Fue en 2001 cuando la corporación suiza New7Wonders Foundation asumió la ardua tarea de escoger las nuevas siete maravillas del mundo entre más de 200 monumentos, mediante una votación mundial. Seis años después, los resultados fueron revelados: la Gran Muralla China, la ciudad perdida de Petra, la estatua del Cristo Redentor, la ciudad de Machu Picchu, las pirámides de Chichén Itzá, el Coliseo Romano y el Taj Mahal.
Inspirado en este ejercicio, en 2007 el periódico El Tiempo convocó a sus propios lectores para elegir, entre más de 200 candidatos, las 7 maravillas de Colombia. Más de 8.000 personas participaron en esta encuesta masiva, que buscaba destacar aquellos lugares y atractivos históricos y naturales que mejor representaban la belleza e identidad del país cafetero. Hoy, en Diners , repasamos esas 7 maravillas de Colombia: de Zipaquirá a Cartagena, desde el año 660 d. C. hasta el esplendor del siglo XIX.

7. Catedral de Sal Foto: Jess Kraft en Shutterstock / Interior de la Catedral de Sal.
Un paisaje natural intervenido por manos humanas. Corría el año de 1932 cuando Luis Ángel Arango, directivo del Banco de la República, impresionado por la devoción de los trabajadores antes de ingresar a las minas de sal de Zipaquirá, propuso la idea de construir una capilla subterránea en esas mismas paredes. La catedral fue encomendada al arquitecto José María González y se inauguró en 1954. Medía 120 metros de largo y 22 de alto, con la imagen de la Virgen del Rosario tallada en la roca y grutas que simbolizaban el nacimiento de Cristo. Debido a fallas estructurales, el espacio tuvo que cerrarse en 1992, no sin que un año antes se iniciara la construcción de una nueva catedral. Esta vez, el espacio se concibió con tres secciones principales. El Vía Crucis: un túnel de ingreso con las estaciones del evento religioso talladas en la roca. La cúpula: una rampa de descenso desde la cual se aprecia el relieve de una cruz de 16 metros y los balcones sobre el laberinto del nártex. Las naves de la catedral: un conjunto de estancias interconectadas por grietas, donde se encuentran el altar mayor, el comulgatorio y diversas obras en mármol. Más allá de la catedral , también se encuentra el complejo temático Parque de la Sal, enfocado en enseñar sobre la explotación minera (sus consecuencias) y la geología de la zona, con espacios destacados como el Domo Salino, el Museo de la Salmuera y el embalse.

6. Santuario de Las Lajas Foto: Diego Grandi en Shutterstock / Santuario de las Lajas.
En el departamento de Nariño, en el municipio de Ipiales, cerca de Potosí, se levanta sobre el cañón del río Guáitara un santuario de 600 metros cuadrados, con 2.600 metros de altura y más de 70 años de historia. (Lea también: Nariño y Guatapé, dos destinos ideales para empezar el año viajando ) Un puente de ladrillo con ángeles empotrados en sus pilares conduce a una entrada de arcos que apuntan a un ventanal circular, el cual yace debajo de una cúpula que se eleva en forma de aguja. La construcción sustituyó una capilla del siglo XVII por una iglesia de roca gris y blanca de estilo neogótico. Se dice que las obras comenzaron en 1916, lideradas por el ecuatoriano J. Gualberto Pérez y el pastuso Lucindo Espinosa, y culminaron en 1949 con un costo de más de 1.850.000 pesos de la época. Cinco años después, la Santa Sede Apostólica la declaró basílica menor , y más tarde, en 1984, fue reconocida como patrimonio cultural de la Nación. Además, en 2015, el diario británico The Daily Telegraph la destacó como una de las iglesias más bellas del mundo por su arquitectura y su ubicación única.

5. Parque Arqueológico San Agustín Foto: Oscar Garces en Shutterstock / Las esculturas de San Agustín.
La Catedral de Sal y el Santuario de Las Lajas son algunas de las atracciones que suelen rondar la mente de los colombianos cuando se les pregunta por las maravillas nacionales. Sin embargo, la siguiente es una que muchos podrían pasar por alto. El primer escrito conocido sobre las esculturas de San Agustín fue realizado por el misionero franciscano fray Juan de Santa Gertrudis durante su recorrido por el Virreinato de la Nueva Granada entre 1755 y 1767. Otros, como el prócer colombiano Francisco José de Caldas, también dejaron comentarios sobre el lugar a inicios del siglo XIX, y cincuenta años después, el dibujante Manuel María Paz fue el primero en crear un testimonio visual de las esculturas. Algunas, de aspecto humano, portaban herramientas y lucían accesorios para la cabeza; otras eran más anchas, con rostros triangulares, colmillos en la boca, ojos rasgados y collares de cráneos. El parque fue fundado oficialmente en 1935 y las primeras excavaciones arqueológicas se llevaron a cabo un año después. Estas hallaron vasijas de barro, utensilios, un sistema de canales tallados en piedra y el famoso bosque de las 35 estatuas funerarias. Uno de los testimonios más valiosos de la cultura agustiniana, una de las civilizaciones precolombinas más importantes de América del Sur.

