Febrero se viste de colores, ritmos y tradiciones en Latinoamérica. Mientras el mundo mira hacia Río de Janeiro, cuatro carnavales auténticos –Veracruz en México, La Rioja en Argentina, Olinda en Brasil y Barranquilla en Colombia– prometen experiencias vibrantes que combinan identidad local, música en vivo y la calidez de sus pueblos. Estos eventos, menos masificados que el gigante brasileño, atraen a millennials y viajeros experimentados que buscan sumergirse en celebraciones genuinas, lejos del turismo masivo.
“Hoy los viajeros quieren vivir los carnavales de manera cercana, conectando con las tradiciones y la identidad de cada destino. Desde Despegar acompañamos esa búsqueda con propuestas en distintos países de la región, para que cada persona elija fácilmente cómo y dónde vivir esta experiencia”, afirmó Pablo Jaitman, country manager para Despegar Colombia. En un 2026 donde las conexiones culturales pesan más que las selfies perfectas, estos carnavales ofrecen precisamente eso: pertenencia, sabor y memoria viva.
Veracruz: La fiesta abraza al mar (10-18 febrero)

México abre el telón carnavalero con Veracruz, donde el Golfo de México se funde con tambores y sones jarochos. Del 10 al 18 de febrero, la costa hervirá con comparsas que recorren el malecón, desfiles iluminados y conciertos gratuitos que duran hasta el amanecer. Imagina bailar zapateado entre mariscos frescos –huachinango a la veracruzana y toritos de guayaba– mientras los carros alegóricos deslumbran con luces LED y temáticas que van desde la historia huasteca hasta críticas sociales ingeniosas.
Este carnaval, uno de los más antiguos de América (desde 1789), no es solo fiesta: es resistencia cultural. Las veracruzanas, con sus volantes multicolores y peinetas gigantes, lideran combites que mezclan son huasteco, danzón y cumbia. Para los viajeros, es ideal combinar playa diurna en Villa del Mar con noches de rumba en la Plaza de las Constituciones. Hoteles boutique a pie del malecón ya reportan 85% de ocupación; reserva pronto si quieres caminar entre locales, no colas eternas.
La Rioja: La chaya que late con la tierra (13-15 febrero)

Argentina responde con La Chaya de La Rioja, un carnaval andino que honra la cosecha y el terruño. Del 13 al 15 de febrero, las sierras se llenan de zambas, chacareras y bagualas que retumban en la Chaya Mayor –un anfiteatro natural para 25.000 almas–. Aquí no hay carrozas de lujo: la alegría nace de copleras que desafían con coplas improvisadas, bombos legüeros y guitarrones que narran amores imposibles y luchas campesinas.
La identidad riojana se siente en cada acorde. Los “chayeros” cubren las calles de banderines criollos, asan cabrito y comparten vino torrontés en fogones comunitarios. Es un carnaval para conectar con lo esencial: la tierra roja que da vida. Visitantes destacan la calidez: “No es un show, es familia”, cuenta un porteño que lleva cinco años regresando. Vuelos directos desde Buenos Aires (1 hora) y hospedaje en fincas boutique hacen de La Rioja accesible y auténtica.
Olinda: Muñecos gigantes dominan las colinas (13-18 febrero)

Brasil guarda su mejor secreto en Olinda, Patrimonio de la Humanidad donde las calles empedradas se vuelven escenario vivo. Del 13 al 18 de febrero, 500.000 almas danzan tras muñecos gigantes –hasta 12 metros– que satirizan políticos y celebridades. Comparsas como “Mungangas do Caboclo” tocan maracatú y ciranda desde las 8 a.m., convirtiendo la fiesta en maratón diurna que evita la saturación nocturna de Río.
Olinda respira sincretismo: herencia africana, indígena y portuguesa se mezclan en blocos afrobahianos y frevo que obliga a mover las caderas. Sube al Alto da Sé para ver bonecos “quemados” simbólicamente, come tapiocas con queso coalho y duerme en pousadas coloniales con vistas al mar. Menos comercial que Salvador, ofrece la esencia brasileña pura: espontánea, inclusiva y con seguridad reforzada para turistas.
Barranquilla: El oro UNESCO de Colombia (14-17 febrero)

Colombia cierra con broche de oro: el Carnaval de Barranquilla, proclamado Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la UNESCO. Del 14 al 17 de febrero, la Arenosa espera superar sus 800.000 visitantes de 2025 con la Guacherna nocturna (viernes 13), Batalla de Flores (sábado 14) y desfiles de Majordomos y Rey Momo. Jojojo, mapalé, cumbia y garabato llenan 80 cuadras de ritmo mientras la Primera Fiesta de Calle Latina del mundo vibra con 100 tambores por cuadra.
Desde el icónico puente Romero hasta el estadio Tomás Adolfo Ducó, la diversidad costeña explota: congos de San Juan, negritos de Padilla y toros de Turen. Cocina que enamora –sancocho trifásico, butifarras, cholados– y una agenda con conciertos gratuitos de Carlos Vives o Grupo Niche. Bogotá y Medellín ya venden 70% de vuelos; paquetes Despegar con hotel+entrada suman glamour accesible. “¡Aquí se goza como se vive!”, resume la esencia barranquillera.
(Siga leyendo: La historia detrás de los disfraces del Carnaval de Barranquilla)


