Cartagena Festival de Música, Cartagena Festival de Música, Cartagena Festival de Música, En el periodo barroco, en el que brillaron compositores como el alemán Johann Sebastian Bach y el italiano Antonio Vivaldi, se pensaba que la palabra cantada era el hilo conductor entre el cielo y la tierra, entre lo divino y lo profano. Esa palabra, que se traducía en arias, cantatas y oratorios, producía una polifonía que buscaba equilibrar la técnica y el sentimiento.
Era un contrapunto, un diálogo, que también se puede rastrear en la celebración de los veinte años del Cartagena Festival de Música. Por medio de 27 conciertos y otras actividades complementarias, a los que acudieron cerca de 15.000 personas, en el encuentro artístico se planteó un viaje por la historia de la música.
Una historia, como no podía ser de otra manera, llena de contrastes y de curiosidades. Por ejemplo, en la tarde del lunes, 5 de enero, en desarrollo del concierto “La voz del alma”, que formó parte de la serie Davivienda, en los muros de piedra de la capilla del Hotel Sofitel Santa Clara resonó un arreglo especial de la Chacona de la partita en re menor para violín solo, de Bach, de su cantata Jesús, alegría de los hombres.

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“Generalmente, esta obra es solo para violín solista, pero esta vez fue con un coro a cappella. No se interpreta muy a menudo, ni siquiera en Europa (…). No estoy seguro de que este programa se pueda escuchar otra vez”, aseguró el joven violinista alemán Simon Zhu, que interpretó la pieza junto con ocho integrantes del ensamble vocal Voces8 Scholars.
Aquella tarde del primer lunes de enero, los asistentes al Santa Clara también pudieron escuchar una selección del Arte de la fuga, de Bach, tal vez la obra de contrapunteo más famosa del repertorio occidental, interpretada por el Cuarteto de Cuerdas Indaco.
Durante los nueve días del festival se ofreció una selección de otros títulos infaltables del repertorio académico, como la Sonata para piano n.° 14, Claro de luna, y el Cuarteto de cuerdas n.° 11, Serioso, ambos de Beethoven.
La primera, conocida ya sea por melómanos apasionados o por oyentes incautos, la interpretó el italiano Andrea Lucchesini, quien la calificó como una obra revolucionaria, que en pocas páginas alterna dolor, melancolía, gracia e ímpetu dramático. El cuarteto Serioso estuvo a cargo del Cuarteto de Cuerdas Indaco, fundado hace 18 años por la violinista Eleonora Matsuno y el violista Jamiang Santi. “La palabra ‘índigo’, que es indaco en italiano, es un color que nadie sabe muy bien cómo es porque tiene muchos tonos. Eso es exactamente lo que nosotros tratamos de hacer con nuestro sonido, usar muchos colores dentro de lo que tocamos”, afirma Matsuno sobre la trayectoria del cuarteto.
El alma y el cuerpo en el XX Cartagena Festival de Música

“El alma y el cuerpo. Universalismo musical y escuelas nacionales” fue el tema central del programa del XX Cartagena Festival de Música. Y aquí se plantea otro diálogo, quizás el más importante, pues el festival unió el alma, que simboliza esos trascendentales repertorios de Occidente creados por Bach, Beethoven, Mozart, Schubert y Haydn, con el cuerpo, símbolo de la música nacionalista que bebió del folclor y de las tradiciones de los pueblos del norte y del este de Europa o de América Latina.
Gracias a esa propuesta, se abrió un gran espectro musical y el público pudo disfrutar de piezas tan diversas, pero igualmente conectadas en el fondo, como la Elegía para orquesta de cuerdas, del ruso Piotr Illich Chaikovski, interpretada por la Orquesta de Cámara Franz Liszt en el concierto inaugural; el Porro de la suite colombiana n.° 3, del autor colombiano Gentil Montaña, y el poema sinfónico El elefante y el payaso, de Paquito D’Rivera, que el quinteto del célebre músico cubano tocó junto con la Orquesta Sinfónica de Cartagena en el concierto de clausura. En esta pieza, D’Rivera interactuó con el público, recordando la famosa melodía del tercer movimiento de la Sonata para piano en la mayor n.° 11 de Mozart.
Más allá de ese recorrido que pasó por el barroco, el clasicismo, el romanticismo y los nacionalismos, ese concepto del alma y el cuerpo tiene connotaciones que apuntan hacia otras esferas: habla de intuición y preparación, de cerebro y corazón.
“Interpretar un instrumento es una conexión del alma y el cuerpo. No es como un deporte, para el que entrenas los tecnicismos al máximo; aunque hacer la música tiene también mucho de eso, de practicar con el cuerpo todos los días, al final en los conciertos tú quieres expresar tus sentimientos, quieres expresar lo que está dentro, y eso es el alma”, asegura el alemán Simon Zhu, quien en 2023 ganó el Primer Premio en el prestigioso Concurso Internacional de Violín “Premio Paganini”, celebrado en Génova (Italia).

