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Lina González: “Si las oportunidades no existen, hay que crearlas”

La caleña Lina González es una de las directoras de orquesta con más trayectoria internacional. Conversamos con ella sobre su carrera.

Foto: Mariángela Quiroga

La caleña Lina González es una de las directoras de orquesta con más trayectoria internacional. Conversamos con ella sobre su carrera.

A Lina le tomó unos segundos poner en contexto la llamada que acababa de recibir en julio pasado. Estaba en casa de unos amigos cuando le avisaron que era la ganadora de la medalla de la Excelencia Musical entregada por la organización Sphinx, una entidad de Detroit que se encarga de apoyar a líderes de diferentes disciplinas. “Me tomó por sorpresa –dice–, este no es un premio al que yo haya aplicado, es un premio para el que me seleccionaron”.

Lina González Granados nació en Cali hace 34 años y es una de las directoras latinoamericanas con más trayectoria internacional. Ha sido ganadora de la cuarta edición del concurso CSO Sir Georg Solti, ha dirigido la Orquesta de Filadelfia, la Sinfónica de Seattle, la Filarmónica de Los Ángeles y varios montajes de ópera en Estados Unidos. Pero el trabajo que más disfruta, afirma, es estar al frente de Unitas Ensemble, la orquesta de cámara que creó con el propósito de poner sobre los escenarios la música de compositores latinoamericanos.

Esta es la primera vez que la organización Sphinx entrega su medalla a una directora de orquesta. Una más de las varias primeras veces en las que Lina ha abierto historia para las mujeres, los latinoamericanos y los músicos.

Lina

La caleña ha dirigido la Orquesta de Filadelfia, la Sinfónica de Seattle y la Filarmónica de Los Ángeles.


Antes de encontrarse con la dirección orquestal había planeado ser pianista, ¿es verdad?

Sí, ahora digo que soy un proyecto de pianista. Comencé por estudiar piano y cuando estaba en la mitad de la carrera sentí que algo me faltaba. Tenía la disciplina, pero entraba en conflicto constantemente porque me hacía falta la gente. La carrera de un pianista es muy solitaria, se van los días estudiando y sin ver a nadie. Yo siempre he sido muy amiguera y, en ese entonces, me ganaba la impaciencia por comunicarme.

¿Cómo supo que esa forma de comunicarse era la dirección?

Descubrí lo que me gustaba: hacer música con la gente, nunca sola. No vengo de una familia de músicos, mi papá es médico y mi mamá también estudió medicina, a pesar de que nunca se graduó; yo no tenía quién me mostrara ese universo y me llevara de la mano hasta la dirección. La encontré poco a poco, cantando en coros, estudiando, haciendo música. Siempre supe que necesitaba una carrera en la que la compañía primara sobre el beneficio individual.

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¿Qué pasó luego?

Me di cuenta de que en Colombia no había muchas oportunidades en mi campo –hablo de hace diez años–, cuando las cosas eran distintas. Supe que lo único que podía hacer era salir a buscarlas. Necesitaba una ciudad grande, con más referentes que pudieran inspirarme. Viajé a Estados Unidos y durante un buen tiempo exploré, intenté, conocí. Me presenté en un lugar para estudiar, luego en otro, a la espera de que dentro de mí se reunieran las herramientas suficientes para que alguna me aceptara. Con paciencia y trabajo llegué al conservatorio de New England y, bueno, el resto ya fue un poco más fácil.

¿Qué referentes encontró?

En Colombia tuve a Andrés Orozco-Estrada. Pero mi primera mujer referente fue la directora mexicana Alondra de la Parra: era joven, estaba llena de energía y no le daba miedo nada. Después conocí a Marin Alsop y se convirtió en mi Referente, con mayúscula. Ha sido mi ídolo, mi inspiración y mi gran mentora.

Lina

Lina González es la primera directora en ganar la medalla de Excelencia Musical que entrega Sphinx.


Además, Alsop ha sido la primera mujer directora titular de la Orquesta Sinfónica de la Radiotelevisión en Viena, la primera en dirigir la última noche en los BBC Proms y la primera en muchos
otros espacios de lucha por la equidad de género en la música. ¿Cómo se conocieron?

Apliqué a un festival que ella dirige, el Cabrillo Festival of Contemporary Music, en California. El primer año fui como auditora y en el segundo participé como becaria. Nos entendimos muy bien y se interesó en mi carrera. Seguimos esporádicamente en contacto y me recomendó que me presentara al Taki Concordia, una beca fundada por ella para directoras jóvenes. Apliqué y gané. El premio era un dinero generoso y la oportunidad de seguir a Marin por dos años: ser su asistente en proyectos, su alumna, ver de cerca su trabajo. Ahora que recuerdo, cosas de la vida, cuando estaba a punto de graduarme en Colombia, vi esa beca por internet y sin saber qué significaba y con toda la ingenuidad del mundo, dije: “Ay, algún día me la voy a ganar”.

¿Todavía está en contacto con Marin Alsop?

