¿Pasó la hora del humor inteligente en televisión?

La sátira política ha existido siempre y hoy en día tiene un papel importante en televisión. Sin embargo, en Colombia hace años que no se producen programas de humor político. ¿Por qué?

En abril de este año, el egipcio Bassem Youssef fue escogido como una de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time. No es para menos, pues desde 2011 conduce el programa El Bernameg, en el que hace una crítica mordaz al gobierno de su país. Como cualquier humorista que se respete, Youssef ha tocado las fibras más sensibles. El gobierno de Morsi y los fundamentalistas musulmanes se han sentido directamente atacados por el humorista, lo que le significó dos días de detención policial en marzo de este año. Ante los ojos del mundo, era un caso importante contra la libertad de expresión. Sin embargo, a pesar de contar con el apoyo del público y de la comunidad internacional, el programa fue suspendido por el canal CBC cuando el conductor criticó sus prácticas editoriales.

El Bernameg sigue la línea de otros programas como The Daily Show, que desde 1999, bajo la dirección de Jon Stewart, se ha encargado de ser un termómetro liberal de lo que pasa con el gobierno norteamericano, las elecciones, la sociedad y el papel de los medios de comunicación como mediadores políticos. En la televisión de los Estados Unidos existen otros programas con la misma intención como el Colbert Report, en el que Stephen Colbert –en el papel de un republicano tradicional, conservador hasta el tuétano– hace una sátira de otros programas de noticias; el segmento de noticias Weekend Update, de Saturday Night Live, y shows como el de Bill Maher.

Tanto Stewart como Colbert han sido considerados por los medios de su país como personajes influyentes, que marcan tendencia y con una voz de peso a la hora de escoger gobernantes. Aunque Stewart ha dicho varias veces que no es reportero sino comediante, y que no está haciendo un programa de noticias –un discurso fácil para escudarse de la crítica–, una encuesta realizada en 2012 por Pew Research Center lo puso en el mismo nivel de medios de comunicación como The New York Times, The Economist y programas de análisis político como The O’Reilly Factor.

En Colombia ya no hay programas de televisión de sátira política. Los hay en radio, como La luciérnaga y La ventana, sin duda exitosos, pero no en televisión. Los hubo en los noventa, en una de esas épocas doradas de la televisión, cuando Jaime Garzón, con su infinita lucidez, creó personajes como Emerson de Francisco para Zoociedad, Godofredo Cínico Caspa para ¡Quac! El noticero y Heriberto de la Calle para La Lechuza y CM&. Aunque años después aparecieron programas como Francotiradores y Los reencauchados (en varias reencarnaciones hasta que en mayo de este año salió del aire), los cuales alcanzaron una fanaticada nada envidiable, después de la muerte de Garzón en televisión nadie ha vuelto a igualar su impacto en la opinión pública.

Los casos de cada país despiertan varias inquietudes sobre el papel que tiene la sátira política en la televisión. ¿Son puro entretenimiento? ¿Una fuente de información? ¿Tienen algún tipo de función social? Por un lado, la sociedad norteamericana parece preocuparse de que estos programas estén informando de manera parcializada y con altas dosis de cinismo, pero a la vez demuestra destacables niveles de progreso en lo relacionado con la libertad de expresión y el poder del establecimiento sobre los medios de comunicación, todo lo contrario al caso egipcio. En Colombia las dudas no difieren mucho de las anteriores, pero, considerando el vacío que han dejado esos programas, la pregunta es si son programas que el país rechaza como consumidor o si el asunto es que hemos perdido la capacidad de reírnos de nosotros mismos.

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