Hay artistas que se entienden mejor lejos del escenario, sentados en una mesa de madera con una taza de café al frente, hablando sin prisa sobre el lugar de donde vienen, sobre la gente que los formó y sobre los errores que los obligaron a cambiar el rumbo.
Elemecé (Jaime Andrés Serna) pertenece a esa estirpe. Su música no nace de una estrategia de mercadeo ni de una pose calculada, nace de una relación íntima con el Eje Cafetero, con Armenia y con la memoria sonora que va de Caballero Gaucho a J Balvin, de Julio Jaramillo a los corridos tumbados que empezaron a sonar con fuerza en 2019.
Escucharlo hablar es entender que detrás de cada verso hay un movimiento hecho con el corazón. Nada llegó de golpe. Todo se fue armando con el tiempo, como se arma una finca o un catálogo musical.
El origen del movimiento arriero
La historia de lo que hoy Elemece llama el movimiento arriero empezó hace varios años, cuando el auge de los corridos tumbados abrió una grieta creativa que le permitió imaginar otra forma de mezclar la música popular con el rap y el trap. En ese momento la propuesta se llamó Gang Star Rilera, una etiqueta que definía una etapa de exploración donde la música popular dialogaba con códigos urbanos sin perder del todo su raíz.
Ese primer impulso derivó en un catálogo concreto y en una firma con Walter Coll, con quienes trabajó durante 2 años haciendo corridos tumbados con un sello colombiano, hasta que el proyecto empezó a pedir otra dirección. Al cierre de ese ciclo apareció una pregunta clave. ¿Cómo encontrar un norte propio cuando se están cruzando demasiados géneros?
La respuesta fue una depuración. En lugar de forzar una mezcla imposible, Elemece decidió reconocer las piezas que ya estaban ahí. Cumbias arrieras, corridos arrieros y rap arriero. Tres lenguajes distintos que conviven dentro de una misma visión, sin intentar fundirse en una sola forma musical. El nombre dejó de ser La Rilería y pasó a ser el movimiento arriero, una declaración de identidad que se sostiene en instrumentos como el tiple y el requinto, elementos centrales del folclor de su región, adaptados a una estética contemporánea.
Armenia y el campo como paisaje cotidiano
Elemecé nació en Armenia, una ciudad que convive con lo rural de una manera casi orgánica. Los pueblos quedan cerca, las fincas aparecen en el horizonte y el campo no es una postal distante, es una extensión natural de la vida urbana. Durante su infancia, su padre le inculcó el amor por la naturaleza y lo llevó a pasar vacaciones en la finca, donde las labores del campo se volvían parte del aprendizaje, sin que eso implicara trabajar formalmente en el agro.
Esa cercanía marcó su oído. Creció escuchando música huasca y popular, nombres como Olimpia Cárdenas, Julio Jaramillo, Octavio Mesa y Caballero Gaucho, artistas que hoy aparecen como referentes inevitables cuando habla de corridos arrieros. En el terreno de la cumbia, la memoria apunta hacia Lisandro Mesa, Rodolfo Aicardi, Pastor López y Los Corraleros de Majagual, una educación sentimental que explica por qué su música no suena impostada cuando habla del campo.
Amor de Taita y la memoria afectiva
El álbum Amor de Taita condensa buena parte de esa relación con lo rural y lo familiar. Las referencias al campo no aparecen como decorado, están incrustadas en la estética, en las letras y en los videos, donde una camioneta clásica, una trocha y una cosecha bien vendida se vuelven símbolos de una vida posible.
Una de las canciones más comentadas conecta de forma directa con los caficultores del Quindío, al narrar la experiencia de subir la trocha con el carriel lleno, después de una buena venta. La reacción ha sido visceral. Amigos, campesinos y recolectores reconocen en esas imágenes una verdad cotidiana. El café marca el calendario con 2 cosechas al año, la principal en marzo y la traviesa entre julio y agosto, momentos en los que la platica llega y el esfuerzo encuentra un respiro.
De esta forma Elemecé habla de amigos, de gente cercana, de historias que ha visto repetirse, sin romantizar la dureza del trabajo ni esconder su dignidad.
El corrido como relato verídico
La palabra corrido carga una connotación pesada en el imaginario colectivo, asociada a narrativas violentas y a un mundo que muchos prefieren evitar. Elemecé decidió enfrentar esa carga desde el significado original. Un corrido es una historia verídica, un relato real, una crónica cantada de una vivencia concreta.
