Como Dante, que atraviesa el infierno, el purgatorio y el paraíso, en Horizonte, Basilio recorre distintos estados de la muerte y el limbo, acompañado por su madre, Inés, quien actúa como una especie de Virgilio que lo guía y aconseja para sacarlo de ese estado de desesperación en busca de redención. Caminan por un escenario que es otro personaje: el paisaje y el silencio, y se encuentran con otros personajes que también rondan en la nada buscando respuestas, y que confrontan a Basilio e Inés sobre su pasado, pues Basilio fue un asesino despiadado en el marco del conflicto armado que cobró innumerables vidas. Esta película, que ya está en las salas de cine del país, es el segundo largometraje del director César Acevedo, quien con La tierra y la sombra ganó el premio Caméra d’Or (Cámara de Oro ), otorgado anualmente por el Festival de Cannes.
Horizonte muestra la guerra desde una perspectiva metafísica, no política ni social, sino más profunda, desde el cuestionamiento de la existencia misma del ser. A la vez, aborda temas sumamente humanos como el perdón, el dolor, el resentimiento, la esperanza y la redención, a partir de la historia de un hijo y su madre atravesando el limbo. (Le puede interesar: “Si los Gallagher pudieron, ¿por qué nosotros no?”, dice Guillermo Arriaga sobre su reencuentro amistoso con Iñarritu ) Inés (interpretada por Paulina García) y Basilio (interpretado por Claudio Cataño) se reencuentran en la muerte para emprender un viaje físico y espiritual en un paisaje devastado por la guerra. Foto Still. Una cinta protagonizada por Claudio Cataño y la chilena Paulina García que aborda una historia mil veces contadas pero de una forma distinta, con unos planos que son poemas visuales, con diálogos que calan hondo, encuentros que todos hemos tenido, una película muy humana que toda persona debería ver.

La revista Diners conversó con César Acevedo y la productora Paola Pérez sobre la cinta. Esto nos contaron. ¿Horizonte es una película de esperanza o de desesperanza? Paola : Desde mi rol como productora, pienso que debemos hacer películas que generen conversaciones profundas y humanas. No quiero decir que no haya espacio para películas que simplemente entretienen o nos hacen reír, porque eso también forma parte de nuestras emociones y necesidades. Pero para mí, Horizonte ha sido una manera de entender la esperanza, que al final es la esencia de lo que significa ser humanos y la razón por la cual venimos a este mundo a hacer un trabajo fundamental para nuestra evolución. Siento que la esperanza es el motor que nos mantiene vivos y nos impulsa a seguir adelante en medio de las dificultades diarias, que no siempre están relacionadas con la guerra. La forma en que narramos debe conectar con el público mostrando las experiencias más grandes y significativas que hemos vivido como comunidad colombiana. Para mí, Horizonte es mucho más que el horror; es un lugar espiritual hermoso que conecta a una madre con su hijo, ese vínculo primario de la vida. Paola Pérez, productora de Horizonte, destaca el trabajo conjunto y el profundo compromiso humano que marcó la realización de la película..
Foto Lina Botero César : Esta película es un viaje físico y espiritual que ocurre en un limbo, un espacio que sirve para sanar el sufrimiento. Después del proceso de paz, para nosotros, los colombianos, se abrió una gran oportunidad. Realizar esta película fue reconocer una realidad muy nuestra, llena de dolor, traumas e incertidumbre. Pero el reconocimiento de esas verdades es lo que nos puede ayudar a sanar moralmente como pueblo. No es solo un inventario del horror, sino una invitación a entender que todavía podemos tener esperanza en el mundo, pero que es necesario hacer compromisos profundos de entrega y reconocimiento del otro. César, ¿por qué decidió abordar el conflicto desde una perspectiva espiritual? El director colombiano César Augusto Acevedo, galardonado con la Caméra d’Or en Cannes, habla sobre la importancia de Horizonte en su carrera y en el cine colombiano.. Foto. Walter Gómez Urrego César : Desde el principio, no quise hacer una película que fuera una descripción superficial del conflicto, ni una explicación ideológica de las causas de la violencia.

