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octubre 15, 2026
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‘Los nuestros’: una reconstrucción dolorosa y necesaria de los ‘falsos positivos’

La escritora y periodista Catalina Oquendo habla sobre este libro que examina las causas y las consecuencias de las ejecuciones extrajudiciales que, según la JEP, han dejado al menos 7837 víctimas.
POR:
Yhonatan Loaiza Grisales
Revista Diners
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Ya desde su título, el libro Los nuestros. Radiografía de los falsos positivos plantea una especie de provocación. Su autora, la periodista antioqueña Catalina Oquendo, no sólo propone un cuidadoso rompecabezas sobre la tragedia de las ejecuciones extrajudiciales que llevaron a cabo miembros de las fuerzas armadas colombianas, sino que nos pregunta, a todos los lectores, cómo permitimos que estos crímenes atroces ocurrieran en un país que vive en democracia.

A partir de entrevistas con familiares de las víctimas y con militares implicados, archivos judiciales y periodísticos, y declaraciones judiciales, Oquendo reconstruye todo el andamiaje que soportó los mal llamados falsos positivos que, según la Jurisdicción Especial para la Paz, dejaron al menos 7837 víctimas.

“Para mí, este libro siempre fue una señal de alerta. Yo intentaba que aparecieran ahí los males, los problemas que nos llevaron a que ocurrieran crímenes como estos, pero también quería hablar un poco de qué nos pasó a nosotros como sociedad para que llegáramos a esa cantidad de casos”, asegura Oquendo.

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La columna vertebral del relato sobre este vergonzoso capítulo de nuestra historia es el caso de los hermanos Luis Esteban y Leonardo Montes. El libro justamente comienza recreando aquella noche en la que dos miembros de la escuadra a la cual pertenecía Luis Esteban llegaron con un hombre que debían “legalizar”. La palabra, o mejor, el eufemismo, escondía aquello que se había vuelto costumbre: ejecutar a un inocente y hacerlo pasar por criminal con el objetivo de obtener así permisos especiales.

Esa noche, Luis Esteban descubrió por simple casualidad y por una intuición que aquel hombre que su escuadra iba a “legalizar” era su hermano Leonardo. “…Además de esos cruces impensados del destino, es una historia que muestra desde adentro la máquina del horror que ocurrió en el país”, escribe Oquendo en Los nuestros.

Durante el proceso de escritura, hubo una frase que empujó la construcción de ese relato coral con el que Oquendo retrata las causas y las consecuencias de esta cruel estrategia. La frase pertenece a otro libro sobre una tragedia, Voces de Chernóbil, de la Nobel de literatura bielorrusa Svetlana Aleksiévich.

“Varias personas víctimas de todo lo que ocurrió en Chernóbil le contaron a Aleksiévich que tampoco habían terminado de comprender todo lo que habían visto y le decían esta frase: ‘Pero quedan nuestras palabras, alguien las leerá y las entenderá más tarde, después de nosotros’. A mí me gustaría que las palabras de este libro quedaran para que alguien, ojalá no demasiado tarde, las lea y entienda que ahí hay señales de lo que no debería repetirse”, complementa Oquendo.

‘los nuestros’: una reconstrucción dolorosa y necesaria de los ‘falsos positivos’
Oquendo ha ganado en tres ocasiones el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. Foto Juan Paulo Vargas

La pluma minuciosa de la autora reconstruye con detalles específicos episodios como lo que pasó esa noche con los hermanos Montes y las repercusiones que afrontaron, además de otros casos representativos de esa desgracia de los falsos positivos y cómo los implicados trataron de negarlos.

Pero en esa historia fractal también hay espacio para la humanidad, para las personas que se atrevieron a denunciar o a negarse a participar en esos crímenes o para los recuerdos de esos rasgos cotidianos de las víctimas. “Finalmente, Colombia es así; donde hay mucho horror, siempre hay otra persona, otro grupo, alguien resistiendo, intentando detenerlo. Entonces, también me parecía justo que estuviera eso”, dice Oquendo.

La periodista antioqueña recuerda especialmente una entrevista con una de las madres de Soacha, quien le dijo que para ella los militares eran sus héroes y que incluso era una de aquellas personas que, cuando salían a las carreteras y veían a los soldados, les alzaban el pulgar. Luego, su hermano apareció entre las víctimas y a ella no solamente se le rompió el corazón, sino que se le quebró la confianza.

“Es un libro sobre cómo se destruye la confianza entre los ciudadanos y las instituciones. Y creo que por eso no hemos podido salir de ahí, porque no hemos logrado recuperar esos lazos de confianza con los que un ciudadano respeta a sus instituciones, en este caso al Ejército, y sentir que efectivamente los protege”, añade Oquendo.

Otra palabra que aparece constantemente en Los nuestros es “ficción”, a pesar de que se trata de casos reales documentados en expedientes judiciales y en declaraciones a la JEP. Para Oquendo, la mayoría de los colombianos nos sentimos cómodos e incluso hubo cierta indiferencia en lo que ella llama la “ficción de la victoria”: como la guerra se estaba ganando, no importaba y no nos debíamos preguntar cómo.

“Y resulta que ese cómo eran al menos 7.837 personas inocentes siendo asesinadas. Entonces, también es una alerta personal sobre la indiferencia a las cosas que van pasando y, aunque yo lo pensaba como una señal para el futuro, que iba a servir como memoria, tal vez ahora se hace incluso más urgente identificar esas señales que intenté que estuvieran en el libro”, asegura la autora.

Aunque el país conoció sobre los falsos positivos hacia 2008, cuando estalló el escándalo de Soacha, Los nuestros va jalando hilos que demuestran que este sistema ilegal empezó muchísimo antes en regiones lejanas a los centros del poder. Según Oquendo, la maquinaria que permitió estas ejecuciones extrajudiciales estaba muy bien aceitada, pues, a pesar de que ya existían denuncias, había tal nivel de impunidad y tal precariedad en la justicia que permitían que siguieran ocurriendo.

‘los nuestros’: una reconstrucción dolorosa y necesaria de los ‘falsos positivos’
Oquendo narra también el lento despertar del periodismo y de la justicia ante las ejecuciones extrajudiciales.

“Eso tiene que ver con el desprecio que hay por el campo, por lo regional, a pesar de que Colombia es un país de campesinos. Esto ya se venía denunciando en las regiones, pero sólo hasta que se destapó lo de Bogotá importó, digamos que le importó a la política grande, y también creo que la gente en general pensaba que eso no les iba a pasar a ellos”, explica.

Esa idea de dejar de pensar que esto sólo le puede pasar a otros es otra de las provocaciones del libro, pues esos nuestros también hubieran podido ser nuestros hermanos, nuestros hijos o nuestros padres, como les ocurrió a tantas familias.

“Yo creo que hay que exigir muchísimo a la justicia, que investigue con urgencia, porque tal vez si en ese momento se hubiera exigido tomar acciones y que no se fueran acumulando y acumulando casos, no habríamos llegado a esto”, finaliza Oquendo, quien presentará el libro en la biblioteca del Gimnasio Moderno de Bogotá, junto a Ana Cristina Restrepo, el martes 20 de octubre, a las 6:30 p. m.

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