No es el director más taquillero del cine moderno, tampoco tiene las campañas de publicidad más espectaculares ni mucho menos es el más popular entre las masas. Sin embargo, algo tiene Paul Thomas Anderson que cuando anuncia un nuevo proyecto, los más afines al medio como actores o productores se abalanzan hacia él con la esperanza de hacer parte de sus ideas. Un director original, quizás de esa forma podría describirsele, y uno del que siempre hay que esperar algo grande. Muchos de sus seguidores lo tendrán presente por producciones más actuales como Licorice Pizza ; otros fans de hueso colorado lo recordarán de cortometrajes experimentales como Café y Cigarros . Pero ciertamente, quien disfruta de sus películas disfruta de historias novedosas, con premisas curiosas que se llevan hasta sus últimas consecuencias con muy pocos puntos de descanso. Eso, a muy grandes rasgos, es lo que representa Una batalla tras otra , la nueva entrega de este director que ya está en las salas de cine del país. Quizás una de las películas más comentadas de la temporada, con un reparto que la busca posicionar como un imperdible en la próxima ceremonia de los Premios Óscar. Es, sin lugar a dudas, un evento del que vale la pena hablar. En Diners estuvimos en su premiere especial, y hoy le contamos (sin spoilers) qué nos pareció, y si realmente vive para superar las expectativas.

Una historia de persecuciones y reencuentros Foto cortesía Warner Bros.
Pictures. La trama gira en torno a Bob Ferguson (Leonardo DiCaprio), un antiguo revolucionario que perteneció al grupo paramilitar French 75, y que tras el escape de su esposa y el nacimiento de su hija, deja su pasado bélico atrás para comenzar una nueva vida. Sin embargo, años después se convierte en un hombre que sobrevive a punta de marihuana, alcohol y recuerdos de un pasado que lo dejó marcado. Vive alejado del sistema, en compañía de su hija adolescente Willa (Chase Infiniti), quien pronto se convierte en el eje de una persecución que se toma todo el segundo y tercer acto del filme, pues la aparente calma se rompe cuando su némesis, el general Steven J. Lockjaw (Sean Penn), regresa tras dieciséis años en busca de ambos para asesinarlos. De ahí en adelante, la cinta se convierte en una carrera contrarreloj en la que Bob deberá enfrentar no solo a su viejo enemigo, sino también las consecuencias de sus propia ineptitud. Entre persecuciones de autos, emboscadas impensables y enfrentamientos ideológicos que mezclan supremacismo blanco y nihilismo sistémico, la pregunta central que plantea Anderson a lo largo de la película es sencilla:

¿Hasta dónde puede llegar un padre para salvar a su hija? Un reparto de lujo Foto cortesía Warner Bros. Pictures.
Vamos a ser sinceros, lo que más ha llamado la atención de esta película -fuera del prestigio de su director- es su elenco. Anderson ya había manejado sin problemas a otros artistas considerados la crème de la crème como lo fue Daniel Day-Lewis, por lo que cuando se anunció que DiCaprio estaría como protagonista, los medios simplemente colapsaron. Y hay que decirlo, su actuación es tan creíble, que en ocasiones es difícil no sentir otra cosa que lástima por ese revolucionario de antaño, que ahora vive en un mundo que no entiende, y que definitivamente no está calificado para salvar a su hija. Lo obvio es mencionar que DiCaprio hace un rol excelente, pero para ser honestos, no es su personaje el que se lleva los reflectores, sino Chase Infiniti en su debut en cine, quien sorprende con un papel que la enfrenta de igual a igual en intensidad y presencia. Una muchacha rebelde, conflictuada, aguerrida y que en ningún momento se deja derrotar por las circunstancias. Desde ya le advertimos: esta no es una película para ir a ver al actor rubio disparando cada 5 minutos, sino una en la que se le siente más como un buen soporte que le da movilidad a la historia.

