En el año de 1983, los finlandeses tuvieron la oportunidad de apreciar el arte de Viktoria Mullova, una de las grandes violinistas del momento, que en ese momento contaba con 26 años de edad. Había estudiado en el prestigioso Conservatorio de Moscú y el mundo la conoció cuando ganó el primer puesto en el Concurso Sibelius en 1980 y dos años más tarde la Medalla de Oro en el Concurso Tchaikovsky. Como era de esperarse, empezó a realizar largas giras, pero la de Finlandia fue especial, como cuenta su biografía From Rusia to Love. Ella y su pareja de ese momento, quien se hacía pasar por su pianista acompañante, burlaron a los guardias de la KGB que los custodiaban y escaparon, dejando sobre la cama del hotel el violín Stradivarius que tocaba y que era propiedad de la Unión Soviética. Recorrieron varios cientos de kilómetros hasta que llegaron a Suecia. Allí ocultos en un hotel, con identidades falsas, esperaron un largo fin de semana para pedir ayuda en la Embajada de Estados Unidos. Viajaron a Washington y después de un tiempo, la violinista se estableció en Londres.
Desde entonces, lejos del miedo constante que vivía en Rusia, se ha convertido en toda una virtuosa del violín en occidente con una carrera sorprendente que se consolida día a día. Constantemente toca en los escenarios más importantes alrededor del mundo y con los músicos más relevantes. No hay sino que seguir a Viktoria Mullova en twitter para preguntarse cómo hace para visitar tantos lugares y asumir repertorios tan diversos en tan poco tiempo.
Sus grabaciones de la música de Bach le han merecido innumerables premios, así como sus interpretaciones de los conciertos de Shostakovich, Prokofiev, Brahms, y por supuesto, Beethoven, de quien interpretará en Bogotá su hermosísimo Concierto para violín en el Festival Beethoven el jueves 28 de marzo a las 8:30 p.m. en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo. Resulta interesante que ese conocimiento profundo de la música clásica haya llevado a Viktoria Mullova a explorar otros géneros como el pop, el jazz. En el disco compacto Through the Looking Glass (2000) interpreta piezas de Miles Davis, Duke Ellington y George Harrison. Más recientemente ha incursionado en la música gitana en el trabajo The peasant girl, en el que toca con su esposo, el violonchelista Matthew Barley y su ensamble.
Señora Mullova, usted dejó Rusia hace mucho tiempo, es una historia increíble. Usted dijo alguna vez que el cambio en su vida cuando desertó fue del miedo al amor. Viene a mi mente la época de Prokofiev o Shostakovich, quienes vivieron bajo un régimen terrible. ¿Cómo se acerca usted a estos compositores, después de su propia experiencia?
Siempre me gustó su música. El concierto n. 1 de Shostakovich es una de mis piezas preferidas para tocar. Y uno de mis compositores favoritos es Prokofiev, incluso más que Shostakovich. Es muy de mis afectos, no sólo sus piezas para violín sino también su música para ballet o para piano, o sus sinfonías.
¿Y piensa usted en el momento histórico que vivieron, cuando sus composiciones eran vigiladas cuidadosamente?
Sí,claro, uno de los momentos más duros en la Unión Soviética, el tiempo de Stalin, realmente uno de los periodos más difíciles para la gente en Rusia, muchísima gente murió. Una época muy, muy difícil.
Recientemente se publicó su biografía, escrita por Eva Maria Chapman y usted, ¿en el proceso cambió su manera de ver su propia vida?
Sí, fue un proceso muy difícil, porque tuve que descubrir muchas cosas sobre mi pasado, mi familia, sobre mis ancestros, y llegó a ser muy doloroso en ciertos momentos.
¿Cuál considera usted que es el papel del músico o del artista en la sociedad contemporánea?
Bueno, yo me siento muy afortunada de ser músico. Creo que la música es muy sanadora. Siento eso a veces cuando toco particularmente bien. No es solo disfrutarla. Por ejemplo cuando la gente llora al escuchar música hermosa, es sanador. Las personas tienen vidas difíciles, diferentes problemas, y cuando van a un concierto se alejan de todo eso y se sumergen en la belleza de la música. Creo que es algo muy importante. Soy muy afortunada.
Como tantas personas en el mundo, admiro mucho su interpretación de Bach, ¿qué significa Bach para usted hoy en día?
VM.- Uno de mis compositores favoritos es Bach, y lo interpreto muchísimo. Acabo de terminar mi última grabación con conciertos de Bach, que saldrá en un mes. He tenido la suerte de trabajar con un grupo fantástico que es la Accademia Bizantina dirigida por Ottavio Dantone.
Usted lo ha grabado muchas veces. A través de los años, ¿ha cambiado su interpretación de Bach?
VM.- Sí, especialmente Bach cambia constantemente, incluso de un concierto a otro. Los años pasan y Bach se convierte en algo muy diferente. A veces no lo noto hasta que vuelvo a escuchar mis propias grabaciones de antes. Las sonatas y partitas que grabé hace algunos años, hoy las toco diferente.
Estamos muy emocionados por su concierto en Bogotá en el Festival Beethoven. Beethoven es uno de los compositores más universales en la historia. ¿Porqué considera que es tan importante?
Beethoven tiene ahora para mí el primer lugar. Siempre fue Bach, pero me he dado cuenta que Beethoven es ahora el más importante. Está muy cerca de mí. Admiro su música, su obra de cámara, sus sinfonías. Es maravilloso. El concierto para violín es el más hermoso, pero también técnicamente el más difícil de tocar.