No todas las historias hablan de narcotráfico ni de crimen. Hay corridos de resiliencia, de pérdida, de trabajo, de familia y de errores. En ese marco, sus canciones se construyen desde una humanidad reconocible, lejos de la figura del superhéroe o del capo, más cerca del ser humano común que tropieza, se levanta y sigue.
De ahí que parte del proyecto tenga una intención pedagógica. Elemece observa con atención cómo muchos artistas hablan de corridos colombianos mientras cantan sobre instrumentales mexicanas, y decide tomar otro camino. La apuesta consiste en culturizar al público, mostrar que en Colombia existen sonidos propios que pueden dialogar con lo urbano sin perder su identidad.
Carranga, música llanera, vallenato, cumbia caucana y otras expresiones regionales aparecen como territorios posibles. La idea es generar arraigo, orgullo y pertenencia, especialmente entre los jóvenes, que encuentran en el lenguaje urbano una puerta de entrada hacia sonidos que también les pertenecen.
Café La Gestión como extensión del discurso
La coherencia del proyecto se expande más allá de la música. Junto a su esposa, Elemece creó café La Gestión, una marca que tomó 2 años de desarrollo y un trabajo previo de un año en aspectos técnicos como certificaciones, INVIMA, FDA y exportación.
El lema sí o sí la gestión resume la filosofía. Toda gestión merece ir acompañada de un buen café. La marca opera como una empresa independiente, con su propio nicho, aunque dialoga de manera natural con la narrativa de Elemece. Actualmente exportan café a Estados Unidos y abren mercados en Europa, en un proceso que avanza con paciencia y constancia.
Entre sus productos destaca un lote edición especial del MC, un blend de Génova, café de altura, de las variedades caturra y arábiga. A esto se suman cafés infusionados con whisky, elaborados durante la tostión mediante una técnica que aprovecha la alta temperatura para absorber aromas, y cafés con CBD, ampliando la propuesta sin perder la base cafetera.
Trece años de insistencia
La decisión de dedicarse a la música no fue inmediata. El proyecto de Elemece empezó hace 13 años, con una inversión inicial y una larga etapa de desconocimiento sobre la industria. Durante 6 años navegó en un limbo creativo hasta que en 2018 y 2019 llegaron los corridos tumbados y con ellos una colaboración con Ñengo Flow, que incluyó grabación, videoclip en Cali y una experiencia intensa que, aunque nunca se lanzó oficialmente, dejó aprendizajes clave.
Ese camino lo llevó a Puerto Rico y a conocer a Elías de León, fundador de White Lion Records, sello vinculado a Calle 13, Tego Calderón, Jowell & Randy y otros referentes. Más que una asesoría formal, se trató de una guía, de una relación que le permitió entender la industria desde adentro y ampliar su red de contactos.
El crecimiento en plataformas digitales no llegó por azar. Elemecé y su equipo diseñaron campañas específicas en universidades del Quindío, con activaciones físicas, kits de arriero, recolección de datos y promoción de Spotify. El objetivo fue fortalecer la fan base digital y aumentar el Popularity Index, una métrica clave para llamar la atención de curadores.
La estrategia incluyó vallas publicitarias en Armenia y se apoyó en el contexto de las fiestas de la ciudad, donde el poncho se volvió un símbolo visible del proyecto. El trabajo se concibe como un paquete integral que incluye redes sociales, medios, plataformas y presencia territorial.
Chapo y la lealtad como emblema
El logo de Elemece tiene la figura de un perro. No es una elección estética al azar. Chapo fue su pitbull, gris con pecho blanco, un compañero que marcó el inicio del proyecto y que hoy vive como homenaje gráfico. El perro simboliza lealtad, afecto y una relación honesta, valores que Elemece asocia con su camino artístico.
Lo que viene
El horizonte está claro. Se planean fiestas tipo boiler room de cumbias rebajadas en Cali y Armenia, un álbum conceptual titulado Poesía criolla con 10 cumbias, un libro de recetas criollas arrieras y un mini documental de 25 minutos. El proyecto apunta a estar listo entre 2026 y 2027.
Además, hay 12 lanzamientos programados, 4 sencillos y un EP que llevará por nombre Solo Corrido Arriero Mijo, con la intención de sumar a una leyenda de la música popular colombiana como Charrito Negro. Entre rimas y café, Elemecé construye un proyecto donde la música no se entiende sin el territorio, donde el negocio no se separa de la identidad y donde la gestión, como el buen café, se toma despacio, pero deja marca.