Todavía. Hablamos una vez a la semana, le cuento mis proyectos, mis dudas, le pido consejos musicales. Si alguna vez no entiendo algo en una partitura, le pongo un mensaje de texto y recibo una llamada suya con explicaciones detalladas. Mi arma más poderosa han sido esas personas tan generosas que he encontrado por el camino. Vivo muy agradecida y trato de hacer lo mismo desde el lugar en el que estoy, aplicar lo que me enseñaron y ser generosa con lo que sé.

Según cifras de Bachtrack, en 2018 solo tres mujeres estaban en la lista de World’s 50 Busiest Conductors; de 2.891 obras contemporáneas interpretadas por orquestas, solo el 12,8 % habían sido compuestas por mujeres, y en la lista de compositores canónicos solo entraba Clara Schumann. ¿Existe una brecha de género en la música clásica?

Sí, ha cambiado y se ha reducido con el tiempo, pero sigue presente. Lo que ocurre en la música clásica es que la brecha de género no puede ponerse bajo el mismo lente en todos los lugares del mundo. En Finlandia, por ejemplo, hay muchas directoras con carreras prominentes, contrario a lo que ocurre en Latinoamérica, donde este porcentaje es muchísimo menor. También es importante ver que la brecha no está siempre en el mismo espacio, algunas veces está en la orquesta, otra en los directivos y otras en el público.

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¿Ha sentido personalmente esa brecha?

La microagresión, el prejuicio, la discriminación siempre han estado presentes en mi carrera, pero eso nunca me ha importado. Las oportunidades me las hago. Las busco, no me las encuentro. Cuando me presenté a estudiar dirección en Cincinnati, fui la única mujer en el grupo de postulantes y una directora argentina que formaba parte del jurado me preguntó: “Lina, ¿tú crees que Colombia está lista para recibir una mujer directora cuando salgas del programa?”. Estoy hablando de hace diez años y mi respuesta fue: “No, aún no, pero el día en que esté, yo tengo que estar dos veces más lista”.

Si le hicieran la misma pregunta ahora, ¿qué respondería?

Que sí. Tenemos una generación de músicos muy interesantes, de administradores, de gestores, de críticos musicales, todo eso pesa. El cambio no solo se da desde el podio, el cambio es algo multisistémico y multicultural; mientras haya líderes positivos en otras áreas, nuestro proceso va por buen camino. Estar listo es, también, estar preparándose de la mejor manera.

Usted ha dicho varias veces que las oportunidades se crean. ¿Unitas Ensemble es producto de esa filosofía?

Yo creé Unitas Ensemble, mi orquesta, en 2015, con quien ahora es mi esposo. Cuando trabajé con Alondra de la Parra me enamoré de la música latinoamericana. Comencé a aprenderla, a investigarla, a disfrutarla. Organicé mis prioridades y me di cuenta de que esta música era la que yo quería dirigir y tocar. Comencé a estudiar qué necesitaba para hacerlo posible y descubrí dos cosas: no había orquestas de repertorio latinoamericano, y el interés por este repertorio en Estados Unidos era solo de unos pocos. Y sí, las posibilidades hay que crearlas. Así surgió Unitas.

¿Cuántos músicos la conforman?

La cantidad varía. Está entre doce y treinta músicos, según el montaje. Es una orquesta pequeña, pero hace muchísimo: estrena obras de compositores latinoamericanos, encarga piezas y tiene muchos aliados que creen en ella. Unitas es mi trabajo preferido. Tengo control total de lo que quiero dirigir y de cómo quiero hacerlo. Además, me ha dejado grandes aprendizajes: desde la mejor forma de mover las sillas, hasta aspectos específicos de la dirección, pasando por cómo ser eficiente con todas las gestiones administrativas.

¿Y cómo se financian?

Con mucho esfuerzo y muchas lágrimas. El primer concierto lo hicimos con parte de mis ahorros: yo trabajaba en orquestas, coros, de bibliotecaria. Luego ganamos algunos premios y becas que nos ayudaron mucho, pero en general lo hacemos un poco con las uñas. Financiarnos es muy difícil, sobre todo porque uno de los principios inamovibles de Unitas es que el trabajo de cada músico debe estar remunerado.

Marin Alsop dice: “He sido la primera mujer en muchas cosas y me siento orgullosa, pero también encuentro patético que todavía las mujeres tengamos que vivir primeras veces”. ¿Le ha tocado ser la primera alguna vez?

Varias. En Taki fui la primera hispanohablante. Hace poco, en otro programa de Filadelfia, fui la primera directora. Siempre existirán excusas para la discriminación: cuando deja de importar que sea mujer, comienza a pesar que soy latina, y cuando eso deja de importar, pesa que, además, soy joven. Siempre habrá un sesgo, depende de nosotras estar listas para enfrentarlo. Para mí es muy bonito porque una vez derribado, además de abrir oportunidades propias, permite que otros sueñen con ellas. Nadie anhela lo que nunca ha visto. Si yo no hubiera conocido a Alondra, no habría creído que eso estaba también a mi alcance. Me gusta pensar que hago lo mismo por otras mujeres, que convierto en posibles sus metas. Para mí, ahí está el verdadero triunfo.

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Septiembre
30 / 2020
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