¿Qué recuerdos tiene de esa época?
Me fui en el 76. Fue una época muy rica en el mundo, en particular en Inglaterra. Eran los años del hippismo. Llegué a un país moderno, de vanguardia… Y eso me abrió el mundo. Lo disfruté muchísimo. Después hice en London School of Economics un máster en Finanzas. Estuve seis años, tres soltero y tres casado, con mi novia de toda la vida, Catalina Soto. Aunque antes tuve novia holandesa, alemana, noruega, inglesa…
Le dio duro a la bohemia…
Sí. Fueron años maravillosos en los que hice de todo. Trabajé como chofer y pintor de brocha gorda, fui a conciertos, fumé marihuana… Fue una de las mejores épocas de mi vida, llena de nuevas ideas, amigos, viajes… Éramos unos irreverentes, llenos de ilusiones, de ganas de cambiar el mundo y de volver a Colombia, con todos esos sueños que da la distancia.
Cuando le oigo contar de esos años, me da la sensación de que usted es una persona en la vida pública y otra en la vida…
¡Jajajajaja! Son dos caras que se juntan y producen cosas interesantes como la pasión por la creatividad y la innovación, por desafiar paradigmas y modernizar las empresas, y eso es lo que ha producido grandes cambios en compañías como Nutresa. Soy prudente, sensato y discreto, pero también soy muy directo y crítico. Desafío, cuestiono y saco a las personas de la zona de confort porque ahí es donde se crecen. Lo contrasto con un estilo muy respetuoso, pero digo las cosas muy francamente…
En el trabajo es capaz de expresar sus opiniones con tranquilidad, sin apasionamientos… Pero solo un apasionado se va en la cumbre de su carrera para hacer lo que le gusta…
He tenido la visión de esta vida que quiero ahora desde hace muchos años. He sido siempre consistente y consecuente. Les doy peso a las pasiones internas que he tenido desde hace años. Gozo con las cosas pequeñas de la vida, dedico mucho tiempo a mis gustos personales, pero las responsabilidades me fueron ganando, requiriendo más tiempo del que quería, por eso tomo esta decisión cuando tengo todavía vida, energía y salud. Todos tenemos en mayor o menor medida ese sentimiento muchas veces represado o es una aspiración por realizar.
¿Y no le da miedo?
¡Es que da miedo! Pero uno le tiene que ganar. Esa consistencia con la visión de lo que uno quiere hacer tiene que ser más poderosa, pero a veces el miedo es más poderoso y por eso no se hace nada.
Prudente y cauteloso en el terreno empresarial, pero le encanta andar a altas velocidades cuando sale a la calle. ¿Cómo explica uno eso?
Jajajaja… Sí. Me encantan la velocidad y los carros. Tengo un Audi TT en el que frecuentemente me gano multas por exceso de velocidad los fines de semana.
¿Enigmático o tímido?
Tímido… Me cuesta mucho hablar en público. La timidez genera esa actitud enigmática.
¿Expresa sus emociones fácilmente?
No. Me cuesta mucho trabajo exteriorizarlas. Eso lo heredé de mi papá que es reservado y discreto.
¿Y tiene sentido del humor?
Mucho, aunque a veces la gente no lo crea. Soy serio en mi estilo personal y muchas veces cuando le pongo humor a las cosas la gente ni se da cuenta y gozo más con ese humor oculto. Me río mucho con mis amigos y creo en el humor como elemento indispensable de la vida.
¿Aguardiente o whiskey?
Prefiero el whiskey. Aprecio mucho la gastronomía y los buenos licores. Mi tutor personal en la universidad en Inglaterra era aficionado a las cervezas y me enseñó a fabricarlas. Y yo hacía mi propia cerveza. Se llamaba “The drunken brewer”. Visité muchas cervecerías en Inglaterra y Holanda. Luego me interesó el vino y me dediqué a conocer viñedos. Y en los últimos diez años a lo que me he dedicado es a aprender de whisky y visitar destilerías. Estuve en Escocia el año pasado
¿Cómo puede un aventurero como usted quedarse tantos años trabajando en el mismo grupo empresarial? ¿Qué lo atrapó?
Una visión humanista de la vida y los negocios, una ética empresarial que comparto plenamente y que hace que uno viva en paz con su conciencia y lo que hace en todo momento. Unas empresas donde le dan a uno oportunidades, espacio para crecer, proponer y hacer cosas nuevas. Nunca tuve que buscar otros horizontes. Los encontré siempre en este Grupo (Empresarial Antioqueño).
¿Y de dónde sacó su afición por el mar y la vela?