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La violinista Eleonora Matsuno coincide con esa visión de Zhu y añade que muy frecuentemente se piensa que la música es una actividad exclusiva de la mente, pero el cuerpo es clave para crearla. “Pienso que es muy importante que la conexión entre los dos tenga un balance y que practiquemos para lograrlo”, añade.
Quizás uno de los instrumentos musicales que más exigen al cuerpo es el arpa, que en esta edición del festival tuvo como gran representante al francés Xavier de Maistre. Considerado por la crítica especializada como un virtuoso del más alto nivel, De Maistre llegó a Cartagena con los que considera dos de los grandes estándares del repertorio clásico para el instrumento: el Concierto para arpa y orquesta, de Händel, la única pieza escrita originalmente para arpa en el periodo barroco, y el Concierto en do mayor para arpa y flauta, de Mozart, en el que el músico francés compartió escenario con la flautista italiana Silvia Careddu.
Más allá de haber ejecutado esas piezas de música académica, De Maistre también resaltó la interpretación con la que se ha acogido el arpa en las culturas tradicionales de Latinoamérica. En Colombia, por ejemplo, este instrumento es el corazón del joropo de los Llanos Orientales.
“Es muy diferente, por supuesto, porque la interpretan de pie (…); generalmente, las personas tocan con las uñas y cantan; es una técnica muy distinta y pueden crear sonidos increíbles. A veces trato de imitarlos, pero, por supuesto, no puedo hacerlo igual a ellos”, cuenta el francés.
Una nueva etapa musical

A las grandes sinfonías, sonatas, conciertos para instrumentos y cuartetos, y a esos ritmos tradicionales colombianos como el porro, el bunde tolimense y el bambuco, esta edición del festival sumó ritmos de un corte más contemporáneo.
La electrónica, por ejemplo, estuvo representada por el dúo de piano e ingeniería Grandbrothers, mientras que el pop, en su vertiente más sinfónica, llegó con la voz del estadounidense Cody Fry, quien interpretó en versión orquestal algunos de sus éxitos junto a la Filarmónica Joven de Colombia.
Esas propuestas anticipan lo que será la nueva etapa del Cartagena Festival de Música, pues en la edición de 2027 el músico colombiano Julio Reyes Copello, ganador de 14 premios Grammy anglo y Latin Grammy, asumirá la dirección artística.
Para Reyes Copello, este tipo de propuestas tiene el potencial de cautivar a un público más joven. Además, el productor asegura que estos espacios también pueden estimular a los creadores colombianos para que hagan uso de los inagotables recursos de la música de nuestro país.
“Yo los invito a hacerlo de una manera más emocional que racional. Mi mantra en los últimos años ha sido que los artistas somos mensajeros de la belleza y lo único que tenemos que hacer es tratar de tener un acceso muy honesto a esa versión (…). Yo invito a los creadores colombianos a que hagan eso, a que se liberen de la razón y a que puedan captar su versión de la belleza libre de las expectativas”, finaliza Reyes Copello.
La pasión de la Ópera

“El alma y el cuerpo” también abrió un espacio para grandes creadores de la ópera italiana, como Gioacchino Rossini, Giacomo Puccini, Giuseppe Verdi, Gaetano Donizetti, Pietro Mascagni e incluso el austriaco Mozart, quien compuso un célebre ciclo de óperas italianas entre las que se destacan Don Giovanni y Las bodas de Fígaro.
En el concierto “La ópera italiana. Pasiones y virtudes del cuerpo”, que se realizó en el Teatro Adolfo Mejía y contó con el patrocinio de Rolex, participaron la Orquesta Filarmónica Juvenil de Bogotá —dirigida por Stefano Seghedoni—, la soprano Mariam Battistelli y el barítono Federico Longhi.
“La ópera italiana es pasión, es emoción, y es muy importante traerla a Cartagena porque unimos así dos culturas que están basadas en la emoción y en el corazón”, dice Battistelli, de origen etíope, quien se presentó por primera vez en Colombia e interpretó arias como el Vals de Musetta de La Bohème de Puccini.
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