Foto cortesía Warner Bros. Pictures.
Y otro gran ejemplo de ello es Sean Penn, quien interpreta a un villano lleno de matices que reúne lo perverso y lo vulnerable, pero sin que uno llegue a sentir empatía, sino más bien asco. El militar al que interpreta es racista, machista, supremacista, xenófobo e incluso corrupto. Y aún así, la cinta logra mostrarlo como alguien insignificante, una fuerza bélica a la que se le debe temer en combate, pero débil a la tentación. Luego, Benicio Del Toro se suma como el Sensei Sergio St. Carlos, instructor de artes marciales de Willa y una suerte de guía espiritual para Bob que nunca pierde la calma (casi que un alivio cómico); mientras que Teyana Taylor encarna a Perfidia, la fiera revolucionaria que marcó el pasado del protagonista, un enigma que solo aparece en el primer acto, pero que deja las bases para que el resto de los acontecimientos giren a su alrededor.

Una puesta en escena sin concesiones Foto cortesía Warner Bros. Pictures.
Como no podía ser de otra forma, Anderson vuelve a trabajar con su equipo habitual detrás de cámaras, entre ellos el director de fotografía Michael Bauman y el compositor Jonny Greenwood. Además, la película fue rodada en formatos de gran escala como VistaVision, 70 mm e IMAX, lo que realza cada secuencia de acción con momentos en los que verdaderamente puede tomar al público por sorpresa. El rodaje se realizó en locaciones que van desde California y Texas, pasando por Sacramento hasta El Paso, pues la clara intención era no emular la situación que se vive en Estados Unidos con los migrantes, sino hacerla una pieza clave de la narrativa. El diseño de producción de Florencia Martin y el vestuario de Colleen Atwood construyen un mundo que, aunque extremo, resulta reconocible. Y la acción, lejos de depender del CGI, se apoya en stunts reales, donde DiCaprio, Del Toro, Taylor e incluso la debutante Infiniti realizaron buena parte de sus propias acrobacias. Sí, no es la próxima película de Michael Bay, con una explosión cada 20 cuadros, pero es capaz de mantener al espectador al filo de su asiento en todo momento sin espacios prolongados de descanso. Es tensión, tras tensión, y un poco más de tensión por si las dudas.

La crítica habla Foto cortesía Warner Bros. Pictures.
Aunque apenas llega a las salas, Una batalla tras otra ya ha empezado a despertar comentarios en los medios internacionales especializados. Buena parte de la conversación se centra en la ambición del proyecto: un thriller de acción que combina humor y mucho drama sin perder la mirada intimista de su director. Por ejemplo, The Hollywood Reporter la describió como “una película furiosa, una polémica cautivadora y persuasiva”, de un cineasta que “nunca ha rehuido la provocación”, y resaltaron además la manera en que Anderson sitúa su relato en una era “decepcionantemente reconocible”. Por su parte, Variety habló de “una visión hipnótica” en la que los giros narrativos mantienen al público expectante de qué es lo siguiente que sucederá, y calificaron el resultado como un retrato vibrante de una USA convertida en estado policial. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de Warner Bros. Pictures Latam (@wbpictureslatam) El entusiasmo también se refleja en Rotten Tomatoes , donde la cinta debutó con una valoración sobresaliente cercana al 98 % de críticas positivas, un puntaje que la posiciona desde ya como una de las películas más aclamadas de 2025. Realmente, las críticas no han dado espacio para muchos detalles negativos, siendo como mucho un creciente miedo a que quizás, y muy quizás, podría considerarse que la cinta hace apología a los grupos guerrilleros o paramilitares de izquierda, mientras que otros hablan de una posible trivialización del conflicto. Sin embargo, y lo que importa mucho más para la mayoría de cinéfilos: la película es sólida, entretenida y definitivamente una de las grandes contendientes de la siguiente temporada de premios. Quizás no sea para todas las personas, pero vale la pena no perdérsela. También le puede interesar: ¿Quién es quién en Los 4 Fantásticos?



