Imagine la siguiente escena: un viajero respira profundo, se asoma y siente que el suelo bajo sus pies apenas es una delgada frontera entre la seguridad y el vacío. El viento golpea su cara con la intensidad de una verdad, mientras ante sus ojos se abre un paisaje imposible de abarcar. El vértigo no es solo físico, es también existencial. Allí arriba, en esos balcones elevados que la naturaleza y el ingenio humano han creado, el mundo adquiere otra dimensión, un mirador que le puede cambiar la vida. Vea también: 5 planes imperdibles en Bogotá: senderos, miradores y graffitis en la capital colombiana Porque no se trata únicamente de ver montañas, ríos o ciudades desde lo alto. Es descubrir que los territorios que habitamos cambian radicalmente cuando se observan desde un ángulo inusual. Lonely Planet , la guía de viajes que se ha vuelto brújula de millones de exploradores, eligió algunos de los miradores más impresionantes del planeta. Cada uno ofrece algo más que un simple paisaje; propone una experiencia que desafía los límites del cuerpo, la mente y, en ocasiones, hasta el valor de quien se atreve a contemplarlos. En Noruega, por ejemplo, el Preikestolen, conocido como El Púlpito, se erige a 604 metros de altura. Su plataforma natural se ha convertido en símbolo de aventura y en el recuerdo inevitable de quienes llegan hasta Stavanger, tras dos horas de caminata. Desde allí, la geografía nórdica se abre como un anfiteatro de agua y roca. Muy lejos, en Auckland, Nueva Zelanda, el vértigo se viste de acero y vidrio en la Sky Tower, un coloso urbano que invita a caminar alrededor de su estructura suspendida o incluso lanzarse al vacío en una caída controlada. Viva Latinoamérica y sus miradores En el otro extremo del planeta, la humedad de la selva golpea la piel frente a las cataratas del Iguazú. Desde el lado brasileño, un sendero de madera avanza hacia la Garganta del Diablo, donde el rugido del agua ahoga cualquier pensamiento y convierte al visitante en una partícula minúscula frente a la magnitud de la naturaleza. De Austria llega otra invitación: el paseo aéreo de Dachstein, con un teleférico que acaricia los acantilados y revela horizontes que se pierden en países vecinos. Francia no podía quedar fuera. En Chamonix, la Aiguille du Midi eleva a los viajeros hasta una terraza que enfrenta el Mont Blanc. Solo los alpinistas más experimentados podrían alcanzar este punto por su cuenta, pero el teleférico ha democratizado una vista que antes parecía reservada a los dioses de la montaña. En Italia, la delicadeza se mezcla con la osadía en Il Binocolo, un mirador diseñado con suelo de vidrio que cuelga sobre viñedos y tejados en Merano. América también guarda sus balcones privilegiados. En Arizona, la pasarela de cristal del Grand Canyon Skywalk permite caminar sobre el vacío del cañón, con toda la polémica que ha despertado entre ambientalistas y el orgullo de las comunidades nativas que lo administran. Más al sur, en Zambia, Knife-edge Point ofrece una vista brumosa de las cataratas Victoria, uno de los espectáculos más poderosos del planeta. Colombia no puede faltar en la lista de miradores La lista se completa con las Torres Petronas en Malasia, cuya pasarela suspendida entre dos gigantes de acero brilla con intensidad cada noche, y con un tesoro colombiano: el cañón del Chicamocha, en Santander. Allí, la tierra parece abrirse en un corte profundo que revela la fuerza del río y ofrece la posibilidad de recorrerlo desde el aire, en parapente o en teleférico. Los miradores del mundo son, en el fondo, un recordatorio de nuestra pequeñez y, al mismo tiempo, de nuestra necesidad de contemplar lo grandioso. Viajar hacia ellos es más que un desplazamiento geográfico: es un viaje interior, una prueba de valentía y una celebración de la belleza que, vista desde lo alto, nos obliga a guardar silencio. A continuación, vea los miradores más sorprendentes del mundo: 1. El Púlpito (Noruega) Foto: Jana Janina/ Shutterstock. Una de las mejores panorámicas de Noruega está a 604 metros de altura, al borde del Preikestolen, una formación rocosa cuyo nombre literalmente traduce “púlpito”. Se encuentra en la región de Stavanger, en la costa oeste del país, un entorno montañoso en el que sobresale por encima de los cuerpos de agua de la región. La plataforma se ha convertido en uno de los grandes destinos turísticos de Noruega y en una foto imprescindible para cualquier viajero. Desde la carretera de acceso hasta El Púlpito hay dos horas de caminata, y la mejor época para subir es de abril a septiembre. 