta.

Uno de los grandes triunfos de este proyecto no es solamente musical. También está la parte del negocio, que muchas veces es un desastre y algo que uno preferiría no tener que hacer, pero en este momento nos pusimos la camiseta, camellamos lo que tocaba y conseguimos sacarlo adelante.

La gran satisfacción no fue únicamente haber hecho el disco, los conciertos y haber llenado el teatro, sino haberlo hecho nosotros mismos, bajo nuestros términos y a nuestra manera.

Además, el Teatro Colón es un protagonista esencial dentro del concepto del disco. Lo es en la parte visual, que también era muy importante para nosotros. Los videos que grabamos allí hacen parte de la estética que queríamos construir y de lo que queríamos mostrar. El teatro es un ícono de Bogotá, el más antiguo de la ciudad y, para nosotros, probablemente el más bonito.

Creo que logramos reunir todo eso en un solo logro, en una sola victoria que no solo nos hace sentir orgullosos como músicos, sino también como banda, como hermanos —Daniel y yo— y como esa fuerza inquebrantable que es Diamante Eléctrico, una fuerza que no es únicamente musical, sino también humana y energética.

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¿Cómo se preparan para llevar una propuesta tan íntima y personal como Crudo y Cursi a escenarios masivos como los festivales?

Daniel Álvarez: Eso es muy difícil porque, al comienzo de la banda, nuestro argumento principal era la contundencia, la fuerza. Me acuerdo de una canción que sacamos hace muchos años y decíamos: “Esta canción es una patada en los dientes”. Vivíamos mucho desde ese lugar de la intensidad.

Y la intensidad no falla. Si te montas a una tarima con un montón de distorsión y un baterista mega bulloso, vas a generar impacto hasta cierto punto. Pero con el tiempo nos dimos cuenta de que el verdadero impacto y la verdadera contundencia están en la solidez de una canción bien interpretada, con los matices adecuados.

También hemos descubierto el poder de matizarnos, de bajar tanto como lo permite el show para luego volver a subir. La magia está en esa curva, en llevar a la gente por un recorrido emocional que va mucho más allá de simplemente ser intenso.

Y llevar algo tan delicado a un festival es algo que solo pueden hacer grandes músicos, grandes intérpretes y grandes frontmen. Ahí está Juan liderando la tarima mejor que nunca, y todos estamos en nuestro mejor momento como instrumentistas. Pero es supremamente exigente.

Uno pensaría que, si esto fuera un deporte, el secreto es correr más rápido. Y no lo es. El secreto está en correr al ritmo adecuado cuando el camino lo requiere. Este disco celebra precisamente eso: haber entendido, por fin, que la magia está en el ritmo, no en la velocidad.

Bogotá atraviesa gran parte de su música. ¿Cómo ha influido la ciudad en la identidad sonora de la banda?

Juan Galeano: Haber crecido en esta ciudad nos ha permitido no solamente ser lo que somos, sino también ser lo que queremos ser. Hay una parte importantísima de Bogotá no solo en nuestras personalidades, sino también en nuestra música.

Personalmente, recuerdo haber prestado servicio militar a finales de los noventa y estar en la calle escuchando a La Mojarra Eléctrica o a Totó la Momposina. También recuerdo haber ido a Rock al Parque cuando éramos pelados y ver bandas de metal y de punk. Más adelante, ya mayores, asistir a Jazz al Parque y a muchos otros festivales que se hacían en la ciudad. Todo eso nos hizo quienes somos.

Hoy, cuando miramos hacia atrás, nos damos cuenta de que somos realmente un sancocho de todas esas influencias. Somos conocidos por ser una banda de rock, pero personalmente no nos consideramos simplemente una banda de rock. Nos vemos como una banda del mundo alternativo que explora muchas cosas, y gran parte de esa exploración viene precisamente de haber crecido en Bogotá.

Esto probablemente no habría pasado si hubiéramos nacido o crecido en Armenia, de donde es mi familia, o en Medellín, de donde es la familia de Daniel. Bogotá nos atraviesa y hace parte de lo que somos.

Además, habernos ido de la ciudad durante varios años también nos dio una perspectiva distinta de esa relación de amor y odio que sentimos por Bogotá. Por eso Suéltame Bogotá sigue siendo, después de todos estos años, una canción muy autobiográfica y muy real para nosotros. A veces uno quiere mandar a la puta mierda a todo el mundo y a toda la ciudad, pero al final somos parte de ella.

Así uno quiera irse, siempre regresa, siempre está acá y siempre termina tomando las decisiones desde acá. Por eso siento que Bogotá no solamente nos atraviesa, sino que también nos pertenece.

Diamante eléctrico: “la magia está en el ritmo, no en la velocidad”
Juan Galeano y Daniel Álvarez de Diamante Eléctrico pronto se van a presentar en el Festival Cordillera 2026 con Crudo y Cursi. Foto: @Johanv

¿Cómo ha llevado su música al ámbito internacional sin perder esa identidad tan ligada a Bogotá?

