Un maestro marroquinero necesita apenas unos segundos para saber qué tipo y grosor de cuero exige una pieza. Algunos requieren un material más delgado, otros más firme, a veces más suave para lograr una caída perfecta o más rígido para resistir el paso del tiempo. Esa precisión, que se transmite de generación en generación, permite obtener costuras prolijas, sin que el proceso se prolongue en exceso. Así lo aprendió Alejandro García con maestros marroquineros de Colombia, con quienes se enamoró por completo de este noble material que hoy diseña con el nombre de Alejandro Rougt. La marca que fundó hace una década se transformó en un proyecto internacional desde que en 2017 descubrió los cueros italianos en una feria de Milán (Italia). Allí entendió que podía combinar esa tradición europea con fibras de uso común en Colombia, como alpaca, cashmere y lana virgen hilada en Boyacá.

Ese viaje por ciudades de Europa lo acercó a materiales a los que solo tienen acceso unos pocos, algo que lo convenció de que la moda podía ser su camino. En Malta, además, conoció a Charles y Ron van Maarschalkerweerd Borg, quienes crearon la marca Charles & Ron, y con ellos confirmó que era posible construir una identidad propia desde Colombia. Foto cortesía Enrique Peña. El rasgo distintivo de su marca se definió poco después con los artesanos como eje fundamental para narrar el nuevo lujo que se puede construir desde su tierra. De esa manera, recorrió el país buscando a las mujeres wayús de La Guajira, a madres cabeza de familia en Cundinamarca y a más de veinte maestros marroquineros que llevaban décadas trabajando la piel curtida; con ellos levantó un proceso completamente manual.
La visión era suya, pero la magia, la técnica y la perseverancia pertenecían a quienes habían dedicado la vida entera a perfeccionar una puntada. Si bien su formación académica fue en Economía y Negocios Internacionales, Alejandro encontró en la moda un lenguaje natural. La disciplina de las cifras le dio la perspectiva estratégica necesaria para construir una marca con proyección global. La sensibilidad le llegó de su hermana, modelo de alta costura que lo acercó a colecciones de diseñadores europeos. Entre ambos mundos, el de los negocios y el de la creatividad, fue tejiendo un oficio que aprendió de aquellos que no confeccionan y no suelen ser protagonistas.

Ese equilibrio lo acompaña todavía. Su gusto es clásico y sus diseñadores lo saben, por lo que las piezas que salen de su taller no responden a temporadas pasajeras, sino a un deseo atemporal. Lo que diferencia a Alejandro Rougt es que cada accesorio se convierte en una pieza única que se puede transmitir por generaciones. El lujo que no ostenta Foto cortesía Enrique Peña. La filosofía de Alejandro Rougt es que el lujo se encuentra en los detalles. Se siente en la suavidad de un cuero trabajado por manos con cuarenta años de experiencia, en el brillo mesurado de un herraje italiano y en una confección hecha enteramente a mano. De ahí que cada pieza carga con la historia de los artesanos que la fabrican y con la visión de un creador que eligió el camino largo.
Por eso, sus creaciones no aparecen en vitrinas ni en pasillos de centros comerciales. Quien busca una de sus piezas debe acudir a su página web o a puntos selectos de Bogotá, muchas veces con cita, donde se vive una experiencia personalizada, ya que el cliente conoce a fondo el origen de una pieza, así como la historia de quienes la elaboran. La visión de esta marca Foto cortesía Enrique Peña. Las creaciones de Alejandro Rougt conservan una línea de elegancia discreta y obsesión por la calidad. Desde maletas en cuero argentino hasta carteras ideales para acompañar una caminata urbana o un viaje internacional, sus bolsos, carteras, billeteras y capas están pensadas para envejecer bien y, con el tiempo, convertirse en herencias familiares.

Otra de sus apuestas tiene que ver con la incorporación de cristales Swarovski en marroquinería; lo hace con detalles específicos, para recordar que una creación nacional también puede dialogar con la innovación y la exclusividad. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de ALEJANDRO ROUGT | MARROQUINERIA COLOMBIANA (@alejandrorougtsas) Alejandro prefiere no llamarse empresario ni emprendedor. Se ve como alguien que busca reescribir la idea de lujo en Colombia y conquistar al público cosmopolita mientras reivindica la tradición artesanal del país. Su ambición es que la marca trascienda en el tiempo y se convierta en legado, una bandera que muestre al mundo que en Colombia también se hace lujo de clase mundial.
Esa visión lo proyecta más allá. Su objetivo es consolidar a Alejandro Rougt como una casa de moda capaz de cruzar fronteras, con un flagship store en Bogotá y presencia en ciudades como París, Milán o Nueva York. Siempre con el corazón puesto en los artesanos que sostienen el origen de la marca, Alejandro quiere que, en unos años, al pensar en un producto de lujo hecho en Colombia, el primer nombre que aparezca sea el suyo. También le puede interesar: De símbolo a experiencia urbana: Cartier recorre el mundo con su icónica pantera