Desde que tengo conciencia pescábamos y buceábamos. Hace unos 20 años compramos una casa en Balsillas y un velerito pequeño. Conseguí un libro para aprender y muchas veces me tuvieron que recoger porque no era capaz de regresar. Después conocí amigos de la cofradía de la vela. Me fui a la Royal Yachting Association, la escuela de vela más grande de Inglaterra, me certifiqué con ellos y tengo licencia inglesa. Me compré entonces mi primer velero. Se llamaba “Dolce Vita”.
Era premonitorio…
¡Jajajaja… Claro! Lo tuve como cinco años en Cartagena. Luego compré un catamarán que se llamaba Trópico. Lo vendí el año pasado y ahora tengo un velero más pequeño que puedo manejar solo.
Su espíritu aventurero lo llevó a atravesarse el Atlántico en velero…
Sí, en una regata que se llama la ARC Atlantic Rally for Cruisers. Parte cada año de las Gran Canarias y llega a Santa Lucía. Es similar al cuarto viaje de Colón y se hace en competencia. Organicé un grupo con un capitán francés y cuatro paisas amigos míos. Era un barco italiano Grand Soleil de 54 pies que es como un Ferrari entre los barcos, un perro salvaje, difícil de controlar, muy rápido e incómodo. Fue una gran experiencia. Nos tocaron tres tormentas, una muy grande de dos días, en la que se mareó el capitán y estuvo acostado varios días. Una ola muy grande llegó y aterricé en un dedo que me fracturé. Fue toda una experiencia. ¡Comíamos una vez cada 24 horas! Participaron 235 veleros y llegamos de quintos en la categoría. Era la primera vez que competía un barco colombiano.
¿Qué piensa uno solo en la inmensidad del mar?
En un viaje así hay que permanecer muy concentrados. Cada cosa se hace por turnos: el timón, la navegación, el manejo de las cartas y las rutas, la cocina, dormir… Pero hay espacios para estar solo y es abrumadora la grandeza de la naturaleza, el cielo, las estrellas. Me gustan la astronomía y la navegación por estrellas, dejar la mente en blanco y mirar el mar, que, como el fuego, es de las cosas que uno puede mirar durante muchísimas horas, sin cansarse.
¿Lo transformó el viaje?
Me acentuó algunos sentimientos y formas de ver las cosas. El amor por la naturaleza, por la vida, la libertad…
¿Le gusta la soledad?
Sí, pero si puedo escoger cuándo estar acompañado.
¿Qué le gusta leer?
Libros de ficción e historia, especialmente historias alrededor del mar, descubrimientos, biografías. Estoy admitido en Greenwich, Inglaterra, para hacer un máster en Historia marítima. Y no me gusta leer libros de negocios o autoayuda. Para mí la autoayuda está en el mar.
¿Y qué tipo de música?
En música soy ecléctico, como en todo. En clásica me gustan los románticos y nacionalistas de los siglos XVIII y XIX. De mi época hippie me encantan The Moody Blues, The Beatles y Jethro Tull. También me gusta la New Age. Y en el mar el vallenato y la música caribeña.
¿Y en arte?
Tengo una muy pequeña colección de arte contemporáneo.
¿Hay algún sueño que no haya cumplido?
Muchos pequeños sueños, pero ninguno grande que no haya chuleado. No tengo grandes debes. Tal vez enseñar…
¿Y escribir?
Me encantaría, pero soy pésimo escritor. Tengo una bitácora del viaje a través del Atlántico en una grabadora digital, una buena investigación previa y he hecho varios intentos de escribir pero siempre han sido infructuosos.
¿Qué es el éxito para usted?
Lograr lo que uno quiere.
¿Y cuáles son sus peligros?
El peor la arrogancia y el segundo la complacencia. Lo mismo para una compañía que para una persona. La vacuna para la arrogancia es la humildad y para la complacencia, desafiarse permanentemente. La historia está plagada de casos de gente que ha caído por alguna de esas dos causas. En la medida en que se controlen la arrogancia y la complacencia se evita el fracaso.
¿Le tiene miedo a la muerte?
No. Tengo buenas relaciones con la muerte.
¿A qué le tiene miedo?
A la altura… Y antes le tenía mucho miedo a hablar en público.
¿Qué les diría a aquellos personajes que pasan años aferrados a sus trabajos, al poder, y que piensan que nadie más puede hacer las cosas como ellos?
Que hay que darse cuenta de que el poder es efímero, es vacío. No es de la persona sino de la institución y si se aferran a él, se aferran a algo que no les pertenece y que no va a perdurar.