4. Cartagena de Indias Foto: Artush en Shutterstock / Castillo San Felipe de Barajas.
Una fortaleza española inexpugnable, con setenta y tres cañones. Una muralla oblicua con baluartes destinada a repeler los ataques de los adversarios, y baterías y escolleras para la defensa marítima. Numerosas plazuelas a lo largo del castillo y garitas que evocan un estilo renacentista, además de extensas paredes, corredores y túneles de más de 600 metros de longitud. ¿Y en sus alrededores? Jardines, almenas y parapetos, donde se puede encontrar la estatua del almirante español Blas de Lezo, dos zapatos de bronce en honor al escritor colombiano Luis Capó López, y un poco más lejos, la estatua de la India Catalina, una niña indígena secuestrada para ser intérprete en la conquista española. Una panorámica e historia que le valió su incorporación a la lista de Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad de la Unesco, junto al centro histórico de Cartagena de Indias .

3. La Ciudad Perdida Foto: Artush en Shutterstock / La Ciudad Perdida. De cuatro a seis días toma ascender las partes bajas del cerro Correa, en la zona norte de la Sierra Nevada de Santa Marta, para llegar al destino. Una caminata a través de la selva tropical, donde no encontrará carreteras para vehículos ni hoteles de cinco estrellas para pasar la noche; solo subidas empinadas, barro que dificulta el paso e incluso riachuelos que pondrán a prueba las botas. Pero, una vez superada la humedad y el calor, aparece una ciudad perdida de más de 35 hectáreas de extensión y más de 150 terrazas de piedra, envuelta entre los árboles y matorrales. (Siga leyendo: Exposición recomendada de la Ciudad Perdida ) Se dice que los primeros en hallar la ciudad fueron los arqueólogos Gilberto Cadavid y Luisa Fernanda Herrera en 1976; aunque los pueblos Kogui, Wiwa, Arhuaco y Kankuamo, descendientes de los antiguos habitantes de la zona —los Tayrona—, aseguran haber visitado el lugar mucho antes de su apertura al público en 2005, pero lo mantuvieron en secreto. Además de su atractivo arqueológico, a medida que asciende podrá observar orquídeas, aves exóticas e incluso, con algo de suerte, fauna propia de la región. Una vez allí, quizá se encuentre con miembros de las cuatro comunidades indígenas, quienes son abiertos a compartir sobre su lengua y tradiciones preservadas. Todo bajo la organización del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) y con el apoyo de los habitantes originarios, en un programa de turismo ecológico.

2. Parque Arqueológico Tierradentro Foto: Cortesía de ICANH en su página web / Interior del Parque Arqueológico de Tierradentro.
Declarado en 1995 como Patrimonio Mundial por la Unesco, el Parque Arqueológico de Tierradentro se erige como uno de los reservorios de cultura precolombina más grandes del país, ubicado en el departamento del Cauca, entre los municipios de Belalcázar e Inzá. En este nudo montañoso de forma triangular se concentra una de las mayores colecciones de hipogeos (tumbas subterráneas). Allí reposan estatuas de piedra, templos ceremoniales, paredes decoradas con pinturas de lagartijas, serpientes y ciempiés; así como huesos exhumados en urnas, tumbas poco profundas acompañadas de objetos metálicos, manos de moler, collares y vasijas de cerámica. En 2008, un año después de la publicación de la lista de El Tiempo , la revista Viajes & Aventura también hizo su propia selección de las maravillas arqueológicas de Colombia, donde el parque figuró en cuarto lugar, por debajo de sitios como la Ciudad Perdida.

1. Teatro Colón Foto: Jess Kraft en Shutterstock / Fachada del Teatro Colón.
Entre los sitios culturales y naturales de la lista, una estructura neoclásica del siglo XIX parece fuera de lugar, pero su historia le permitió sobresalir entre más de 200 monumentos nacionales. El teatro fue construido por el arquitecto Pietro Cantini y ornamentado por el suizo Luigi Ramelli en conmemoración del cuarto centenario del descubrimiento de América. En el telón que acompaña los eventos principales, el artista florentino Aníbal Gatti quería plasmar a tres grupos de campesinos, pero la idea no agradó a los altos mandos del proyecto, quienes lo obligaron, en cambio, a representar un grupo de baile, musas de la poesía y la música, y una orquesta al fondo. Con un aforo de 900 espectadores, las instalaciones cuentan con la sala principal; la sala Foyer, ubicada en el segundo piso y ornamentada con pilastras, puertas, ventanas y pinturas al fresco en el plafón (sobre el techo); y la sala Víctor Mallarino. Además, con su integración al Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella en 2022, se agregaron la sala Delia Zapata, la Experimental Fanny Mikey y una sala de ensayos para la Orquesta Sinfónica Nacional. En 1975, el teatro fue declarado Monumento Nacional y, desde entonces, uno de los hitos más memorables que ha albergado fue la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias en 2016. Vea también: 7 lugares antiguos que todos deberían visitar



