En las últimas semanas el síndrome de la hija mayor se convirtió en tendencia en TikTok, una expresión con la que se busca explicar las presiones particulares que recaen sobre la primogénita de muchas familias. Detrás de este fenómeno digital se esconde un problema profundo que ha sido analizado por Yang Hu, profesor de sociología en la Universidad de Lancaster, quien asegura que existe “una carga emocional que las hijas mayores tienden a asumir en muchas familias desde una edad temprana”. Y aunque el término suena nuevo, el problema no lo es. Estudios sobre el trabajo doméstico confirman que niñas de entre cinco y catorce años dedican un cuarenta por ciento más de tiempo a las labores del hogar en comparación con los niños de su edad. Esa diferencia reproduce de manera temprana las desigualdades de género que se trasladan a la vida adulta. Vea también: La nueva faceta de las hermanas Juana y Valentina Acosta Es ahí, donde el síndrome de la hija mayor se manifiesta en tareas de cuidado, en la obligación de vigilar a los hermanos menores, en la limpieza del hogar y en la organización de dinámicas familiares que en teoría deberían recaer en los adultos. A través de la jerarquía familiar patriarcal, la hija mayor soporta la parte más pesada de las labores no remuneradas. En TikTok muchas jóvenes describen cómo su infancia se diluyó en responsabilidades adultas. En ese contexto aparece el concepto de parentificación, que significa la inversión de roles en la que un niño adopta obligaciones propias de un adulto. El efecto más inmediato es el desgaste emocional y la sensación de haber perdido la niñez bajo el peso de expectativas desproporcionadas. ¿Por qué sucede el síndrome de la hija mayor? Las hermanas Chloe y Haile Bailey protagonizan la campaña de la marca de joyería danesa.
Foto cortesía Pandora.
Existen tres teorías que permiten comprender la raíz de este fenómeno. La primera es la teoría del modelo a seguir. Según esta perspectiva, la hija mayor toma a la madre como referente y aprende de ella cómo responder al mandato de género. Esa imitación se convierte en una escuela silenciosa en la que se naturaliza la idea de que el trabajo doméstico pertenece a la mujer. La segunda es la teoría de la tipificación sexual. Esta propone que los padres distribuyen tareas según el género. A los niños se les asignan responsabilidades que con frecuencia se asocian con la fuerza o con el espacio público, mientras que a las niñas se les destinan actividades vinculadas al cuidado del hogar. Incluso en familias con un discurso de igualdad, la hija mayor puede unirse de manera automática a la madre en tareas como cocinar, limpiar o hacer compras. Esa participación termina reforzando la división sexual del trabajo. Entre tanto, la tercera es la teoría de la sustitución laboral.
Plantea que en los hogares donde la madre trabaja y no dispone de tiempo suficiente para atender la casa, la hija mayor actúa como reemplazo. Esa función de sustituta recae en niñas que dedican horas de su vida a suplir el cuidado y las labores domésticas. En pocas palabras, esto se convierte en una sobrecarga que marca la manera en que construyen sus relaciones personales y profesionales en la adultez. ¿Cómo detectar si se sufre este síndrome que las redes sociales expusieron al público? El fenómeno no siempre se percibe con claridad. Existen señales que ayudan a identificarlo y que se repiten en los relatos de quienes lo viven. Por ejemplo, una hija mayor con síndrome puede sentir un intenso sentido de responsabilidad que rebasa lo esperado para su edad. Esto también se refleja en la preocupación excesiva, que se transforma en ansiedad frecuente. A la vez, aparece la dificultad de complacer a los demás sin lograr satisfacción personal. Acto seguido, los límites con familiares y amigos se tornan difusos y en muchos casos surge el resentimiento hacia hermanos y padres por la carga impuesta, que en la etapa adulta puede reflejarse en problemas para sostener relaciones sociales equilibradas y de confianza.
¿Existe alguna solución para el síndrome de la hija mayor? Foto: Unsplash.
El primer paso consiste en reconocer la injusticia. Las familias deben aceptar que la primogénita no puede convertirse en un adulto anticipado ni en el reemplazo de la madre en las labores del hogar. Es fundamental distribuir responsabilidades entre todos los miembros, incluidos los hombres, que históricamente han tenido una menor participación en estas tareas. Esa redistribución implica cuestionar siglos de pensamiento que redujeron el trabajo doméstico a una función femenina. En Colombia este debate adquiere una relevancia particular. El Estado ha empezado a incluir en su presupuesto programas para ampliar la cobertura del cuidado infantil. Esa política abre un camino para valorar de manera concreta el impacto económico del cuidado, que constituye apenas una parte de las obligaciones domésticas que recaen sobre las mujeres y sobre las hijas mayores. Reconocer este aporte no remunerado resulta esencial para diseñar medidas que alivien la carga familiar. El síndrome de la hija mayor no debe considerarse un asunto anecdótico de redes sociales, de hecho, se trata de un tema donde el trabajo doméstico no esté relegado a un género sino a una responsabilidad familiar. ¿Se siente reflejado en el síndrome de la hermana mayor? Escríbanos a nuestras redes sociales @dinersrevista