Me interesaban cuestiones más metafísicas, relacionadas con las preguntas fundamentales sobre la existencia y cómo enfrentamos la violencia que hemos vivido. En medio de tanta muerte, hemos perdido parte de nuestra humanidad y nos cuesta empatizar con el dolor ajeno. Por eso decidí contar esta historia desde el punto de vista de los muertos, los cientos de miles de colombianos asesinados y desaparecidos, no como cifras, sino como personas reales con sus propias historias y razones para vivir. La intención no es hablar de algo irremediable, sino entender que, quienes estamos vivos, tenemos la oportunidad de cambiar. La película habla desde lo muerto para contar sobre lo vivo, y va de lo infinito a lo finito. No es una historia de fantasía, sino un llamado a la responsabilidad colectiva para enfrentar lo que ha sucedido, reconocer que es difícil mantener la humanidad en condiciones tan inhumanas, y no permitir que las personas desaparecidas sean olvidadas. Es parte de los ideales que debemos construir, inventar palabras y gestos que nos ayuden a transformarnos, honrar a los que ya no están y continuar buscándolos, para que sus muertes no sean en vano. (Le puede interesar: 20 películas más taquilleras sobre la Segunda Guerra Mundial que todo cinéfilo debe ver ) ¿Cómo lograron representar lo metafísico de ese limbo en escenarios reales? Paola : César y yo conversamos mucho porque el desarrollo de una película así es largo, y trabajamos en conjunto. Él escribe, pero siempre hubo retroalimentación mutua.
A medida que avanzaba el guion en laboratorios y otros espacios, comprendimos claramente cómo queríamos que se viera la película. Luego, transmitir esa visión al equipo fue complejo; tuvimos que dejar de lado nuestras propias ideas para poder dar instrucciones claras. Queríamos un filme realista, no fantasmas disfrazados ni efectos artificiales. La exploración del territorio era vital. La búsqueda de locaciones nos llevó a Santander, Boyacá y otros lugares, y finalmente elegimos un pueblo en Boyacá que, aunque no estaba destruido, tenía una memoria viva y un ambiente solemne que aportaba autenticidad. Esto permitió captar la atmósfera y planos bellos que representaban ese «no lugar» conceptual. Las locaciones de Horizonte —que incluyen paisajes naturales y rurales de Boyacá, Cundinamarca, Casanare y Meta— juegan un papel fundamental en la narrativa. Foto Still César, ¿lo puso difícil? César : (risas) Sí, pero trabajar con Paola, que es vital en mi proceso creativo, fue fundamental. En Horizonte, el componente espiritual se expresa a través de imágenes y sonidos que muestran cómo los personajes buscan reconectarse con la vida. La película transita de la muerte a la vida, mostrando cómo la armonía vuelve a través de colores, sonidos y naturaleza. No fue un capricho mostrar esos paisajes con esa fuerza moral y emocional, sino que reflejan lo que los personajes viven.

Queríamos transmitir esa experiencia al espectador, ese diálogo con un mundo marcado por heridas, pero que sigue ahí, y la necesidad de construir un horizonte común, caminando juntos, pensando en lo que llevamos en el corazón y el espíritu. Paola, en alguna entrevista mencionaste que hacer esta película fue como cargar el barco de Fitzcarraldo, ¿puedes explicar esa metáfora? Paola : Creo en el espíritu del cine y en lo que ha hecho en mí. Llevo casi 20 años haciendo cine aquí, participando en casi 30 películas, y siento que las películas nos atraviesan. He trabajado en lugares complejos, incluido el Magdalena Medio, donde la vida es un triunfo. Cargar el barco representa muchas cosas: conseguir financiación en un país donde es muy difícil, lograr que muchos crean en un guion atípico para este momento, reunir un equipo sólido hecho con amigos y colaboradores constantes, y atravesar el país con equipos técnicos y artísticos por terrenos difíciles. No es solo hacer cine por gusto; es un trabajo duro, con muchas dificultades logísticas y personales. Esa metáfora representa construir la película pieza a pieza, encontrar a los protagonistas, hacer que interpreten el guion como lo hicieron, soportar el frío, las subidas y bajadas, y la fuerza de la naturaleza. Fue la primera película que produje sola, un gran desafío que me transformó mucho.
Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de Revista Diners (@dinersrevista) César : El equipo también vivió su propia travesía, tanto personal como profesional. Rodamos en montañas altas donde la niebla apareció y desapareció en momentos clave; enfrentamos inundaciones que nos obligaban a viajar en tractor. Grabamos en un río seco que se llenó inesperadamente, y tuvimos que salir corriendo. A pesar de las dificultades, el amor, el sacrificio y la entrega del equipo hicieron que la película fuera posible. Además, la comunidad local se involucró, compartiendo sus historias y relaciones con la violencia, apoyándonos. Este «cargar el barco» no solo fue un acto de desafío, sino una proeza noble e imposible, un llamado a intentar algo grande. ¿César, se inspiró en alguien en particular para los protagonistas? César : En Colombia, todos hemos vivido el conflicto directa o indirectamente. No soy víctima directa como Basilio e Inés, pero la mayoría reconocerá historias similares a las que presentamos.
Elegí narrar desde el vínculo madre e hijo, el lazo físico, emocional y espiritual más fuerte. Sin embargo, Basilio e Inés no logran reconocerse ni aceptarse porque no han compartido una experiencia conjunta de vida. Solo avanzan a través del diálogo, el amor, el perdón y la compasión, que son esenciales para ellos y para la sociedad. Basilio es un monstruo marcado por la guerra, que se destruye para recobrar su humanidad. Inés es una mujer que enfrenta el horror y la dureza de la guerra, intentando salvarse, aunque el mundo la destruye y hace que se vuelva dura. Los personajes surgen de testimonios múltiples, no de una investigación específica. La película responde al llamado a la verdad, justicia y reparación que anhelan víctimas y victimarios. En Colombia hay una profunda desigualdad y desconexión, y esta película invita a reflexionar sobre ese hecho. Después de hacer Horizonte, ¿se consideran personas distintas? ¿Han aprendido algo que los sorprendió? Paola : Tu pregunta me emocionó, porque Horizonte me transformó profundamente. Ha sido un viaje espiritual complejo pero también maravilloso. Estoy feliz de que la película se estrene en Colombia y de cerrar este ciclo.

Siento que estoy renaciendo como profesional, con herramientas sólidas para seguir creando. Esta película me obligó a confrontarme profundamente como persona y como habitante de este país, y por eso la valoro tanto. César : Yo también. Ha sido un enorme reto profesional y personal. Para mí fue aprender a creer en la esperanza en un mundo que parece estar perdido. La película me ayudó a entender la importancia de crear, inventar palabras y gestos que nos sostienen en medio del horror. Entendí que hacer cine también es servir, y que las buenas películas nos vuelven más humanos y alimentan el espíritu. No quería solo mostrar el dolor, sino evidenciar que siempre hay una luz por la que vale la pena apostar. Tenemos la capacidad tanto de destruir como de sanar. La muerte está muy presente en Horizonte, ¿para ustedes ha cambiado su concepción espiritual de la muerte? César : No sabemos qué hay después de la muerte, y esa incertidumbre es el mensaje central de la película. Nos invita a aprovechar la vida para entregarnos con honestidad y desinterés al otro. He pensado mucho en la muerte, y en la película ese pensamiento fue muy personal.
Me cuestioné si al reencontrarme con mi madre, ¿sería capaz de reconocernos mutuamente? Al trabajar en la película, cada vez nos acercábamos más a la vida. Aunque ignoramos qué va después, la espiritualidad de buscar a Dios y actos humanos como el amor, el perdón y la compasión están presentes, y reconocer esto abre el camino hacia otro tipo de espiritualidad. Para mí, acercarme a la muerte significó reconocer lo valiosa y sagrada que es la vida. Paola : En estos últimos años, y a partir de Horizonte, he cambiado profundamente mi visión de la muerte. No creo que solo sea nacer, crecer, reproducirse y morir. Creo que el alma transita a otros lugares, y esta película fue un gran ejemplo. Hablé con mi madre, que tiene mucho conocimiento en metafísica, y para ella la película no habla de la guerra, sino de la trascendencia del espíritu. Para mí, este cambio ha sido muy personal, y aunque hay algunas justificaciones científicas, es un tema difícil de exponer y que no todos entienden. La película nos invita a reflexionar sobre que la muerte va más allá del plano físico, es más que apagar una vida; está en lo que construimos culturalmente a su alrededor y en nuestras emociones, creencias y tradiciones.


