Desde hace más de una década, Zuckerberg mantiene la obsesión de diseñar un artefacto que saque del camino a los celulares físicos. Esa idea lo llevó a asociarse con Ray-Ban para lanzar unas gafas capaces de grabar imágenes y conectarse a las redes sociales de Meta, lo que generó gran expectativa entre los fanáticos de la innovación. El camino desembocó en 2025 con las Meta Screen, un dispositivo que permite abrir una pantalla flotante controlada con los ojos, prácticamente un celular visual que recuerda escenas de Futurama y que promete revolucionar la relación con la tecnología cotidiana . Sin embargo, al mirar con detenimiento se descubren varios obstáculos que impiden que estas gafas reemplacen al celular. En Diners nos detenemos en esas grietas que muestran por qué, al menos por ahora, las Meta Screen son más un accesorio llamativo que un sustituto real del teléfono. El sistema operativo de las Ray-Ban Meta Screen En estas gafas, la mensajería aparece como una de las funciones más atractivas, porque permiten ver y responder rápidamente.
El problema surge con las limitaciones de compatibilidad, porque no existe una integración real entre la app de mensajes de Apple y las Ray-Ban Meta, lo que significa que un usuario de iPhone no puede escuchar ni responder mensajes desde las gafas a menos que use WhatsApp. Esa restricción convierte el dispositivo en un accesorio incompleto y en una promesa que no logra desplegarse del todo. Por otro lado, las Ray-Ban de la generación actual sin pantalla ya habían mostrado esa carencia y no parece haber señales de que Meta haya logrado acuerdos con Apple o con Android para superar la barrera. En la práctica, las Meta Screen terminan dependiendo de una sola aplicación para funcionar y esa dependencia reduce de manera drástica el potencial que podría tener un aparato diseñado para reemplazar al celular. La falta de un dispositivo físico para interactuar Además, el celular ofrece botones, pantalla táctil y una experiencia de interacción que el usuario domina sin esfuerzo. Las Meta Screen obligan a mover los ojos como si fueran un cursor invisible y esa mecánica resulta agotadora en cuestión de minutos.
Imagínese responder varios correos electrónicos o llenar un formulario bancario con solo parpadeos y movimientos oculares. El esfuerzo visual se multiplica y el resultado es un cansancio que ningún usuario aceptaría como parte de su rutina diaria. El sonido distanciado y poco inmersivo Y el celular, con su altavoz y sus audífonos, ofrece un sonido directo y nítido que se adapta a cualquier situación, desde una llamada privada hasta la escucha de música en alta fidelidad. Las gafas, en cambio, proyectan el audio desde pequeñas bocinas distanciadas de los oídos, lo que disminuye la calidad y genera un problema de privacidad porque otros pueden escuchar fragmentos de lo que se reproduce. Para una llamada importante, un podcast en el transporte público o una reunión virtual, la experiencia se siente más limitada y menos profesional que la de un simple teléfono. Los pagos digitales y la incomodidad del gesto Súmele que el celular ya integra chips de NFC que permiten pagar con solo acercar el dispositivo al datáfono.
En las gafas, esa función se convierte en un gesto extraño y poco natural porque obligaría al usuario a agacharse para acercar la cara a la terminal de pago. El resultado sería incómodo y hasta ridículo en un contexto cotidiano, donde la fluidez y la discreción son claves en las transacciones digitales. La distracción y el caos en la calle Por otro lado, caminar por una ciudad con una pantalla flotante frente a los ojos genera un riesgo enorme. Si los celulares ya provocan accidentes por la distracción, las Meta Screen multiplican ese peligro porque cubren gran parte del campo visual y bombardean al usuario con notificaciones, mensajes y pantallas emergentes. El caos en las calles podría ser mayor y la percepción social frente a quienes usen las gafas sería negativa, algo que ya se vivió con las Google Glass en 2012, cuando varias ciudades llegaron a prohibirlas en bares y espacios públicos. El peso y la incomodidad en sesiones largas Además, aunque las Ray-Ban Meta Screen no son tan pesadas (70 gramos) como aquel dispositivo fallido Apple Vision Pro (600 gramos), que causaba dolor de cuello, todavía generan incomodidad tras varias horas de uso. Un maratón de series, un viaje largo en avión o una tarde de trabajo resultan inviables porque la presión sobre la nariz y la frente termina cansando al usuario. El celular, con su tamaño portátil y adaptable, sigue siendo más cómodo para el consumo prolongado de contenidos.
¿Qué queda de positivo en las Meta Screen? Y aun con estas limitaciones, no todo es negativo. Las gafas resultan prácticas para creadores de contenido que quieren grabar desde su punto de vista sin cargar cámaras adicionales. En ese terreno ofrecen libertad de movimiento, calidad aceptable y una forma novedosa de capturar el mundo. No obstante, esa virtud no compensa la falta de integración, la incomodidad en pagos digitales, el cansancio visual, la baja calidad del sonido y el peligro de distracción que representan en la vida urbana. Súmele el precio, según Meta, las gafas saldrán al mercado este 30 de septiembre a $3.200.000 pesos, una cifra considerable para un dispositivo que todavía funciona más como accesorio que como herramienta esencial. Con esa inversión, cualquier usuario podría renovar su celular por uno de gama media con mejores cámaras, mejor sonido, amplia memoria y compatibilidad asegurada con todo el ecosistema digital. Vea también: ¿Qué novedades trae Apple lanza iOS 26 y qué iPhones podrán usar Apple Intelligence?