2. Sky Tower (Auckland, Nueva Zelanda) Foto: Janice Chen/ Shutterstock. Los viajeros más valientes suelen recorrer este lugar en Auckland. La construcción de 328 metros tiene la mejor vista de la ciudad y es un lugar que pocos se atreven a recorrer. El edificio ofrece una caminata por una rotonda cerrada de vidrio a 192 metros del suelo, que también se puede rodear por el exterior (asegurado con arneses). Otros se atreven a saltar al vacío sujetos por un cable de seguridad. La Sky Tower (skycityauckland.co.nz) abre de domingo a jueves prácticamente todo el día. La entrada de 32 dólares neozelandeses no incluye ni el SkyJump (salto) ni el SkyWalk (paseo exterior). 3. Cataratas del Iguazú (Brasil) Foto: AltairSe/ Shutterstock. Para visitar este lugar es necesario llevar un impermeable, pues se puede atravesar un camino suspendido sobre las aguas del Iguazú. Estas cataratas se sitúan entre Brasil y Argentina y están formadas por 275 saltos a lo largo de tres kilómetros de anchura (y 80 de altura) en plena selva. En Brasil, el sendero conduce a un punto de observación por debajo de la Garganta del Diablo, donde se puede disfrutar del tramo más espectacular de las cataratas. 4. Paseo aéreo de Dachstein (Austria) Foto: Mikadun/ Shutterstock. El macizo austriaco de Dachstein se encuentra a 2.700 metros de altura. Hay un mirador que deja ver picos en países vecinos, como el del Triglav, en Eslovenia, o los bosques bohemios de la República Checa. El trayecto de subida es vertiginoso, pues el teleférico asciende casi 1.000 metros hasta la estación de Hunerkogel y pasa prácticamente rozando la pared del acantilado. 5. Aiguille du Midi (Chamonix, Francia) Foto: Nataliya Nazarova/ Shutterstock. Esta plataforma de observación deja ver uno de los paisajes más lindos del Mont Blanc, que en los días despejados se puede observar justo en frente. El trayecto en teleférico hasta su cumbre sale de Chamonix y supera los 2.800 metros de desnivel a toda velocidad, desde el fondo del valle, en 20 minutos. No se podría llegar de otra forma, a menos que sea un escalador experimentado. 6. Tirol del Sur: Il Binocolo (Merano, Italia) Foto: Alizada Studios/ Shutterstock. Este lugar, diseñado por el arquitecto Matteo Thun como complemento de los hermosos jardines del castillo de Trauttmansdorff, es un mirador suspendido por encima de los árboles y ofrece una panorámica de viñedos, huertos, tejados y laderas alrededor de la población de Merano. El piso está hecho en vidrio transparente, por lo que también es una experiencia para valientes recorrerlo hasta llegar a su extremo. 7. Grand Canyon Skywalk (Arizona, EE UU) Foto: Wirestock Creators/ Shutterstock. Este lugar ha sido blanco de críticas de los ambientalistas, pese a contar con la aprobación de las comunidades nativas de la región. Se trata de unos corredores en cristal que se elevan sobre el Gran Cañón, lo que ofrece una vista única del lugar. El primer visitante fue Buzz Aldrin, el segundo hombre que pisó la Luna. 8. Torres Petronas (Kuala Lumpur, Malasia) Foto: Anuchit kamsongmueang/ Shutterstock. A 170 metros del piso está la plataforma que une las torres por los pisos 41 y 42, una maravilla arquitectónica que además deja ver la ciudad desde uno de los puntos más altos. De noche impresiona aún más, pues todo el complejo está iluminado. El puente cierra los lunes. 9. Zambezi: Knife-edge Point, cataratas Victoria (Zambia) Foto: ByDroneVideos/ Shutterstock. Las cataratas Victoria (o Mosi-oa-Tunya) son el punto en el que el río Zambezi cae por un precipicio de 100 metros de altura para luego serpentear entre los cañones del valle. Aquí se puede cruzar el puente peatonal hasta el punto más alto, donde, si la bruma lo deja, se pueden ver las cataratas y el abismo. La temporada de lluvias es de marzo a abril, cuando las caídas de agua alcanzan su caudal máximo. 10. El cañón del Chicamocha (Colombia) Foto: camilo travel soul/ Shutterstock. La región de Santander es una de las más privilegiadas por sus paisajes. El cañón del Chicamocha es un lugar en el que se pueden observar las formaciones rocosas que rodean el valle del río del mismo nombre, además se pueden hacer actividades como parapente, atravesarlo en teleférico o recorrerlo en helicóptero.



