Mientras Andrea está empezando su día, yo voy terminando el mío. La mañana del miércoles la espera en Tailandia, mientras yo, por mi lado, voy despidiendo el martes en Colombia. Nos estamos viendo a través de nuestras respectivas pantallas con esas doce horas de diferencia atravesadas, y claro, aunque preguntarle “¿qué está pasando en el futuro?” es un chiste, en el fondo es también para mí una metáfora de la persona que tengo enfrente y de su proyecto.
Andrea Medina lleva más de catorce años dedicada a las plantas. Esta antioqueña es la creadora de Yerbatería, un laboratorio botánico enfocado en artes herbales que, además de productos de cuidado personal y cosméticos, diseña experiencias vitales desde la reconexión con la naturaleza. Es una ventana al futuro que plantea preguntas esenciales sobre cómo nos relacionamos como especie con lo que nos rodea y con aquello de lo que formamos parte integral, sin ser conscientes de esto.
Del diseño de productos a la curación botánica

En su época de estudiante, cuando cursaba la carrera de diseño de producto en Medellín, Andrea se comenzó a cuestionar lo que quería hacer con su carrera y su propósito. “Estamos en un mundo en el que no necesitamos realmente más productos. Aunque me gustaba mucho mi carrera y entendía su importancia, me empecé a cuestionar muchísimo acerca del consumismo y la forma en que diseñamos para este. ¿Qué podía hacer yo que combinara lo que había estudiado con un propósito que le aportara al mundo y que, al mismo tiempo, me llenara?”, recuerda Andrea que se preguntaba.
Cuando en la universidad surgió la oportunidad de un intercambio en Tailandia, un lugar que sonaba muy bien pero del que no sabía mucho, no lo dudó un segundo y decidió hacer la solicitud, en parte como aventura y en parte pensando que tal vez la distancia le daría algo de perspectiva.
“Terminé viviendo en Tailandia un año enseñando español. Y allí me di cuenta de que la cultura y la gente están íntimamente conectadas con las plantas y las hierbas. En la tradición, en la comida, en el día a día, las plantas siempre están integradas como parte del todo. El contraste con la poca tradición yerbatera que tenía yo misma y mi entorno en Medellín fue enorme y me generó fascinación y curiosidad. Ahí sentí una necesidad de conectarme y aprender de las plantas para volver a mi raíz”, asegura.
A partir de esa experiencia, Andrea decidió que eso era lo que quería hacer: utilizar el diseño de producto con esa nueva pasión. Así las cosas, en el 2011 inició su propio proyecto de cultivo doméstico de plantas, que poco a poco fue derivando en lo que es hoy Yerbatería. Se mudó a la montaña en Santa Elena, en los alrededores de Medellín, donde comenzó a experimentar con mezclas de hierbas y plantas y a acercarse a este mundo tanto desde lo empírico como desde una investigación consciente. En el proceso se asoció con su madre, Alejandra Montoya, quien hoy es la directora de producción y se encarga de todo lo referente al laboratorio.

“Empezamos sin saber mucho, pero nos metimos de lleno en el aprendizaje a través de libros, expertos, yerbateras tradicionales en las plazas de mercado y vecinos que entendían del cultivo. Al principio nos enfocábamos en productos sencillos, como mezclas para infusiones, y en una línea de corte más místico: sahumerios y sacos de hierbas con propósito”.
Con los años, después de mucha investigación, experimentación y asesoramiento con ingenieros químicos, comenzaron a desarrollar productos más elaborados, como la línea cosmética y de cuidado personal, entre los que se cuentan hoy champús, jabones, pasta dental y desodorante. Entendieron también que uno de sus propósitos esenciales estaba en crear un universo donde se ofreciera la opción de mantener el equilibrio del cuerpo, la mente y el espíritu por medio de las plantas.
“Yerbatería es un laboratorio botánico y de artes herbales porque, lejos de ser productos para el consumo masivo, son muy cuidados. Nuestras producciones son pequeñas pero muy bien curadas, con materias primas de altísima calidad. Cultivamos y cosechamos nosotras mismas, secamos y preparamos nuestros propios extractos botánicos a partir de las diferentes extracciones en alcoholes, aceites o glicerinas, y siento que eso le da mucho espíritu a todo lo que hacemos. Desde esta perspectiva nuestra intención no es, por ejemplo, entrar en grandes superficies, sino conectarnos realmente con un público que comprende lo que hacemos y vibra en esa misma sintonía”, explica Andrea.
Nuevos horizontes

