La llegada de Aterciopelados a la semana de los Grammy Awards 2026 no responde a una casualidad ni a un gesto nostálgico de la industria, es la consecuencia natural de una trayectoria que ha sabido mantenerse viva, crítica y creativa a lo largo de más de 3 décadas, ahora condensada en Genes Rebeldes, el álbum con el que la banda colombiana vuelve a ocupar un lugar central en la conversación del rock latino contemporáneo.
Con su elegante extravagancia y una identidad sonora que nunca ha pedido permiso, Andrea Echeverri y Héctor Buitrago aterrizan en Los Ángeles para representar a Colombia en los GRAMMY AWARDS 2026, gracias a la nominación de Genes Rebeldes en la categoría Mejor Álbum Latino de Rock o Alternativo, un reconocimiento que reafirma la vigencia de un proyecto que ha hecho de la rebeldía un lenguaje artístico consciente, creativo y transformador.
La presencia de Aterciopelados en los Grammy evoca de manera inevitable su recordada nominación por La Pipa de la Paz en 1998, en la categoría Mejor Álbum de Rock Latino Alternativo, un hecho que marcó un hito al convertirlos en el primer artista colombiano nominado a estos galardones. Aquella nominación no fue un episodio aislado, fue el inicio de una relación compleja entre la banda y los escenarios globales, donde la música hecha desde Bogotá comenzó a dialogar de tú a tú con la industria internacional.
Tres décadas después, en 2026, la historia parece cerrarse y abrirse al mismo tiempo, porque mientras Genes Rebeldes los devuelve a la gala más influyente de la música grabada, la banda se prepara para una gran celebración de La Pipa de la Paz, anunciando el regreso al escenario de este álbum fundamental a través de una gira y presentaciones especiales en Latinoamérica y Europa, trazando un puente natural entre aquel hito fundacional y un presente creativo vibrante, libre y profundamente vigente.
Genes Rebeldes como manifiesto

Genes Rebeldes reafirma la identidad artística del dúo conformado por Andrea Echeverri y Héctor Buitrago desde una perspectiva madura y sin concesiones, donde la rebeldía se entiende como una postura ética frente al mundo y no como un gesto vacío. El álbum funciona como un manifiesto sonoro que cruza rock, blues, sonidos latinos y exploraciones electrónicas, siempre al servicio de una narrativa que habla de resistencia, sensibilidad y transformación personal.
La crítica especializada ha destacado el carácter honesto del disco, subrayando su capacidad para dialogar con el presente sin perder la raíz que convirtió a Aterciopelados en una banda esencial dentro del rock latino, una condición que hoy se ve reflejada en una nominación que los ubica junto a nombres relevantes de la escena alternativa del continente.
La gira como antesala
La nominación llega tras el Genes Rebeldes Tour por Estados Unidos, una gira que culmina en marzo y que ha recorrido ciudades como Boston el 6 de marzo, Philadelphia el 7 de marzo, Washington D.C el 8 de marzo y Carrboro el 10 de marzo, en escenarios emblemáticos donde la banda ha propuesto una experiencia enérgica, poderosa, íntima y auténtica, conectando con públicos diversos y reafirmando la fuerza de su propuesta en vivo.
Este recorrido ha sido clave para consolidar el impacto del álbum, permitiendo que las nuevas canciones convivan con un repertorio histórico que sigue encontrando eco entre distintas generaciones, una señal clara de que el proyecto continúa en movimiento y diálogo constante con su audiencia.
Más que un premio
Más que una nominación, la presencia de Aterciopelados en los Grammy Awards 2026 celebra una trayectoria comprometida con el empoderamiento femenino, la defensa del medio ambiente y el amor como fuerza unificadora, ejes que han atravesado su discurso artístico desde los inicios y que hoy se manifiestan con mayor claridad en Genes Rebeldes.
En un contexto global donde la música latinoamericana ocupa espacios cada vez más visibles, la historia de Aterciopelados se mantiene como un recordatorio de que la autenticidad y la coherencia artística pueden sostenerse en el tiempo sin perder potencia, y que volver a los Grammy casi 30 años después no es una repetición del pasado, es la confirmación de una obra que se resiste a quedarse quieta y que continúa haciendo del inconformismo una forma de belleza sonora.


