Revista Diners
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A comienzos de la década de los ochenta, Doris Salcedo, la reconocida artista plástica colombiana creadora del contramonumento Fragmentos, vio por primera vez los grabados de la serie Los desastres de la guerra, que Francisco de Goya realizó entre 1810 y 1820, a propósito de la guerra de independencia española contra las tropas de Napoleón Bonaparte.
“Fue muy fuerte; fue un shock, en realidad. Era ver la primera representación de la guerra con una claridad y con una nitidez que yo podía identificar como algo que estaba relacionado con el lugar de donde yo venía. Eso me conmovió profundamente y, en cierta forma, me guio por mi camino como artista”, recuerda Salcedo.
Esos poderosos grabados de Goya retratan escenas —que se podrían calificar de cotidianas pero que en realidad son despiadadas— de lo que dejó aquella guerra que duró seis años. Y, como dijo la artista, son imágenes que logran trascender un solo conflicto y tienen el poder de resonar siglos después. A ella, por ejemplo, le recordaron a una de las tantas víctimas que ha dejado el conflicto colombiano.

“Hace un momento, yo hablaba acerca de una muerte que siempre me ha dolido mucho: la de una enfermera que se llamaba María Cristina Cobo Mahecha, a quien descuartizaron viva en Calamar (Guaviare). Y lo que sabemos de lo que le hicieron a ella y las imágenes que vemos aquí de descuartizados… No hay diferencia, es el mismo dolor”, reflexiona la artista.
Fragmentos, ese espacio de memoria cuyas baldosas tallaron Salcedo y mujeres víctimas de violencia sexual durante el conflicto armado a partir de armas fundidas de la extinta guerrilla de las FARC, exhibe ahora los 80 grabados de Goya que conforman Los desastres de la guerra. Salcedo asegura que no deja de ser un hecho histórico que esas piezas, en las que el célebre artista español planteó una novedosa aproximación a los conflictos bélicos, hayan llegado a Fragmentos, teniendo en cuenta que la entrada es gratuita y que, especialmente para ella, la existencia de este contramonumento representa un gran logro para Colombia.
Salcedo plantea que los colombianos tenemos una baja autoestima como nación, pues generalmente consideramos que todo lo nuestro es negativo, y Fragmentos es la muestra de que logramos un acuerdo de paz que permitió destruir 37 toneladas de armas y desarmar con esto a 13.000 guerrilleros.
“Si lo pensamos como producto del diálogo, es un logro extraordinario de seres humanos que reconocemos al otro, al que piensa diferente, como un interlocutor. Y así estemos radicalmente en contra de lo que hicieron las FARC, y hasta los consideremos criminales, en muchos casos criminales de guerra, se logró un punto en el que ellos se desarmaron; esto llevó a algunas comunidades, no a todas, y durante un periodo corto, una cierta noción de paz o de posibilidad de futuro”, argumenta.

Los desastres de la guerra, que justamente se presenta cuando se conmemoran los diez años del acuerdo de paz, tiene como pieza insignia el grabado Tristes acontecimientos de lo que ha de suceder, en el que un hombre arrodillado, quizás ya seguro de su fatal destino, abre los brazos en forma de cruz.
“En esa obra vemos cómo Goya, con los medios gráficos que tiene un artista, muestra la luz y la sombra. Es una imagen increíblemente sombría de una víctima, un ser que está arrodillado viendo el horror que lo rodea, y eso es lo que cualquier víctima de cualquier conflicto está viendo en una oscuridad terrible”, afirma.
Doris Salcedo asegura que en otros grabados se puede ver cómo, de esa oscuridad, surgen seres terribles que para Goya representan la irracionalidad, la estupidez y la brutalidad. Aunque, por supuesto, los grabados representan un momento específico, tienen una capacidad narrativa sobrecogedora, que sugiere una secuencia a partir de ese trazo que ha congelado una sola acción.
Para Salcedo, lo que se observa entonces son unas imágenes en desarrollo que no se pueden comparar, por ejemplo, con la reportería de guerra, que toma una imagen estática de lo que está ocurriendo. “Aquí, de pronto hay una explosión y la gente está cayendo; de pronto, una madre muere de hambre, el esposo la recoge y la niña huérfana está llorando; de pronto, en una escena de hambruna, la gente está desfalleciendo de hambre y hay una bella joven que, con la cabeza agachada, en actitud de sumisión y de vergüenza, se va a vender a un soldado francés que la espera. Es decir, siempre nos está conectando o estamos viendo las diferencias de clases”, añade.
Con este trabajo, Goya eliminó además ese barniz patriótico con el que se solían retratar los sucesos del conflicto en aquella época. El español, según Salcedo, cambió la noción que se tenía de la guerra, que se consideraba heroica y, además la retrató sin nacionalismos, pues hay imágenes en las que se ve a hombres uniformados asesinando a campesinos desarmados y también al pueblo español, embrutecido de odio, atacando con hachas a soldados franceses. “Vemos que el ser que recurre a la violencia se embrutece y es un bárbaro. Eso es lo que nos muestra Goya”, complementa Salcedo.

En esa línea, hay piezas a las que vale la pena dedicar varios minutos de contemplación, como ¡Duro es el paso!, en la que Goya muestra que incluso la naturaleza ha sido destruida, pues un árbol que se usaba para colgar víctimas ya está totalmente doblegado, por lo que hay tres soldados que ahorcarán a un ser humano de una manera salvaje.
Salcedo también resalta una estampa a la que espera que el público le preste mucha atención: Nada. Ello dirá, en la que un esqueleto, que sale de ultratumba, tiene una pluma y escribe en una hoja la palabra “Nada”.
“¿Qué nos deja la guerra? Nada. Y mientras no comprendamos eso, que no hay sino dolor y destrucción y horror, no vamos a lograr salir de la nada. Ahora, hay otras estampas importantes, como una que dice que murió la verdad, y eso lo estamos viviendo en este momento. ¿Por qué tiene que morir la verdad? Y luego, en la siguiente, se pregunta: ‘¿Y resucitará?’. Preguntémonos lo mismo: ¿qué tenemos que hacer los colombianos en este momento para que la verdad resucite?”, se cuestiona la artista.
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