Tras varios años en Santa Elena, la vida llevó a Andrea a mudarse a Santa Marta, donde nacieron nuevas oportunidades de expansión que hoy son parte fundamental de Yerbatería; un nuevo entorno, una nueva comunidad y nuevas materias primas para explorar le dieron un giro crucial al proyecto.
En 2020, Nina Arias, creadora de Gitana del Mar, un hotel especializado en retiros y encuentros holísticos en Buritaca —a una hora de la capital del Magdalena—, la invitó a participar en uno de sus eventos con una barra de pociones diseñadas especialmente para la ocasión. El encuentro fue un éxito, lo que derivó en su propio retiro, también en Gitana del Mar, al que llamaron “Yerbatería paradisiaca”, evento de sanación holística enfocado en compartir el conocimiento de las plantas y las hierbas para integrarlas en el autodescubrimiento y en la rutina de cuidado físico, emocional y espiritual.
“Esta fue la puerta que nos impulsó a abrirnos a otro universo: el de la ceremonia, el del ritual. Empecé a pensar mucho en diseñar ceremonias, que suena como algo muy solemne, y de hecho puede serlo, pero no necesariamente debe ser complejo. La idea es convertirlo en algo natural, sencillo, cotidiano. Se trata de encontrar la divinidad en todo y hacer las cosas con devoción, sin que esto esté ligado de ninguna manera a una religión en particular”. Así pues, para celebrar la vida, el amor, los nacimientos, la muerte o simplemente la gratitud, sin que se trate de una fecha especial, las ceremonias y encuentros empezaron a ser parte esencial de Yerbatería.
Hace cuatro años, Andrea y su madre se encontraron con la oportunidad de comprar un terreno en la Sierra Nevada de Santa Marta y, sin dudarlo, acudieron a ese llamado. Era el lugar perfecto para montar el laboratorio y para llevar a cabo sus retiros, además de establecer y cuidar una reserva natural.
“La reserva se llama Bajagua, que es el nombre de un árbol que se da en las riberas del trópico. El nombre es perfecto, puesto que es una tierra de mucha agua que baja por la montaña y llega al mar. Aquí comenzamos la vida desde cero, pues cuando uno vive en la ciudad o en el campo —un campo que está civilizado—, da muchas cosas por sentadas. Nosotras acá tuvimos que replantear todo. Somos energía solar 100 %, tenemos baños compostables, hemos construido poco a poco y esto nos ha hecho muy conscientes de cada recurso. Ha sido mucho de entender cómo funciona todo de la forma más básica”, cuenta.
Ahora cuentan con cabañas para estadías cortas y largas, así como con una maloca construida junto a sus vecinos koguis, y han diseñado un recorrido ceremonial tejido con la naturaleza como guía.
Conexión en movimiento

La medicina de Andrea ahora también viaja. Su experiencia inicial en Tailandia, la que la llevó a tomar el camino de las plantas y a través de la cual se enamoró del país asiático, se convirtió en un programa de inmersión botánica que refleja su filosofía de explorar la tierra para comprender la vida. En esta nueva aventura, catorce personas se embarcaron con ella en un viaje de veintiún días para recorrer tres destinos y conocer el país desde una perspectiva alternativa a la del turismo tradicional.
Así pues, a lo largo de Bangkok, Chiang Mai y una isla salvaje, Andrea los guía en la visita de templos poco conocidos, mercados locales, jardines exuberantes y emprendimientos botánicos muy bien curados y alineados con el espíritu del universo Yerbatería. El corazón del viaje es una inmersión con una yerbatera tailandesa: cuatro días de talleres, plantas y masajes tai. Por supuesto, la gastronomía es también parte esencial de la experiencia: “La comida es una locura; es una cocina muy creativa e inteligente, un arte en el que las plantas y las hierbas son también protagonistas y utilizadas con visión disruptiva para lograr sabores infinitos y únicos”.
Precisamente desde allí, una vez culminada la primera versión de este viaje, tiene lugar mi encuentro virtual con Andrea, la del presente y la del futuro. Esa mujer de presencia serena y a la vez fuerte, que habla desde el corazón con profunda convicción de ese propósito que encontró hace ya tantos años y del que ha recorrido el camino, siempre abierta al aprendizaje y la reflexión.
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