Foto: Wikimedia Commons/ BY CC 3.0
febrero 19, 2019
Cultura

Los infinitos ecos: un homenaje a Umberto Eco

Juan Gustavo Cobo Borda le rinde homenaje al escritor italiano Umberto Eco, que murió el 19 de febrero de 2016.
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Juan Gustavo Cobo Borda

¿Cuántos Ecos contienen Umberto Eco (1932-2016)? El árido semiótico donde lenguaje y matemáticas interrogan los signos. El sagaz lector de literatura que nos descifra a Manzoni, a Víctor Hugo, a Borges y Alejandro Dumas, con el fascinado ímpetu juvenil de la primera lectura. También está el Eco que nos resume, con apasionada inteligencia, Arte y belleza en la estética medieval (1987), donde muestra cómo la catedral es la enciclopedia por excelencia que resume en piedra, vitrales y columnas labradas un universo que asciende espiritualmente hacia Dios, sin olvidar el canto gregoriano. Pero allí están además San Agustín, Santo Tomás, Dante, Nicolás de Cusa y el hermetismo neoplatónico

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En un libro posterior, Cinco escritos morales (1977), se sumerge en la más rabiosa actualidad: la guerra de Irak, el fascismo italiano que vivió desde los diez hasta la llegada de los soldados norteamericanos: un negro que le reveló el chicle y los cómics a colores. A partir de allí su interés por la cultura de masas y su fascinación tanto en Tintín como en James Bond.

Pero es su biblioteca de 30.000 volúmenes la que le concede aventuras más libérrimas: La historia de las tierras y los lugares legendarios (Lumen, 2013) donde vamos de la Biblia y Homero, de Preste Juan y El Dorado, de la reina de Saba, hasta la Última Thule y el Grial, sin olvidar las fantasías de Julio Verne o los delirios nazis. Ensayos de Eco, preciosos mapas y grabados y selección de textos de quienes fabularon esas comarcas en el Tíbet, la Antártida, el interior de la tierra nos llevan a un viaje no solo imaginario. Cada encrucijada, cada secta, cada especie descrita tendrá algo que revelarnos.

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Eco es guía pero también intérprete, como ha sido siempre. Quizás por ello desde El nombre de la rosa (1980) no pudo contener su veta novelista, de disponer el crucigrama de la ficción ya sea sobre Aristóteles o sobre un descubrimiento científico o sobre islas que solo vislumbramos un día y luego se desvanecen para siempre. Tanta ciencia tenía que terminar forzosamente en sutil poesía. Tal es el legado de quien fuera muchos en uno solo y nos ha dejado sus vastos libros para sorprendernos, inquietarnos y disfrutarlos con placer inextinguible.

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