En el universo del cine contemporáneo las relaciones entre actores y directores de cine suelen dejar huellas indelebles. Hay colaboraciones que marcan la carrera de un actor y redefinen el rumbo de un director, como sucede con Leonardo DiCaprio y Christopher Nolan, exactamente cuando lanzaron Origen , una película estrenada en 2010 que todavía se recuerda como una hazaña narrativa y técnica. El propio actor ha confesado en repetidas ocasiones su fascinación por esta obra, que considera una de las más exigentes y significativas de su trayectoria. Vea también: Netflix quita de su catálogo una de las mejores películas de ciencia ficción jamás realizadas en la historia
La elección de DiCaprio no se limita al afecto por un proyecto que protagonizó. En sus palabras queda claro que encontró en Origen un terreno poco común dentro del cine de gran presupuesto, una combinación de espectáculo visual y profundidad emocional que lo obligó a explorar registros interpretativos complejos. Para él, la película no fue un espacio en el que pudo experimentar una nueva forma de concebir la actuación.
La elección de DiCaprio Ese lugar privilegiado que ocupa Origen en la memoria del actor se entiende mejor cuando se observa la materia prima con que Nolan construyó su relato. La película propone un dispositivo conceptual arriesgado, mezcla acción con especulación filosófica y lleva al espectador a caminar sobre la frontera siempre inestable entre lo real y lo soñado. Al asumir el papel de Dom Cobb, DiCaprio debió representar un personaje atrapado entre su vida interior y una maquinaria de espionaje onírico que pone a prueba tanto al intérprete como al público.
Lo que hace de esta obra una favorita para el actor es esa unión entre imaginación desbordada y precisión técnica. Desde los primeros compases de la película queda claro que no se trata de un thriller convencional. Es un relato que exige atención permanente y que ofrece a los intérpretes un espacio para demostrar la solidez de su ofi [TRUNCADO]

