Casa Blanca Fernando Vallejo
Foto: Nix Boulton on Unsplash
marzo 29, 2021
Arte y Libros Cultura

La Casa Blanca de Fernando Vallejo

La más reciente novela de Fernando Vallejo, Casablanca la bella, es un intento más del autor por permanecer en la memoria, entender sus recuerdos, y así luchar contra el paso del tiempo.
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«¿Qué secreto esconden esas canciones por las que llora? El secreto del que fui”, Casablanca la bella de Fernando Vallejo

Con esa íntima manera de escribir, en primera persona, una ficción ambigua sobre su vida, Fernando Vallejo novela sobre la historia de una casa, no solo sobre la suya en el barrio Laureles en Medellín, sino sobre la casa del alma, esa casa que también se va construyendo a través de la vida y se va destruyendo a sí misma cuando el tiempo, elemento que atraviesa toda la obra de Vallejo, sucede y empieza a pasar factura.

Casablanca la bella

Casa blanca fernando vallejo

Fernando Vallejo va tras el sueño de reconstruir una casa que, justo como la que se relata en El Desbarrancadero, se transfigura como personaje y hace las veces de escampadero de sus recuerdos de la niñez desde otro punto de vista, desde el de querer que las cosas que fueron sean de nuevo, en otra casa, en otra metáfora.

Así empieza una carrera trascendental en contra del olvido, una vez más apoyándose en los recuerdos que se empiezan a vislumbrar desde Los días azules, su primera novela publicada en 1985.

Santa Anita, la finca de su niñez, su abuela Raquel, su perra Bruja, se dedican a deambular por el libro como sospechas de un tiempo perdido en donde todo había de ser vivido solo por el hecho de llegar a ser recordado. Vallejo extiende sus manos hacia estos personajes que son hologramas, ilusiones transparentes, tratando de poseerlos mientras en cada frase se le escapan de las manos.

Fernando Vallejo no olvida el pasado

Buscando baños, carpinteros, albañiles, anotando muertos en su libreta, en la cual él ya está inscrito, Fernando Vallejo sale en búsqueda de la consecución de su ideal primario: reconstruir el presente con los materiales del olvido que se niega a aceptar.

Tanto así que el mismo autor se ha empecinado en poner en la sala de la casa un Sagrado Corazón de Jesús fundido. Contradiciendo esas digresiones contra Dios con las que nuevamente se enfrenta durante toda la obra. Y provocando ese ambiente de nostalgia cuando solo puede ser su abuela Raquel. Quien lo revele ante una serie de invitados fantasmas que viajan a través de la melancolía de la memoria hasta la inauguración de la casa blanca y su corazón de Jesús.

Estos personajes se quedaron solidificados en el tiempo del autor. Y su función no es más que la de empeorar la realidad de la condición humana que tan pesada le resulta a Vallejo: “La pesadilla de Kafka era despertarse convertido en un insecto. La mía es haber despertado convertido en un ser humano”.

La narrativa de Vallejo

Entre la reconstrucción y la destrucción, el narrador. Él mismo -porque Vallejo no escribe en otra persona más que en la primera, advertencia que da en su primera novela:

“¡No sabe uno lo que está pensando uno mismo con esta turbulencia del cerebro va a saber lo que piensa el prójimo!”-, inventa nuevas formas de escribir desde esta persona que parece no agotarse en su estilo.

En La rambla paralela, Vallejo se desdobla en una entrevista que se hace a sí mismo; en desbarrancadero el autor narra desde un relato intimista. Casablanca la bella se vale de charlas que suceden con sus hermanas, las ratas de Casablanca, como él mismo autor lo escribe, haciendo nuevamente alusión a su preocupación por los animales, que considera sus semejantes y que han sido olvidados por la raza humana.

Esta novela se iba a llamar originalmente El desastre: “Yo quería un libro que se llamara El desastre, pero no le encontraba la forma, aquí sí se la encontré cuando pude escribir este. Este en realidad es El desastre”.

Con referencias a Los días azules de Vallejo

A veces da la impresión que desde Los días azules Vallejo se ha ido preparando para morir. contando su historia a cuentagotas como por retrasar el momento en el que haya de desaparecer físicamente del mundo.

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