Daniel Álvarez: Mira que cuando nosotros estábamos creciendo, siendo niños nacidos en los ochenta pero criados en los noventa, Bogotá era un no lugar y Colombia era un no lugar. Uno lograba esas cosas a pesar del lugar donde había nacido, porque aquí no estábamos para pensar hasta dónde podía llegar tu arte. Éramos muy de corbata, muy de trabajo, muy de “no mire para el frente, mire para el piso y ojalá no lo agarre un balazo”.

Cuando empezamos a salir con nuestra música nos dimos cuenta de que los tiempos estaban cambiando y de que Bogotá no solo no era un problema, sino que era el motivo de muchas de las cosas que nos estaban pasando.

Una canción como Algo Bueno Tenía Que Tener Bogotá, por ejemplo, terminó nominada a los Grammy. En la época en que nosotros crecimos, nadie habría puesto Bogotá en el título de una canción para celebrarla, porque era un lugar bastante difícil para quienes crecimos aquí.

Lo más bonito de entender es que toda nuestra carrera no ha sucedido a pesar de ser de Bogotá, sino gracias a ser de Bogotá. Bogotá es el lugar donde nacen nuestros números. Aquí es donde se prende el fuego, donde empiezan las conversaciones y donde nacen las historias.

La ciudad está metida en absolutamente todas nuestras canciones, en la forma en que concebimos el amor, el desamor y las historias cotidianas. Por eso hoy somos orgullosos representantes de Bogotá. Como muchos otros artistas de nuestra generación, hemos llevado la ciudad arraigada al pecho, no como algo que hay que superar para triunfar, sino como algo que vale la pena mostrar.

Y creo que somos exitosos porque somos bogotanos.

¿Cómo surgió la oportunidad de hacer la banda sonora del documental de Netflix sobre James Rodríguez?

Juan Galeano: Fue muy bonito porque el director, Simón Brand, que es amigo nuestro desde hace muchos años, quería que la música fuera muy colombiana, pero sin caer en lo obvio. Cuando vimos el primer corte del documental aparecían referencias muy reconocibles, como Waka Waka, y nosotros pensábamos: «Todo bien con Shakira y con todo eso”. Ellos ya tienen toda la plataforma del mundo y ya saben lo que está pasando con ese tipo de canciones futboleras.

Entonces nos preguntamos qué pasaría si no solo hacíamos la música nosotros, desde nuestro propio universo, sino si además incorporábamos otras expresiones de la música colombiana. Fue muy chimba poder incluir proyectos como Frente Cumbiero, 039 o Bloque de Búsqueda; agrupaciones que quizá no son tan conocidas fuera de Colombia, pero que hicieron parte de ese movimiento que ayudó a construir lo que hoy es la música colombiana.

Porque la música colombiana es mucho más que J Balvin, Shakira o Carlos Vives. Todo bien con ellos, pero lo que queríamos era encontrar una identidad propia para el proyecto.

A través de Diamante Eléctrico, que no es precisamente una banda futbolera —aunque Daniel sí es muy futbolero—, sentimos que logramos darle una personalidad muy chimba al documental y a las batallas que ese man ha tenido que librar a lo largo de su vida.

Creo que funcionó bastante bien. Y mostrar un universo colombiano distinto al de siempre, menos asociado a lo comercial, me parece una victoria para Colombia y para la música alternativa.

¿Qué significa para ustedes formar parte del Festival Cordillera 2026 en este momento de su carrera?

Daniel Álvarez: Es un momento muy valiente. Te lo voy a decir así: hay que tener un par de cojones muy bravos para llevar Crudo y Cursi a un festival con decenas de miles de personas, porque es un show muy delicado. Y eso es exactamente lo que vamos a hacer.

Queremos pararnos en esa tarima y presentar un espectáculo que fue concebido para el Teatro Colón, para la intimidad y para la cercanía, y recrearlo en un escenario masivo. En ese sentido, es un momento muy del putas para la música nacional y para nuestra carrera. Es decir: sí, vamos a ir a un festival, pero en lugar de apostar por toda la pólvora y garantizar que la gente se vaya, por lo menos, aturdida, vamos a intentar hacerla sentir algo muy particular y muy delicado.

Eso requiere mucha valentía como intérprete, porque estás en pelota. Te cuento una anécdota: en el primer show que hicimos en Medellín pensé que la gente estaba detestando el concierto porque no se movían ni decían nada. Cuando terminó, me fui para el backstage y le pregunté a Gale: “Oiga, ¿lo odiaron?”. Y me respondió: “No, weón, estaban oyendo. La gente está oyendo, está contemplando, está entendiendo el show desde una perspectiva diferente, que no es hacerse un shot de fondo blanco y ponerse a gritar cosas”.

Si eso pasó en un teatro de 1.700 personas, imagínate lo que puede pasar con 12.000 viendo el show.

Por eso siento que este es un momento para grandes intérpretes, grandes frontmen y grandes bandas. Hacer lo que vamos a hacer en el Cordillera representa exactamente lo que somos en este punto de nuestra carrera: artistas que pueden darse esos lujos y asumir apuestas tan fantásticas como esta.

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