¿Cuáles son los retos de esta pieza?
VM.- Es fantástico. Cuando se mira la partitura todo parece ser escalas y arpegios y si se toca así puede sonar muy monótono, pero al mismo tiempo se puede interpretar de una manera muy romántica. Para mí Beethoven es todavía un compositor clásico, pero muchos lo tocan en la manera romántica que es muy libre. Es muy difícil encontrar el punto medio de la interpretación.
Recientemente usted dijo a través de twitter que no volverá a tocar a Beethoven con cuerdas de metal sino de tripa, aunque no sean tan fáciles de tocar.
Toco con las cuerdas de tripa porque me gusta el sonido, que es más melodioso. No es que sea más suave, como cree la gente. Se trata de un color diferente. Por ejemplo para tocar un forte-piano, como era en la época, hay que utilizar cuerdas de tripa. Aunque las orquestas utilicen las cuerdas tradicionales de metal, yo prefiero las de tripa. Y no es tan fácil tocarlas, suponen problemas técnicos, por ejemplo en los pasajes rápidos. Es mucho más exigente.
¿Aparte de la partitura y del análisis musical, qué otros aspectos considera usted cuando estudia una obra?
Bueno, sigo mi intuición. No estudio las obras desde un punto de vista musicológico. Básicamente escucho a grandes intérpretes, por ejemplo de Bach, y siempre aprendo algo. Y no solo del violín sino del violonchelo, del clavecín o de la flauta. Básicamente tengo los oídos abiertos y trato de aprender. Tengo que aprender el lenguaje y el estilo del compositor y después depende de mí, de cómo lo interpreto.
Sé que usted tiene dos instrumentos maravillosos. Un Gudagnini y un Stradivarius. ¿Qué nos puede decir de ellos, qué diferencias tienen?
El Stradivarius lo toco con cuerdas de metal, así que no lo llevaré a Colombia. Tocaré el Guadagnini con cuerdas de tripa. Tienen sonidos completamente diferentes y los dos me encantan. Toco medio año con uno y medio año con otro. Porque tengo muchos conciertos de repertorio como Bach, Mozart, Beethoven. Y el resto, Shostakovich, Prokofiev, Brahms, los toco en el ‘Strad’.
Usted también ha explorado la relación entre música clásica y el pop o el jazz. ¿Cómo piensa y cómo siente esa relación?
Tocar este tipo de música me ha liberado. He empezado a aprender cómo improvisar, lo que me asustaba mucho al principio, y ahora estoy en el proceso de aprender a hacerlo y lo disfruto mucho. Me siento mucho más libre.
Más recientemente en The peasant girl, también interpreta música gitana. ¿Qué tan gitana o tan campesina es usted en este trabajo?
Eso también cambia, porque como decía, he aprendido a improvisar, y cada concierto es diferente Nos divertimos mucho, y todavía nos quedan muchos conciertos. Siempre es un reto pero con mucha diversión. No sabemos lo que va a pasar porque la música sigue evolucionando.
¿Cuál fue el origen de The peasant girl?
Básicamente, muchos compositores o músicos de jazz han utilizado la música gitana para sus composiciones. Hemos reunido esas composiciones, así que tenemos muchos arreglos de canciones y otras piezas originales clásicas como los dúos de Bartók o la Sonata para violín y violonchelo de Kodaly, que son puramente repertorio clásico pero con una gran influencia gitana. Y lo mismo con el jazz, así que la idea es unir las raíces de la música gitana en esas piezas.
Ud ha tenido la fortuna de hacer música con su esposo. ¿Qué diferencia hay entre tocar con su esposo o con otros colegas?
Me encanta tocar con él. Es un magnífico chelista que además creó este proyecto. Nos divertimos mucho. Además es muy agradable viajar juntos, porque los viajes pueden ser muy solitarios. En los próximos meses tenemos doce conciertos más con The peasant girl. Va a ser muy divertido.
Volviendo sobre twitter, es muy interesante seguirla y conocer sus impresiones por ejemplo de su viaje a Brasil o la enorme cantidad de lugares a los que viaja en tan poco tiempo. ¿Qué tan útiles son para usted las redes sociales y la tecnología?
Pues empecé a usar twitter en el último año y sí, a veces es divertido, otras creo que es demasiado, cuando la gente cuenta que se acaba de levantar o cosas así (ja ja). No tiene sentido a menos que digas algo interesante. Y, bueno, así tengo comunicación con los fans o con el público que quiere saber lo que hago. Puedo poner un twitt que no me toma mucho tiempo.
Con toda la curiosidad que usted tiene por distintos tipos de música, me gustaría saber qué música escucha en la vida cotidiana, solo por placer.
Por placer escucho música cuando viajo con mis audífonos, en el avión o en el tren, en un taxi. A veces leo, a veces oigo música pero no puedo hacer las dos cosas al tiempo porque me distraigo. Prefiero una a la vez. Y oigo en shuffle. Entonces puede ser una pieza barroca y la siguiente puede ser africana y luego india. Y después puede ser pop. Músicas muy diferentes. Creo que hay música fantástica en muchos géneros.
Tener a Viktoria Mullova en Bogotá, interpretando a Beethoven con la Orquesta Filarmónica Nacional de Hungría, es verdaderamente un acontecimiento para no perderse.


